"Los cadáveres fueron exhumados alrededor de la una de mañana de este viernes", dijo Mélnichenko, citado por Interfax, en Penza, la capital de la región homónima, situada a unos 600 kilómetros al sudeste de Moscú.

Los restos de las dos mujeres, añadió, fueron trasladados a un depósito de cadáveres de un hospital regional, donde serán practicadas las autopsias.

El vicegobernador agregó que los nueve sectarios que permanecen bajo tierra no pusieron ningún obstáculo al levantamiento de los cadáveres de las mujeres, cuyo fallecimiento se produjo hace varias semanas.

En noviembre del año pasado, 35 miembros de la secta "La auténtica Iglesia Ortodoxa Rusa" se encerraron en la cueva para esperar la llegada del fin del mundo.

A finales de marzo y principios de abril, 24 sectarios, entre ellos cuatro niños, salieron a la superficie tras sendos derrumbamientos de tierra.

Los sectarios habían anunciado su intención de abandonar su encierro el 27 de abril, cuando se celebró la Pascua Ortodoxa en Rusia, pero desistieron de su propósito y declararon que no subirán a la superficie antes de mediados de junio, cuando se festeja la Trinidad.

En el habitáculo subterráneo los sectarios hicieron acopio de víveres, agua y varias bombonas de gas y bidones de gasolina, suficientes para resistir varios meses.

El líder de la secta es un ingeniero de 43 años al que hace varios años le fue diagnosticada esquizofrenia tras proclamar que era un profeta y que recientemente anunció la inminente llegada del Anticristo.

Un grupo de psiquiatras de la Fiscalía rusa ha declarado que Kuznetsov, detenido por la policía en noviembre, sufre de "demencia".

Kuznetsov, que hace unas semanas intentó suicidarse, podría ser condenado a tres años de cárcel tanto por crear una organización religiosa por medios violentos, incitar al odio religioso y estar en posesión de literatura extremista.

Los miembros de la secta son en su mayoría mujeres procedentes de Bielorrusia y Ucrania.

Las autoridades definen al grupo como "una secta ortodoxa radical y apocalíptica".

Según la Asociación de Centros de Estudio de Religiones y Sectas, en Rusia existen en torno a 80 sectas y cultos con entre 600.000 y 800.000 miembros, en su mayoría surgidos tras la desintegración de la URSS aprovechando el vacío ideológico y espiritual dejado por la caída del comunismo.