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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Cortado con ‘certificado covid’

Sin excitación ni pesar ayer me tomé el primer cortado con certificado covid sin galletita -la pecaminosa muestra que nos ponen en el plato- y con azúcar morena. Me pareció el mismo de siempre, ni más amargo ni más dulce. Para ser sincero, la verdad es que tuve un leve sobresalto al ver que la dependienta me solicitaba la documentación, casi como un agente del orden en épocas pretéritas. Pero uno se adapta a todo, de algo me debe servir que esté leyendo por segunda vez -subrayandolo- El infinito en un junco de Irene Vallejo, que nos lleva de una época a otra con sedación extra. Aquí pasa lo mismo: dando saltos entre la jungla de las restricciones. Vuelvo al momento cafetería y a esta nueva situación por la que uno está obligado a mostrar su identidad, a no ser que pida vaso de cartón y se tomé el cortado junto a un semáforo. La joven me requiere con timidez apocada el salvoconducto. Desenfundo el móvil y busco entre toda la porquería digital la demostración de que me he metido entre pecho y espalda dos vacunas, y le añado -verbalmente- que mañana tengo la tercera, que espero -indico- sea AstraZeneca, como las dos primeras, para evitar dolencias. A ella nunca le pasó por la cabeza, que, aparte de servir infusiones y café, iba a tener que soportar diariamente una información plus sobre el devenir por las sendas del covid de la clientela. «Disculpe, pero hay que solicitarlo para estar en el interior», afirma con temor. Ya con el certificado, le pongo la pantalla lo más cerca posible para que escudriñe en los datos personales. Con la otra mano saco de la cartera el DNI para que constate que soy la persona que aparece en el documento. «No hace falta, no puedo ponerme a hacer ese trabajo, no daría abasto», señala un tanto nerviosa por el trabajo parapolicial que se le ha venido encima de la noche a la mañana. Frente a su malestar, la felicidad del documentado, que se va a tomar un café que sabe igual pero que está rodeado del aura de esas ciudades en las que tienes que decir siempre quién eres tras llegar a un puesto fronterizo.

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