Opinión | Entender + con la Historia

Antes de 1992,1888 y 1929

Estos días todo el mundo se acuerda de los Juegos de 1992. Al ser un hecho histórico, no podíamos ser menos. Eso sí, en vez de fijarnos en lo que pasó, vamos un poco más atrás, para entender cómo funciona Barcelona.

Hace 30 años Barcelona fue la capital del mundo. En una época en la que no había redes sociales ni internet y todavía no habíamos aprendido el significado de la palabra globalización, la inauguración de los Juegos Olímpicos era un evento de alcance mundial retransmitido a través de la televisión por los cinco continentes. Estos días todo el mundo evoca ese momento que para los que lo vivimos dejó una huella imborrable. Pero, más allá de la nostalgia, a nadie se le escapa que la capital catalana experimentó una transformación radical que marcaría la entrada en el siglo XXI. Ahora bien, dado que el presente es egocéntrico, parece que lo que hemos vivido las generaciones actuales sea un fenómeno único, pero no es cierto. Y lo que ocurrió en 1992 no es una excepción.

Barcelona se ha caracterizado siempre por tener una vitalidad social extraordinaria y esto se ha traducido en momentos esplendorosos. El problema es que no ha tenido el poder político a su servicio para darle un mayor impulso. El hecho de no ser capital de un Estado, como es el caso de Madrid, París o Londres, ha hecho necesario buscar excusas en los momentos cruciales para que la ciudad diera un salto adelante. Como aquí no hay reyes ni presidentes de república que quieran dejar huella, la sociedad civil se las ha tenido que ingeniar para convencer al poder político de turno para que les echara una mano. Y es observando el pasado con esta visión de mirada larga en la que, junto a los JJOO de 1992, hay que tener en cuenta las Exposiciones de 1888 y 1929.

La primera muestra sirvió para desenmarañar y urbanizar una zona que estaba empantanada desde los años del Sexenio Democrático. Cuando en 1868 hubo el pronunciamiento militar progresista que ahuyentó a Isabel II, Barcelona lo aprovechó para conseguir la cesión de la Ciutadella, la fortaleza construida por Felipe V después de 1714 para vigilar a los habitantes de la capital catalana. El Gobierno español del Sexenio cedió oficialmente aquella fortaleza obsoleta a la ciudad en diciembre de 1869 y enseguida se echó abajo. El problema era qué hacer con ese nuevo espacio y durante años quedó en el limbo, hasta que se eligió ese espacio para acoger la Exposición de 1888. Aquello hizo posible la culminación de la urbanización del área del parque de la Ciutadella y los actuales paseos de Lluís Companys y de Sant Joan, dos vías que completaban el proyecto de Eixample de Cerdà y permitían conectar con las afueras de la Vila de Gràcia y la zona llamada Camp d’en Grassot.

Desde ese momento y hasta los años de la Primera Guerra Mundial, la ciudad tuvo espacio suficiente para crecer e ir poblando la cuadrícula, sobre todo gracias a las inversiones de algunas familias burguesas que habían hecho fortuna en América y dedicaban sus ganancias a promociones inmobiliarias. Y además lo hicieron con buen gusto, gracias a arquitectos modernistas de primera fila.

En la segunda década del siglo XX, Barcelona era una ciudad cosmopolita gracias al puerto que conectaba con América y al tren que llevaba a Francia. Pero necesitaba otro gran evento para consolidarse y, sobre todo, modernizarse. Por eso se puso en marcha la muestra de 1929. Entonces no había nada más avanzado que la electricidad y esa es la razón de por qué la luz artificial fue la gran protagonista del recinto ferial, como se puede apreciar aún ahora por las noches, con los focos detrás del MNAC y la Font Màgica de Montjuïc. Además, con la excusa de los pabellones feriales, Barcelona se dotó de unas instalaciones en un espacio olvidado que convirtieron la ciudad en un referente del negocio de ferias y congresos.

En realidad, la Barcelona de los años 20 era más ambiciosa y ya tenía entre ceja y ceja organizar unos Juegos Olímpicos. Con este objetivo, en el recinto expositivo se construyó un estadio y se invitó a Pierre de Coubertain y al resto del Comité Olímpico Internacional a visitar la ciudad. La idea era optar a los JJOO de 1936, pero el COI escogió Berlín. Barcelona tuvo que esperar a 1992 para hacer realidad su sueño y, de paso, volver a actualizar la ciudad. Veremos qué se les ocurre a las próximas generaciones para dar otro paso de gigante.

Guerra Civil

La frustrada Olimpiada Popular

La elección de la sede de 1936 se realizó en 1931, cuando acababa de proclamarse la Segunda República. Ante la incertidumbre política, el COI prefirió a Berlín, una ciudad considerada más estable; pero en 1933 Hitler llegó al poder y convirtió los Juegos en una exaltación nazi. Barcelona intentó organizar una alternativa Olimpiada Popular, pero la Guerra Civil lo impidió.

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