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Habrá entrevistas

Dicen que no lo van a hacer, pero lo harán. No será hoy. No será mañana. Pero acabaremos viendo entrevistas a los miembros de La Manada en televisión. Susanna Griso y Ana Rosa Quintana ya han asegurado que no ocurrirá. Pero ocurrirá. Y varias veces. La primera no será una entrevista en plató a los cinco animales anunciada a bombo y platillo. Serán unas frases sueltas obtenidas a la entrada o salida de los juzgados de alguno de ellos, que darán para horas y horas de análisis en la telebasura. Al principio no habrá dinero por medio. Después se les entrevistará a la puerta de su casa. Será muy gradual. No van a cometer el mismo error que La noria cuando entrevistó a la madre del Cuco. Las primeras entrevistas serán muy agresivas, durísimas, para curarse en salud ante las previsibles críticas. Quizá las realicen los periodistas que menos nos imaginamos. Pero encontrarán la forma de satisfacer el afán de morbo de la mayoría minimizando la respuesta de enfado de la minoría.

La única posibilidad de que no ocurra es que el periodo en libertad de los acusados sea muy corto antes de que su condena se haga firme y vuelvan a la cárcel. Las emociones son tramposas. Nos hacen creer que van a durar para siempre, pero siempre son pasajeras, y el estado de indignación social que existe ahora es mucho más volátil de lo que nos parece. Las redes ya amenazan con boicots a las cadenas y anunciantes que participen en dichas entrevistas, pero esta reacción, como todas, no se puede mantener indefinidamente en el tiempo. La única certeza que tenemos al ver un río es que desembocará en un mar. No sabemos si cerca o lejos, las vueltas que dará hasta hacerlo o la velocidad del agua. La ley del morbo es para la televisión lo que la ley de la gravedad es para la física. La vida siempre se abre paso, pero la muerte también. Se les entrevistará. Sus aullidos arrasarán en audiencia. Alguien -seguramente no ellos- ganará dinero. Y nos habremos vuelto todos un poco más miserables.

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