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Humberto Hernández

Observatorio

Humberto Hernández

…Nosotros, vosotros y ellos

En este orden recitábamos la secuencia de pronombres personales con sus correspondientes conjugaciones verbales: yo canto, tú cantas, él canta, nosotros cantamos, vosotros cantáis, ellos cantan. Del mismo modo repetíamos la retahíla de las preposiciones: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en… Pero nadie nos explicaba que ese pronombre vosotros, plural de tú, era propio de otra modalidad dialectal ni que la preposición cabe, que significaba ‘junto a’, ‘cerca de’ (“El palomar estaba cabe la puerta”) era arcaica y no se utilizaba en el español de hoy. Y las razones tienen mucho que ver con las referencias de estos repetidos pronombres: los que hablan (primera persona), a quiénes se dirige quien habla (segunda persona) y de quiénes se habla (tercera persona).

NOSOTROS (1.ª persona). Y es que nosotros, los que hablamos por estas latitudes, no teníamos plena conciencia de nuestra realidad lingüística, de que éramos usuarios de un dialecto del español con características propias, como el seseo (inexistencia del fonema interdental fricativo sordo) y la ausencia de la oposición vosotros / ustedes. Ignorábamos que el español de Canarias era una modalidad más de las que integran ―y enriquecen― la lengua española y creíamos, nosotros,―así nos lo habían hecho creer― que nuestro dialecto era el resultado espurio de la corrupta evolución del español septentrional o castellano: “el seseo es un vicio de dicción”, decían las gramáticas y los diccionarios; las guaguas son en buen español autobuses, y a las papas hay que denominarlas patatas, aún a costa de renunciar a su legítima y primigenia forma andina. Afirmaciones que aceptábamos sin rechistar, pues contaban con el refrendo del libro de texto y, con mucha frecuencia, con la indiscutible autoridad del propio profesor.

VOSOTROS (2.ª persona) es el plural de tú en zonas del español peninsular: usado por apenas un 5 % de los hispanohablantes, pues en el resto del español, Canarias e Hispanoamérica, sobre todo, su campo de significación es cubierto por un único pronombre ustedes, plural de tú y de usted. Al no utilizarse el vosotros en estas amplias áreas del español, desaparece la forma os, pues ustedes exige, además del verbo en tercera persona (ustedes cantan), los pronombres se, le, los, las: “Ya os vais” → “Ya se van”. Un sistema pronominal, el nuestro, más sencillo y más estable que, usado con la naturalidad con la que lo habíamos hecho hasta ahora, no da lugar a los graves errores de concordancia que se vienen observando: *”Vosotros cantan”, *”Ustedes cantáis”. Recientemente la Real Academia Española ha tenido que mediar para “autorizar” usos considerados anómalos o, por lo menos problemáticos para una norma prescriptiva como es la académica: ¿Iros de aquí? o ¿Idos de aquí?, y, la solución, salomónica, pues la docta institución debe contentar a todos los hablantes septentrionales, es que ambas formas son correctas. Grave problema normativo que solo afecta, como hemos visto, a un ínfimo porcentaje de hablantes: “Váyanse de aquí”, diríamos sin ningún tipo de vacilación los hablantes canarios y los hispanoamericanos.

“Sin ningún tipo de vacilación”, he dicho, y no es cierto, pues recientemente se nos está introduciendo un desestabilizador pronombre vosotros que poco tiene que ver con el que utilizan hablantes mayores y de zonas rurales de la isla de La Gomera, La Palma y de algunos municipios de medianías de Tenerife. Este nuevo vosotros obedece a razones de índole sociolingüística que se relacionan con el superior prestigio que, para muchos, posee la modalidad del español septentrional, que nos llega a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. Así, en tiempo no muy lejano, mi entrañable colega canario hubiera felicitado por wasap a todos los Juanes del grupo con el mensaje “Muchas felicidades para los que hoy celebran su santo”, sin embargo, esta vez lo hizo de la siguiente manera: “Muchas felicidades para quienes hoy celebráis vuestra onomástica”.

Nada que objetar a quienes prefieren hacer uso de esta opción propia del español castellano por considerarla más elegante (¿?), o con mayor posibilidad de discriminación entre el tratamiento de confianza (vosotros) y el de cortesía (ustedes) en las formas de plural; pero el caso es que lo que se observa es un total y caótico desorden que es conveniente atajar: uso del vosotros como forma solemne (muchos creen que es tratamiento de cortesía) o mezcla indiscriminada de las formas que se corresponden con uno u otro pronombres. Ejemplos podría ofrecer muchos, como el de la invitación, muy formal, que envía un profesional de alto nivel y que empieza así: “Queridos amigos, os informo que…”, pero se despide con un “Están todos ustedes invitados”. En esta otra, en un texto de un importante cargo de una consejería leemos lo siguiente: “ponemos a vuestra disposición estas herramientas que nos permitirá participar…”, pero termina con “Les damos la bienvenida y les animamos…”. Mezcla de “os” con “ustedes”, de “vuestra” con “les”.

Una entidad bancaria “fuertemente vinculada al territorio canario” (así reza en documentos promocionales) ofrece un seguro del hogar con el siguiente eslogan: “Con un gran seguro en casa, ¡Qué tranquilo se os ve!”. En otra se hace una llamada a los autónomos con atractivas ventajas financieras: “Valientes, os necesitamos”. Y yo, de verdad, no me he sentido aludido.

El uso de este intruso vosotros con todos los cambios que acarrea (presencia de os y de vuestro, desinencias verbales de segunda persona [-áis, -ís, -éis]) empieza a tener cierta extensión y es perfectamente reconocible, por lo que se le ha bautizado con el nombre de “vosotrismo” (“vosotreo”, propondría yo) por algunos observadores preocupados por la defensa y el buen uso de nuestro español atlántico (http://www.tamaimos.com/wiki/vosotrismo/).

ELLOS (3.ª persona).Y, si esto ocurre con emisores a los que se les supone cierta competencia, qué vamos a esperar de ellos, pues, aunque les hable a ustedes (no a vosotros) de este fenómeno lingüístico, es porque en realidad más deben preocuparnos ellos y ellas: las jóvenes generaciones que van a ser las responsables en el futuro de mantener la unidad del idioma y respetar y promover la rica variedad de nuestro dialecto; del nuestro y de los demás, en cada caso. Procede seguir luchando por una política panhispánica real (con minúscula), que no privilegie ninguna norma lingüística sobre otra, y esta situación aún no se habrá conseguido en nuestro ámbito hasta tanto no se haga efectivo el compromiso institucional de defender, promover y estudiar nuestra modalidad lingüística regional (art. 37.7 del Estatuto de Autonomía) con todos los medios y recursos necesarios. Habrá que hacerlo desde la escuela, con una formación lingüística excelente de nuestro profesorado, con materiales adecuados a nuestra realidad, y desde los medios de comunicación, que habrán de ser conscientes, también, de su enorme responsabilidad lingüística. Todo ello con el apoyo y asesoramiento, si se requiriese, de la Academia Canaria de la Lengua

De no ser así, es probable que retrocedamos a épocas pretéritas y, cuando ya la Real Academia hace gala de un nuevo lema, “Unidad en la diversidad”, volvamos a la vieja idea imperialista de un único castellano prototípico y nos creen una “Oficina del Español” que nos adiestre en la pronunciación de un sonido interdental fricativo /z/, que nos enseña a pronunciar la /ch/ como Dios manda y que nos dejemos de pamplinas con eso de que nuestro sistema pronominal es más estable y más sencillo que el del español septentrional. A ver si lo evitamos.

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