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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La rienda suelta

Con agosto no termina el verano pero para algunos ya está concluido. Es un mes demasiado largo o demasiado corto. En él la rienda suelta se produce en su formato más extremo. El abandono, en su más puro estilo. En portugués hay una expresión, abandalhar, que describe mejor que ninguna otra esta especie de encanallamiento veraniego alrededor de la playa que es el núcleo del ecosistema por estas fechas. La playa parece mitigarlo todo, empezando por el mismísimo covid. De hecho es el único espacio donde nadie parece tener miedo al contagio. La misma concentración de prójimos en la arena renuncia a la mascarilla, poco importa la distancia, mientras que unos metros más allá en el paseo marítimo todo quisque, sin apenas excepción, decide protegerse con ella. Es como si la amenaza del virus no existiese en los arenales. ¿Nos metemos en el agua? Pues, bueno.

No hay manera de explicar o defender el descuido que en agosto se manifiesta de modo absolutamente decidido. Tampoco se razona con este tipo de cosas que consisten precisamente en dejarse llevar o arrastrar. Esforzarse en razonarlo sería en sí mismo un trabajo, y agosto es el mes de la pereza, de la rienda suelta o del bandalho, que dirían nuestros hermanos portugueses. A veces consiste en una fuga. Otras, en una ausencia. Esto último quizá menos, porque en realidad uno no se libra de los compromisos que se siguen adquiriendo. Los largos meses de encierro nos han empujado a planificar encuentros. Por eso, cuando llegado el fin del verano esta agenda se diluye, existe eso que llaman depresión posvacacional.

El otoño, que a mi gusto es irresistible, no tiene en cambio tan buena prensa como la estación de los primos en pantalón corto. Septiembre está aquí y también es verano. Aunque el sol desaparecerá sin decir nada, de igual modo que la luna se muestra callada cuando asoma.

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