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En canal

Nosotros creamos a Inda

Es una cuestión de biología darwinista elemental. Los organismos no mutan por propia voluntad o por cumplir un deseo, sino que van adaptándose a los nuevos ecosistemas que surgen haciéndose un hueco en ellos para crecer y reproducirse. El cerdo moderno no apareció porque súbitamente algunos jabalíes se volvieran particularmente mansos y sucios, sino que es el fruto de una selección artificial llevada a cabo por los ganaderos para crear una especie con tales características. La rata parda, la urbana, la rata común, fue creada por las ciudades con su receta de humedad, calor, comida y espacios subterráneos. Eduardo Inda no es un periodista que de pronto y porque sí se pasa al lado oscuro, sino que es el resultado también de un nuevo ecosistema televisivo donde el matonismo, la tergiversación y la falta de respeto se seleccionan como características adaptativas de éxito. Al cerdo lo creó el ganadero. A las ratas las crearon las alcantarillas. Y a Eduardo Inda lo hemos creado nosotros: las audiencias.

Digamos las cosas claras y dejemos de culpar a la lluvia de que llueva: bajo las reglas del juego actuales de las audiencias televisivas no pueden no aparecer personajes como Eduardo Inda, y si mañana decide mudarse a un monasterio japonés para dedicar su vida al mindfulness no tardaría ni dos semanas en aparecer otro que se sentaría en su silla de La sexta noche y protagonizaría los mismos bochornosos momentos que el original protagonizó en el programa del pasado sábado. Si mañana las ratas se evaporan misteriosamente, alguna especie de cucaracha mutaría para adoptar su estilo de vida. Si los cerdos de pronto alzasen el vuelo, en dos mil o tres mil años los humanos habríamos creado una especie funcionalmente semejante a partir de las cebras, los ñuses o los armadillos bolivianos.

Sólo hay una forma de acabar con Eduardo Inda: zapear cuando aparece. Y todas las quejas por su existencia han de dirigirse contra sus espectadores y no contra él. Lo demás es insultar a las ratas y los cerdos mientras seguimos construyendo alcantarillas y pocilgas.

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