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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Disparate y lucidez

Jorge Buxadé, profeta de Vox, abogado del Estado, cabeza absolutamente rasurada como una bombilla led, acaba de pedir el “bloqueo naval” de Canarias para acabar con las pateras que llegan a la costa insular. No es una idea nueva, con la crisis de 2006 la derecha también coqueteo con desempolvar los buques de la Armada y encomendarles el apresamiento de pateras. Y ahora que se habla de negociar una redistribución de migrantes por tierras peninsulares, recordar que también la derecha de aquel tiempo (“el puente de plata”) realizó una redada en la noche porteña de la capital y metió en un avión a un buen número de irregulares que acabaron caminando por las cunetas de autovías desorientados. Buxadé va más allá: una vez que las pateras sean conminadas a darse la vuelta, lo ideal es que lo migrantes desembarquen en “plataformas” de recepción para devolverlos a sus domicilios. La vomitona xenófoba de Vox va en paralelo con otras que circulan en la Unión Europea y que tienen bloqueado un gran acuerdo para la redistribución de los migrantes por el sistema de cuotas. Resulta evidente que el gobierno de la nación está desbordado frente a un binomio novedoso y poderoso: pandemia y migración. Frente a ello, Canarias, o más bien Gran Canaria, responde con un guirigay de voces personales, cuando realmente lo necesario es una posición común de todas las instituciones para evitar que el fenómeno migratorio afecte al delicado equilibrio social y económico de las Islas. Aquí no hace falta una Juana de Arco ni tampoco el sermón del fin de semana, ni tampoco un presidente del Ejecutivo contra Madrid. Ni tampoco, claro está, ideas sulfurosas como la del señor Buxadé, dedicadas a estimular la violencia y el conflicto, siempre al acecho populista para aprovecharse de situaciones espesas donde se echa de menos la lucidez. Lo que hace falta, primero, es la solidaridad territorial de los isleños, dado que resulta patético lanzar soflamas contra Madrid en favor de una solidaridad peninsular, pero aquí nada de nada. Pero también imprescindible como herramienta para hacerse valer no sólo ante Moncloa, sino también ante la UE, que es a fin de cuentas el organismo supranacional que dispone del dinero suficiente para calmar el drama humano que se vive en África. Canarias no necesita un Mpaiac (2), sino políticos capaces de crearle un problema a España y a Estrasburgo: respeto a los derechos humanos, y firmeza para que se cumplan.

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