Opinión | Isla martinica

La esperanza del sur

El núcleo duro del futuro Gobierno de Milei insiste en "desregular" ante los empresarios

El núcleo duro del futuro Gobierno de Milei insiste en "desregular" ante los empresarios

Javier Milei tiene algo de poético, un punto de inspiración romántica y, desde luego, una proyección mesiánica. A estas alturas, nadie pone en duda el valor de un hombre del que se ha dicho casi todo, pero del que no se sabe casi nada. Quiero decir que, para las grandes plataformas de la información, habitualmente al servicio de la corrección política y la ideología woke, un fenómeno como el del economista austral, les resulta bastante difuso y, por lo tanto, peligroso. Cuando no se logra clasificar la realidad, para algunos, en especial, los más próximos al poder, esto es sinónimo de cierto riesgo. Esta es la premisa con la que parte el juicio sobre Milei entre la izquierda mundial, una izquierda temerosa y sorprendida porque no tiene respuestas que ofrecer a las preguntas que lanza el mesías de Buenos Aires. Por ahora, el misterio que rodea al argentino juega claramente a su favor a la espera de los resultados de la puesta en marcha de sus políticas. Hasta aquí nada que no hiciera cualquier articulista que aspire a encontrar un lector inteligente. Pero, si se quiere más, si se pretende llamar la atención con un planteamiento novedoso, es necesario adentrarse en unos territorios ajenos a la contienda partidista.

En lo personal, Milei encarna lo que un liberal desea, el triunfo de la libertad. Su famosa arenga al poblacho tiene una consistencia ideológica que supera el simple eslogan, aunque les duela a los colectivistas y demás fauna enemiga del individuo. Por ejemplo, «¡Viva la libertad, carajo!», suena a hartazgo, a grito desesperado en un mundo cercado por la penuria y la miseria, tanto como de ruina, la misma que sacude desde hace décadas a la Argentina. La libertad de Milei equivale, en otro contexto, mas con idéntico significado, al grito de Edvard Munch, una pintura maravillosa digna de elogio y análisis, al igual que las palabras del sudamericano. Tan extraordinaria es la figura del ya Presidente Electo que los medios afines al Gobierno de España, siempre al tanto del oportuno etiquetado ideológico, no atinan con su calificación. Que si «ultraconservador», que si político de la «extrema derecha», cuando la verdad es que estamos en presencia de un liberal de pies a cabeza. Tal disonancia intelectual es muy llamativa y refleja el grado de desconcierto de la izquierda con el bonaerense. Ni la española y mucho menos la peronista han sabido entender la ruptura que representa Milei.

En definitiva, una esperanza recorre el mundo, un viento austral que promete cambiar las cosas. Ojalá lo consiga, en primer lugar, por los hijos de un país, el de la Argentina, golpeados por una inflación galopante y una pobreza que no cesa de crecer, y, en un segundo, por la libertad, salvajemente atacada por ciertos sectores del izquierdismo a ambos lados del Atlántico. La esperanza de Milei es la culminación de lo escrito por John Stuart Mill, uno de los padres reconocidos del liberalismo, quien, el 18 de marzo de 1854, apuntó en su diario que el gobierno que garantice la libertad y asegure su difusión entre los ciudadanos será un buen gobierno. Por el momento, no viene a cuidar borregos, sino a despertar leones. Una proclama que recuerda a los aforismos de Nietzsche, pero que también es la de un hombre que ha entendido la fuerza que mueve el mundo.