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PUNTO DE VISTA

Mirando al otro lado

La elecciones europeas del pasado 26 de mayo han modificado radicalmente las dinámicas de poder entre los dos partidos que gobiernan Italia. El vuelco ha sido considerable. Si tras las votaciones generales de 2018 el Movimiento 5 Estrellas (M5S) alcanzó el 32% y la Liga de Salvini el 17%, ahora los valores se han invertido. Tan solo un año después, el M5S ha bajado al 17% mientras que Salvini ha superado el 34%. Como ocurre a menudo tras semejantes resultados, que premian políticas conservadoras y de mantenimiento de la seguridad, una parte ruidosa (que no por ello mayoritaria) de la población italiana ha despotricado contra los electores de Salvini, invocando al racismo, al fascismo y a cuantos más "ismos" sea posible sumar. Eso sí, esta labor de inagotable indignación carece de un análisis de por qué la Liga ha logrado un resultado tan abultado. Echarle la culpa al populismo, sin -por otra parte- tener muy claro qué es el populismo, es un ejercicio intelectualmente pobre. Tampoco vale con meter en ese mismo saco todo lo que lo políticamente correcto suele rechazar. Cometeríamos un grave error si considerásemos a los electores de la Liga (una tercera parte de los italianos que votaron) como un grupo de ignorantes racistas. Ese mismo ejercicio de descalificación moral solía hacerse hace unos años contra quienes votaban a Silvio Berlusconi. Nadie públicamente admitía votarle, sin embargo este a menudo ganaba. Cuesta más darse cuenta de que la Liga ha sacado un 45% en Lampedusa, la isla más al sur de Italia y uno de los centros más afectados por una inmigración descontrolada. También duele reconocer que Salvini ha logrado el 30% en Riace, localidad que saltó a las crónicas por el modelo de acogida y de integración de los inmigrantes llevadas a cabo por su alcalde. Antes de invocar al racismo, desde un confortable sofá en un piso de clase media en Milán, Roma o Florencia, no estaría de más entender que quienes viven a diario codo a codo con el problema de la inmigración reivindican medidas serias para controlar los flujos migratorios y favorecer la integración de los que llegan; máxime cuando ven que, a menudo, la convivencia es complicada. Por su parte, el Movimiento 5 Estrellas paga con su derrota la ausencia de propuestas más allá de la "renta de ciudadanía". Su medida estrella, que le sirvió para ganar las elecciones del año pasado y que consistía en una ayuda económica para las familias más necesitadas, ya se ha puesto en marcha y esto, aunque parezca extraño, le pasó factura al M5S. Es sabido que la expectativa de recibir un regalo hace que aumente nuestro interés hacia él. Una vez recibido, ya perdemos la ilusión y, además, sabemos que difícilmente nos lo reclamarían de vuelta. El M5S ya había jugado su única carta, la más preciada. Ya no tiene ninguna más en la manga. El partido, en los últimos tiempos, se ha empeñado en llevar una especie de oposición interna al gobierno que preside, en contra de su aliado, la Liga, obstaculizando la puesta en marcha de las obras de construcción del tren de alta velocidad (TAV), la autonomía regional y la tarifa plana del IRP del 15%. Ahora que los equilibrios de gobierno se han alterado, es probable que esta peculiar alianza haya llegado a su fin.

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