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Pobreza del periodismo

En un reportaje dedicado a la figura de Ana Patricia Botín, actual presidenta del Consejo de Administración del Banco de Santander y miembro destacado de una conocida familia de financieros cántabros, pude leer que en sus años juveniles tuvo la tentación de dedicarse al periodismo. Afortunadamente para ella, una abuela suya le quitó de la cabeza idea tan peregrina con un argumento contundente: "Esa gente se muere de hambre". La idea de que el periodismo es una profesión mal pagada no es de ahora y tiene su fundamento. Ya hace doscientos años un periodista tan famoso como Mariano José de Larra (1809- 1837) dejó escrito antes de suicidarse que "escribir en Madrid es llorar" y que "el día que no imprimimos [por no publicamos] no comemos". Una situación de penuria de la que solo se libraban los que eran ricos por casa, o tenían otras fuentes de ingresos, como se daba en el caso de otro contemporáneo de Larra y también periodista famoso como Mesonero Romanos, autor, entre otras obras, de unas muy curiosas Memorias de un setentón. De entonces acá, las cosas han evolucionado discretamente para mejor y ahora hay una nutrida élite periodística que, entre colaboraciones, libros y asistencia a tertulias de la radio o de la televisión, ha ido labrándose una posición económica algo más boyante y desahogada que aquella tan estrecha y escasa de la que se quejaba Larra. En cualquier caso, una excepción reseñable, como lo fue en su día la del periodista y escritor coruñés Wenceslao Fernández Flórez, que fue muy envidiado en su tiempo por permitirse el lujo de disponer de coche con chófer gracias a los réditos de su trabajo. Claro que no todo es pagar el talento literario (suponiendo que el periodismo sea un genero literario) al peso. También en la nómina de colaboradores figuran personajes políticos estupendamente retribuidos, tal y como acabamos de saber al enterarnos de que el expresidente de la Comunidad Autónoma de Madrid Ignacio González, actualmente encarcelado en Soto del Real tras el escándalo del caso Lezo, venía cobrando de La Razón 4.500 euros al mes por ocho artículos semanales. Por cierto, que el consejero de ese mismo periódico y exdirectivo del Canal de Isabel II, Rodríguez Sobrino, también fue enviado a prisión por el mismo caso. Mientras el juez aclara si lo que tan generosamente se retribuía era el talento literario u otras cosas, el panorama de la infantería periodística española no mejora demasiado. Según datos de organizaciones gremiales, entre 2008 y 2013 desaparecieron 285 medios y 11.157 puestos de trabajo y el último de aquellos años había 10.560 periodistas en paro. Y los sueldos tampoco son como para tirar cohetes porque muchos no pasan de 600 euros al mes y pueden darse con un canto en los dientes los que llegan a la afortunada condición de mileuristas. Informar en Madrid (y por extensión en toda España) no es exactamente llorar como apuntaba Larra pero se le asemeja bastante. Al respecto, recuerdo una frase de José Freire, armador y presidente de la patronal coruñesa. Solía venir de noche al Ideal Gallego y jugábamos a las cartas mientras esperábamos por el primer ejemplar. Pepe decía que "el periodismo es la forma más divertida de ser pobre".

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