Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ángel Tristán Pimienta

Apuntes

Ángel Tristán Pimienta

Periodista

Mascarillas para rato: habrá más pandemias

Mercadillo de los jueves en Ortigueira (A Coruña). Mediado julio del año pasado. Las lonas y tableros llenan, como cada semana, la amplia Alameda llena de plátanos de indias. El espacio de las terrazas lo ocupan por una mañana, de 8 a 15.00 horas los puesteros transhumantes que ofrecen los más variados productos: mucha ropa, cacharros diversos, útiles para la agricultura, zapatos, frutas, verduras, unos churros exquisitos…

Cientos de vecinos, del mismo casco de la Villa o de las parroquias y lugares llenan el recinto. Un puesto llama especialmente la atención este día. En una cuerda sostenida en la armadura metálica del toldo cuelgan por este orden, y de izquierda a derecha, sujetadores de señoras, bragas… y mascarillas. Las hay de variados modelos, de colores lisos o estampados. Una mujer mayor, como de ochenta y tantos, los recorre con la vista, muy interesada, acompañada de su hija, ya cuarentona, o más.

Entonces se produce este diálogo:

-Anda mamá, elige ya…

-Neniña, ya tengo una…¿Para qué quiero más?

La vendedora, una gitana que no pierde detalle mientras grita al aire ofreciendo su mercancía a los mirones, interviene:

-Señora, vamos a ver…¿Usted sólo tiene unas bragas?.

-No, por dios, tengo una docena, o más…¿verdad hija?.

La hija asiente sonriendo.

-Pues lo mismo pasa con las bragas, porque esto va a durar… Le conviene tener unas cuantas. Estas son buenas, y se las vendo baratitas.

Convencida con el ejemplo compró tres.

La gitana tenía razón. Hace unos días, el 17 de este Abril, en su sede de Ginebra la Organización Mundial de la Salud recordó “en el contexto de la pandemia de Covid19 que un 70% de los virus son zoonóticos”, o sea, que pasan al hombre a través de los animales, “por lo que para prevenir nuevas epidemias debería prohibirse la venta de carne de animales salvajes y mejorar la higiene de los mercados”.

Por su parte el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus aconsejaba a los gobiernos que deberían imponer “estrictas prohibiciones a la venta y comercio de vida salvaje como alimento”.

Esto también se aconsejaba hace más de una década, cuando la famosa ‘gripe A’. Y en realidad en varias ocasiones se advertía que iba a venir el lobo. Hasta que vino, en forma, al parecer, de un murciélago en Wuhan (China). Bill Gates, el mayor filántropo del mundo, no para de advertirlo. Hay que estar preparados, dice. Él fue uno de los que anunciaron el estallido de este coronavirus cuya enfermedad se ha nombrado Covid19.

Aquí, en este punto, el ejército de inspectores de Sanidad, unos ciento cincuenta en Canarias, tendrá que estar permanentemente movilizado. Constituyen, es su oficio, la primera barrera.

Hay otras razones para que las organizaciones, instituciones, empresas y personas guarden estos protectores de las vías respiratorias, murallas de tela contra virus y bacterias o ácaros que nos acechan. Los casos de gripe estacional han descendido a mínimos históricos; también los catarros y puede que los episodios asmáticos. Dos médicos de atención primaria comentaban en la mesa de al lado de la mía en la terraza del Mallow en Santa Brígida, recién salidos del mercadillo, esta circunstancia. “Hombre, yo no digo que todo tenga que seguir igual, dijo uno de ellos, pero en muchos sitios, como en las consultas, en los hospitales, en las tiendas de alimentación… son muy aconsejables”.

Los cientos de virólogos, epidemiólogos y otros especialistas, incluido algún ‘enterado de la caja del agua’, que ‘animan’ las tertulias en las teles están básicamente de acuerdo. Habrá nuevas epidemias y pandemias, aunque es difícil pronosticar ‘exactamente’ dónde y cuándo. Claro que asimismo habrá negacionistas, que es una manera muy accesible para que los mediocres y los descerebrados condenados a lo gris se hagan famosos por un día, aunque pasen a la historia como idiotas.

Millones de personas susurran o gritan todos los días cuán hartas están de todo esto. De ese sentimiento se ha aprovechado Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, con su propaganda electoral basada en la palabra ‘libertad’. Pero ya advertía madame Roland de la Platiere, fiel revolucionaria de la primera hora pero crítica con el período del Terror, con la cabeza metida ya en el cepo de la guillotina, el 8 de noviembre de 1793: “¡Oh libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. RIP. Pues imaginen ustedes cuantas sandeces se dicen. Cuántos engaños. Cuántas intoxicaciones en la clásica confrontación entre libertad y libertinaje, aunque en este mundo tan tiquismiquis y cursi esto sea políticamente incorrecto decirlo.

Es lógico querer volver a la vida normal. Pero mucho me temo que la ‘nueva normalidad’ incluirá las lecciones aprendidas desde marzo del 2020. Muchas medidas de precaución han venido para quedarse. Es muy probable que determinadas actividades (servicios médicos y hospitalarios, educación, hoteles, restaurantes, espectáculos o actividades multitudinarias… ) tengan que ir adoptando un catálogo ampliado de prevención y protección de la salud. Y en cuanto al teletrabajo habrá que ir discriminando entre lo que es trabajo y lo que es escaqueo desvergonzado.

La economía española, desde las actividades de empresa a la función pública, incluidas las universidades, siguen teniendo el reto y la obligación moral de ser más eficientes y productivas. Menos guarida de gandules. El teletrabajo no se puede convertir en tele-escaqueo.

A ver si ahora lo conseguimos aunque no seamos luteranos.

Compartir el artículo

stats