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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Pilar Garcés

El desliz

Pilar Garcés

Las kellys y las camas que suben

Cabe preguntarse si los muebles ergonómicos que se van a subvencionar en los hoteles aliviarán a las camareras de piso, un gremio cuyo mal endémico, la externalización, no resuelve la reforma laboral de Sánchez.

Necesito que me expliquen mejor hasta qué punto va a ser útil la ley que obligará a los hoteles a poner camas elevables para que las camareras de piso, las kellys, no se tengan que agachar tanto. Un par de gráficos y algún estudio que demuestre que las auxiliares de enfermería de los hospitales no sufren ningún dolor crónico ni estrés laboral porque asean piltras motorizadas. El dispendio de cambiar 300.000 lechos en Balears va a requerir la inversión de los fondos que Europa nos traslada para salir de la pandemia. Con la experiencia de otros dineros presuntamente transformadores de la sociedad, como los recaudados por la ecotasa, que han acabado en fines peregrinos, bueno sería asegurarnos de que dicha iniciativa redecorativa servirá para algo más que para alegrarle la vida a los vendedores de muebles de última generación. Y a los hoteleros, claro, destinatarios del millonario plan renove que irá fluyendo desde los cinco a los cuatro estrellas en un plazo de seis años.

Mi experiencia personal con las camas mecánicas se reduce a la que compramos cuando mi padre enfermó, un armatoste útil pero nada fácil de vestir y desvestir, y bastante feo, pero qué sé yo de interiorismo. Ignoro si la nueva ley balear obligará también a los turistas a dejar las toallas usadas dobladas encima de una silla, y no tiradas en el suelo para que las trabajadoras eviten doblar el espinazo, si exigirá que el minibar también se ponga en alto, para facilitar su reposición, o si se colocará sobre un pedestal la taza del váter a beneficio de las lumbares de quien lo higieniza. Una decisión arriesgada lo de las camas, cuando las grandes cadenas han empezado a eliminar la limpieza diaria de las habitaciones para abaratar costes y reducir plantillas.

Por lo que he leído sobre las reivindicaciones del castigado gremio de las limpiadoras de hotel, les pagan muy poco y las dejan a menudo fuera del convenio de hostelería cuando son subcontratadas, anomalía que según denuncia su sindicato no resuelve la nueva reforma laboral del Gobierno de Pedro Sánchez. Cuando en enero de 2019 se presentaron las líneas maestras del macroestudio que sobre las kellys encargó el Govern (1,27 millones de euros cuesta, casi 900.000 procedentes de la ecotasa) del que no se han conocido conclusiones, se apuntó a que sus reclamaciones principales eran sueldos mejores y el reconocimiento de sus enfermedades laborales, algo en lo que no se ha avanzado. Dicen que en los últimos años les han redoblado la carga de trabajo. No sé si será una gran noticia para ellas que en lugar de veinticinco camas normales en un día tengan que arreglar el mismo número de lechos con mando a distancia. Reclaman derechos laborales, una cosa que ya está inventada pero que no todo el mundo disfruta: protección de su salud, jubilaciones anticipadas y conciliación familiar. A ver si por ponerles colchones elevables les van a añadir un par de habitaciones a la ronda diaria.

La frontera difusa entre la iniciativa pionera y la ocurrencia para eludir la raíz de problema, la injusticia social. Ahí estamos cuando los desafíos son importantes y los problemas serios. Camas que suben, sueldos que no suben, o que incluso bajan, jornadas que suben sin parar y encuestas que tenemos que ayudar a subir.

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