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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Las perritas son nuestras

No está bien visto preguntar. Preguntar se ha convertido en una actividad sospechosa. Quien pregunta es que tiene dudas y el que tiene dudas es un facha o un rojo, un desquiciado o un lerdo.

Preguntar era anteriormente un síntoma de inteligencia o, como mínimo, de punzante curiosidad. Ahora es una ordinariez y se suele entender como un ataque indebido. Así que preguntar al Gobierno de Canarias –por ejemplo – qué tal va lo de la modernización de las islas seguro que es mal recibido. Luego está la referencia automática al covid. Qué bien estaríamos ahora sin covid, suele insinuarse desde el Gobierno canario. Pedro Sánchez, no obstante, no piensa lo mismo. El presidente afirmó hace unos días que la pandemia incluso había contribuido a acelerar la transformación progresista del país. Es una lástima que más de 100.000 muertos no puedan consolarse con haber servido de munición agónica para el despertar de la patria en el siglo XXI.

Las peores preguntas son las que se dirigen, como es obvio, a los silencios sobre la transformación de la economía española y el aumento de la cohesión social que habrían de potenciar los fondos europeos extraordinarios. En agosto pasado llegaron a España los primeros 19.000 millones de euros, el 27% del total de transferencias que recibirá el país, de los que hasta principios de año se habían ejecutado menos de la décima parte. A las comunidades autónomas se les ha entregado más de 7.250 millones para conseguir los objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia, entre otros, desarrollar la normativa de residuos, corregir tendidos eléctricos, renovar edificios, mejorar los servicios de saneamiento y depuración de aguas, impulsar la movilidad eléctrica, modernizar (sic) la Formación Profesional, reforzar la economía de los cuidados, reducir la brecha digital y mejorar los equipos de alta tecnología sanitaria. El impacto de este pastón en Canarias es hoy por hoy casi inapreciable. Un ejemplo: el Gobierno central aprobó en octubre una consignación de 52,8 millones de euros que se deben invertir en programas para la rehabilitación de viviendas y edificios públicos y la construcción de viviendas energéticamente eficientes, así como a la rehabilitación residencial en entornos urbanos. Cabe imaginar que los programas ejecutivos aún se están diseñando; mientras tanto las cifras del mamá comunitario llenan los titulares con un triunfalismo ligeramente repugnante. Porque el ciudadano de Las Palmas de Gran Canaria – por poner otro ejemplo-- lo que se encuentra en una ciudad patas arriba desde hace años con obras que se eternizan, una desidia convertida en artesanía municipal y pintoresquismos como el socavón en la Avenida Marítima que se rodea con unas mallas y que salga el sol (y el viandante) por donde pueda. El desempleo supera el 22% de la población activa y la vivienda y los alquileres no han dejado de incrementarse en el municipio en los últimos años. ¿Cuándo se invertirán esos 52,8 millones? ¿Con qué prioridades y en qué distritos y cómo se conectarán esos proyectos con la planificación de las obras prevista en la capital? Silencio. Una silencio triunfalista, autosatisfecho, impresentable.

Desde un primer momento los fondos del Mecanismo de Recuperación de la UE se entendieron, desde el Gobierno central, como una herramienta política y propagandística. Nada de un gran acuerdo nacional en las Cortes. Después de un año ni siquiera se ha tramitado como proyecto de ley el decreto ley por el que fue aprobada la regulación de la gestión de los fondos europeos. Todos los grupos parlamentarios (incluidos PP y Vox) votaron a favor del decreto ley con la condición de que de inmediato se debatiera y aprobara como proyecto legislativo para introducir enmiendas. Pero PSOE y UP lo han bloqueado desde la Mesa del Congreso de los Diputados: no tolerarán ni cogobernanza real con las autonomías ni entidades técnicas de fiscalización y seguimiento de inversiones y gastos. Las perras son suyas. Aunque las administraciones revienten de empacho.

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