Opinión | Reseteando

Balde y fregona: «¡Limpia puta!»

Balde y fregona: «¡Limpia puta!»

Balde y fregona: «¡Limpia puta!»

No estaría de sobra que algún representante de los centros educativos implicados, un portavoz del ESPAL o un munícipe de Santa Lucía, no todos a la vez, saliese a pedir disculpas al grupo de teatro de Vigo A panadaría. Las integrantes del mismo denunciaron que el pasado día 19, en el teatro Víctor Jara, fueron objeto de insultos machistas por parte de alumnos que asistieron a la función As que limpan (Las que limpian). A unos pendejos que se ocultaban entre la masa asistente, unos 600, les resbaló la crítica contra la explotación de las camareras de habitación de los hoteles, nuestras Kellys del Sur y hasta madres de muchos de ellos. En la oscuridad se les infló el pecho y hasta les gritaron a las actrices «¡Limpia, puta!» en el momento del balde y la fregona. Es de lamentar que tal fechoría se produzca en el contexto de un evento que defiende la dignidad de las personas y que tiene por principio la solidaridad de los pueblos. Una ética que le ha hecho ganar un prestigio incalculable en el circuito nacional e internacional, razón máxima para que sus organizadores salgan a la palestra para desligarse de la ferocidad de estos alumnos. Meter la cabeza debajo del sobaco no es la mejor solución: la condena de los hechos, un ataque a los derechos, explicitará aún más el grave problema de la normalización del machismo entre los adolescentes. Según el relato de A panadeira, recogido en la edición impresa y digital de este periódico, no eran todos los que estaban en la sala, pero los belicosos berrearon durante los noventa minutos que duró la obra. Desconozco si algún controlador del teatro o acompañante del estamento profesoral llamó al orden a los energúmenos que insultaban a las actrices en el escenario. O bien consideraron que no era para tanto, o que la reacción de los implicados quedaba muy bien integrada en la propia obra conformando un gran feedback. Sería asombroso que lo sucedido no tuviese repercusión disciplinaria, y que estos búfalos con boca chola se encontrasen en sus pupitres sin asumir ninguna responsabilidad. Hasta me lo creo.