Opinión | Memorias de agosto

La piel de un radical

Las ideas de Durão debieron ser poco convincentes porque en los años ochenta dejó la revolución de la izquierda proletaria en el cuarto trastero para abrazar a la derecha pura y dura

Lisboa se llenó los primeros días de agosto de centenares de miles de jóvenes católicos para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud con la presencia del papa Francisco. Entre los múltiples invitados en el acto principal me pareció distinguir en la pantalla del televisor al ex primer ministro portugués y expresidente de la Comisión Europea José Manuel Durão Barroso. Es curiosa la trayectoria de este personaje, que en la actualidad preside Goldman Sachs International. Durão era un activo agitador en los años setenta cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Lisboa, donde llegó a ser el responsable del maoísta Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado (MRPP). Eran los tiempos felices de la Revolución de los Claveles, cuando los grupúsculos de la extrema izquierda pugnaban entre sí por ser más radicales que el otro. Como muestra de aquel infantilismo pueden servir los exabruptos de los dirigentes del MRPP contra socialistas y comunistas, a los que llamaban «social-fascistas». Más o menos como ocurrió en la España de la transición política. Las ideas de Durão debieron ser poco convincentes porque en los años ochenta dejó la revolución de la izquierda proletaria en el cuarto trastero para abrazar a la derecha pura y dura. La última vez que acudió a los comicios fue votado por el 40% de los portugueses y resultó elegido primer ministro; en cambio, el MRPP obtuvo el 0,6% de los votos y no consiguió escaños. Y de aquí, a la presidencia de la Comisión Europea. Recuerdo que una noche de abril de 1976, durante la campaña de las primeras elecciones tras el golpe de los capitanes, hice amistad y acompañé a un grupo del MRPP por las calles lisboetas en una pegada de carteles, más atraído, todo hay que decirlo, por el encanto natural de una de sus militantes que por el maoísmo. La colaboración internacionalista se prolongó en los bares del Barrio Alto y terminamos a altas horas de la madrugada con una simpática borrachera y el que esto escribe con una insignia del MRPP, que aún conservo, regalo de la atractiva camarada. Siempre me quedará la duda de saber si uno de aquellos jóvenes fue el que luego haría una brillante carrera como neoliberal, José Manuel Durão Barroso, que entonces tendría unos 20 años.