Opinión | Retiro lo escrito

El relato tardón

Fernando Clavijo habla con Manuel Domínguez en el Consejo de Gobierno en Lanzarote.

Fernando Clavijo habla con Manuel Domínguez en el Consejo de Gobierno en Lanzarote. / Adriel Perdomo /EFE

Uno de los rasgos fundamentales del anterior gobierno autonómico, el presidido por Ángel Víctor Torres, fue vivir por y para el relato. El relato del pacto florido y encalado casi se escribía solo y, como suele ocurrir con todos los relatos, se basada a medias en las emociones y a medias en las amnesias. Algunas realmente espectaculares: olvidar que el vicepresidente y consejero de Hacienda, Román Rodríguez, había militado en CC y encabezado de un gobierno sustentado en coalicioneros y conservadores; olvidar, también, que el PSOE había cogobernado con los nacionalistas entre julio de 2011 y diciembre de 2016, suscribiendo todas las políticas de restricciones de gasto en educación, sanidad y servicios sociales, olvidar, cómo no, tanto el muy peculiar estilo de ordenar y mandar de Casimiro Curbelo como su apoyo a Fernando Clavijo. Después de este ejercicio de desmemoria lo demás fue fácil. El gobierno nacido en el verano de 2019 suponía un verdadero cambio, hemos acabado con la cadena perpetua de Coalición Canaria, vamos a invertir pasta y más pasta para construir un amplio Estado de Bienestar y luchar contra el desempleo, la desigualdad y la miseria en todas las islas. Somos un gobierno de izquierdas, somos un gobierno defensor irrestricto de los derechos sociales, somos un gobierno que está con los más débiles y los más olvidados, somos tan buenos gestores como buenos conseguidores ¡los nuestros gobiernan en España y nos comprenden, nos respetan, nos quieren solidariamente! Somos el cambio que le urge a la mayoría. Era muy sencillo y esa secuencia narrativa de valores y proclamas empapó todos los mensajes y discursos del Ejecutivo, al margen del espacio partidista de origen. No solo aprovecharon y estimularon la amnesia de los electores, sino que prefirieron olvidar sus propias diferencias y desconfianzas crónicas.

Los estrategas político-electorales llevan cerca de veinte años insistiendo en que como herramienta de comunicación el relato, la apelación a través de una short story a sentidos y emociones compartidos, ha devenido imprescindible ya no solo para presentarse a unas elecciones, sino para mantener la iniciativa política. Al fin y al cabo son palabras. Como dice Antonio Gutiérrez Rubí, «palabras que generan imágenes, consolidan marcos conceptuales y son la antesala de las emociones». «Cuando se tiene claro el relato», subraya, «es mucho más sencillo establecer estas palabras, mensajes directos, cortos y concisos, que refuerzan la narración, y la transforman en un eficaz arma de comunicación política». Otro gran analista de la comunicación política, Xavier Peytibi, agrega otros elementos más: «Es básico que el mensaje esté bien construido y que sea lo más compartido posible, buscando que el relato, en diversos formatos, medios y redes sociales, crezca más y más en relaciones».

A ese gobierno que reventaba a diario de satisfacción de sí mismo y estaba volcado en el relato gutural de sus maravillas maravillosas le ha sucedido, extrañamente, un gobierno que prescinde del relato y está en trance de metabolizarse como una suerte de consejo de administración de la empresa Canarias Sociedad (muy) Limitada. Soy un señor de edad ya provecta entre cuyas tristes ocupaciones está seguir la llamada actualidad política; salvo lo de bajar impuestos que ahora mismo no es prudente bajar, introducir algunos cambios técnicos en el diseño de presupuestos y alertar (sin duda oportunamente) sobre la necesidad de incrementar la productividad en la economía canaria no recuerdo ni rastro de storytelling y mucho menos aun de storydoing. Por supuesto que el Gobierno trabaja diariamente y ordena y dirige sus equipos en cada área para conseguir metas y objetivos. Pero no existe un relato que se oponga críticamente al de la izquierda que nuclea el PSOE. Un objetivo distintivo. Un horizonte de reformas concretas que le urgen a Canarias. Algunas verdades y prácticas disruptivas. Unas propuestas definidas que se puedan presentar y hasta cierto punto consensuar a la sociedad civil, pero que no esperen que se pongan en marcha agentes y segmentos que no quieren ni pueden moverse. Ahora mismo ese relato abierto, modernizador y reformista le vendría muy bien al Gobierno de Clavijo. Dentro de seis meses le será agudamente imprescindible.