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La ignorancia en medicina

Necesitamos certezas, y donde no las hay creamos una explicación para la incertidumbre. El capricho de los dioses fue durante mucho tiempo la más aceptada, la inseguridad al menos podía atribuirse a algo. Como dice Timothy Leary: "Todos los filósofos y creadores de mitos de éxito han sido capaces de convencer a los demás de que vivieran en los mundos nacidos de su pensamiento". Saberse mortal ha sido a lo largo de la historia de la especie humana una adversidad que requería explicación. Por ejemplo, en los Upanishdas lo mismo que en el Rig Veda, se dice que el cuerpo de los muertos vuelve a los elementos, los ojos al sol, el pelo a las plantas, el cabello a los árboles y la sangre y el semen a los ríos. Tras la muerte, se dice en los Shastras, otro libro sagrado hindú, de los cinco elementos que componen el hombre, cuando ha realizado malas acciones, nace otro cuerpo sólido diseñado para ser torturado. Mediante la transmigración y la reencarnación resuelven ese dilema además de establecer unas pautas de conducta para los vivos. No se diferencia del mito cristiano de la reencarnación de los muertos en una vida eterna de felicidad o dolor.

Necesitamos explicaciones para la muerte lo mismo que para el aparente capricho de la enfermedad. En el mundo occidental hemos dejado este aspecto de la incertidumbre al dominio de la ciencia. Y lo mismo que las mitologías logran explicaciones creíbles para el fenómeno de enfermar y curar, la ciencia desde una perspectiva basada en la lógica y el empirismo establece las verdades que parecen sustentadas en los mecanismos de la realidad. Pero una y otra vez, nuevas perspectivas desmienten esas explicaciones que habían sido convincentes. Es que miramos la realidad desde los presupuestos de nuestra cultura, es ella la que la organiza y explica dando a la vez la respuesta que había prefigurado: vemos lo que entendemos.

Que la ley de la gravedad de Newton no sea tal ley o no tan ley, como nos dijo Einstein hace ahora 100 años, nos importa poco aunque su descubrimiento lo utilicemos todos los días en los GPS porque si no se corrigiera la desviación, la curvatura, de la luz cuando viaja al satélite y vuelve, se perdería precisión y esa pequeño error se multiplicaría con el tiempo hasta hacerse enorme. En la ciencia médica, mucho más imprecisa que la física, ocurre demasiadas veces que lo que antes parecía una verdad incontrovertible deja de serlo cuando nueva información o la misma vista desde otra perspectiva, con diferentes anteojeras, descubre aspectos no percibidos. Entonces lo que antes era una verdad deja de serlo y en el público se produce el escepticismo.

Dos médicos, Prasad y Cifu, se han propuesto estudiar cómo y por qué se producen estos cambios y cómo acabar con ellos en un libro que titulan Ending Medical Reversal o acabar con las renuncias médicas. Consideran que hasta el 40% de lo que un estudiante de medicina aprende es posible que se descubra que no sirve para nada o es perjudicial. Hace ya muchos años que lo había advertido un estudio publicado en la revista British Medical Journal: sólo sabemos que es beneficioso el 13% de las intervenciones médicas y un puede serlo el 22%, pero ignoramos qué hace el 48%, el 8% puede ser perjudicial y en el otro 8% el balance entre riesgos y beneficios está equilibrado. Hay cosas que hacemos sin ninguna base científica, como quitar los espárragos a las pacientes con gota. Realmente la dieta influye poco, se debe preocupar más del consumo de alcohol. Otras veces actuamos impelidos por la lógica sin darle el debido crédito a la realidad. Ejemplos son la cirugía de espalda para la hernia o de rodilla para el menisco: el tratamiento conservador tiene el mismo resultado a largo plazo.

Claro, hay casos en que es más efectivo uno u otro. O dilatar la arteria coronaria y colocar un muelle para la angina: el tratamiento médico y sobre todo el ejercicio es tanto o más efectivo. Pero la lógica, la explicación que damos de la realidad, apoya estas intervenciones como lo hace para tratar las otitis con antibióticos cuando no aportan prácticamente nada. Una lógica se basa en ciertos juicios a priori. Al fin y al cabo no se diferencia del mito que explica cómo funciona el mundo, encaje que refuerza la lógica de esa cultura. De la misma forma, nos damos una explicación de cómo funciona el cuerpo humano que creemos científica, pero tiene mucho de mito. Con la fisiología describimos cómo actúa la terapia dentro de la teoría que describe el funcionamiento del cuerpo humano. Esa teoría hay que comprobarla en la práctica con un experimento. Hoy se exige para los nuevos fármacos. Pero no todas las innovaciones se someten a esa prueba y multitud de intervenciones nunca han sido evaluadas. De ahí nuestra inmensa ignorancia. Acabar con ellas será difícil tanto por lo costoso como porque mucha ignorancia es desapercibida.

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