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Rubén Reja

En voz baja

Rubén Reja

Esperanza

En la calle Esperanza nadie la pierde aunque cueste mantenerla. En la calle Esperanza, como en otras muchas, llevan demasiados meses asomados a los ansiados balcones para contemplar una vida que ha dado un vuelco en pocos meses por culpa de un virus letal. En la calle Esperanza todos se preguntan en silencio qué ha pasado, qué nos ha pasado y cuándo acabará esta pesadilla. En la calle Esperanza los carteles de conciertos, ya rumientos, se agitan con un viento incómodo que, de momento, no trae aires renovados. En la calle Esperanza, curiosamente, la naturaleza viva es la única que parece abrirse paso. Ya se sabe: menos tráfico, menos contaminación y menos transeúntes, que salen a trabajar para que el tiempo pase o para que pase el tiempo. Personas que rezan a sus dioses para que la pandemia no aniquile sus puestos de trabajo como le ha sucedido a millones de españoles.

¡Qué ganas de recuperar el tiempo perdido, de recuperar esos cafés, esos abrazos sentidos, esas conversaciones encendidas o un mero saludo más allá de los ojos!

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En la calle Esperanza, por desgracia, las colas en las oficinas de empleo son cada vez más largas. En la calle Esperanza las comunicaciones se han multiplicado gracias a las nuevas tecnologías que van tan rápidas como los contagios. Mensajes llenos de incertidumbre y donde los “cómo estás”, los “te echo de menos” o los sonoros silencios tienen otro sabor. En la calle Esperanza hay demasiados negocios cerrados y con la persiana baja y oxidadas. Bares, comercios y hoteles que languidecen y donde se quedaron charlas a medias que tardarán en volver. En la calle Esperanza el sentir en cada portal es el mismo y la desafección hacia la ineptitud y la inacción de los políticos crece como la basura y la mierda que algunos animales de dos patas dejan por las aceras del barrio. ¡Qué ganas de recuperar el tiempo perdido, de recuperar esos cafés, esos abrazos sentidos, esas conversaciones encendidas o un mero saludo, más allá de los ojos! Todo eso volverá, seguro que volverá. De momento, elijo Esperanza, por lo que pueda pasar.

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