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Javier Cuervo

ARTÍCULOS DE BROMA

Javier Cuervo

La Navidad del jamón

Esta Navidad arrecian el espectáculo de Raphael, el discurso del Rey y la presencia del jamón. Los dos primeros, por la audiencia; el tercero, por la degustación. El espectáculo de Raphael porque llenó de público hasta donde permite la restricción y eso hizo preguntarse “¿la cultura es segura?” y “¿es cultura seguro?”. El discurso del rey porque este año en lugar de ver que decía se quería oírle decir algo. La presencia del jamón porque ocupa más espacio mediático.

Hay un regreso aspiracional del jamón, un Cuéntame del pernil del cerdo, que en fama y deseo vuelve como a los tiempos de los tebeos de editorial Bruguera y de las películas de Tony Leblanc. Entonces se estilaba como forma de cortesía, agradecimiento y soborno la cesta de Navidad donde el cerdo asomaba la patita en las mejores. Ahora el jamón viene sin cesta y lo mismo lo reparte Pablo Motos en El Hormiguero que lo regala la alcaldesa de Parauta (Málaga) a sus 250 vecinos a cambio de evitar la iluminación navideña para que se queden en casa comiendo en lugar de ir hacia la luz desde la larga noche de la pandemia.

Al tiempo, aún resuena la noticia trabalenguas del jamón que, en puja en Japón, logró millón y medio de yenes (12.000 euros) que llevaron al Guinnes el precio de 10 kilos de carne de un ibérico de Huelva, dieta todo bellota, régimen de libertad y 5 años de maduración natural. La subasta millonaria refuerza esa percepción del pernil como obra de arte, como música cárnica de la viola del jamón, en la que coincide la gente en las catas porque es más sensible a la pata de cerdo que a la mano de artista.

Como con tantas cosas, los españoles podemos ser muy pesados también con este magnífico producto y de ahí ese patriotismo jamonero que recoge la dieta del cristiano viejo y la sublima hasta considerar el país una unidad de destino ante un plato de 5 jotas. Hay un jamonismo rampante que, al ser mediático, se hace notar tanto donde está presente como donde está ausente, donde está en el cielo del paladar y donde está en el purgatorio de las ganas.

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