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Entrevista. Periodista y jurista

Bonifacio de la Cuadra: "Un referéndum sobre la monarquía conviene a la democracia y al Rey"

Este periodista castiga a los grandes partidos por no haber sabido adaptar la Constitución a la realidad como señala en su libro Democracia de papel

Bonifacio de la Cuadra.

Bonifacio de la Cuadra. MIKI LÓPEZ

Bonifacio de la Cuadra, periodista y jurista, escribe de lo que ha visto y de lo que debería haber visto y no vio. Mira hacia atrás, indulta a la Transición y condena a sus intérpretes. Salva a los constituyentes y reprueba a los constituidos, absuelve a la Constitución y castiga a los grandes partidos por no haber sabido adaptarla a las realidades posteriores. Antes de Democracia de papel había publicado, entre otros títulos, el libro de entrevistas Los políticos, Crónica secreta de la Constitución o el volumen colectivo Todos al suelo, primer libro sobre el 23-F

¿De papel por frágil?

Sí, por poco consistente. La tesis del libro dice que los constituyentes lo hicieron bien; los constituidos, de pena. Pero no ahora, en esta época de grandes corrupciones, sino ya desde hace décadas. Los grandes partidos, que se beneficiaron del sistema electoral, no han hecho nada por avanzar hacia una democracia más consistente, con más participación popular, con más libertades y derechos humanos... Y de todo eso la Constitución no tiene la culpa, porque bajo mi punto de vista se hizo bien.

¿Cómo ha pasado la Transición de la admiración a la desconfianza?

Yo viví el proceso constituyente en directo e insisto en que, con todos los defectos que toda obra humana puede tener, fue eficaz. Pero en lugar de ir hacia la democracia "avanzada" que Enrique Tierno Galván pedía en el preámbulo de la Constitución nos hemos esclerotizado. Habría que haber profundizado en la Constitución. La Carta Magna no puede prever ni solucionar la crisis o el paro, pero define unas reglas del juego que se deberían haber mejorado en lugar de empeorarse. Era lógico, por ejemplo, que inicialmente los partidos fueran hegemónicos y las ejecutivas mandaran, pero eso no debe durar para siempre. A la propia monarquía habría que haberle puesto fecha de caducidad. Es una institución anacrónica, porque se sucede a sí misma, y por lo pronto habría que hacer un referéndum para iniciar a partir de ahí, si procede, un proceso constituyente que probablemente no se iniciará. El referéndum le conviene a la democracia y a Felipe VI, porque a lo mejor lo gana, pero sobre todo porque convendría saber lo que quiere la gente, que es lo que horroriza a Rajoy.

¿No fue un error soslayar en su día ese referéndum sobre la forma de Estado?

Se puso en bloque, con la Constitución, pero a propósito de la necesidad de un referéndum se me vienen a la memoria unas declaraciones del hoy Rey, hace veinte años, cuando dijo que él sólo aceptaría reinar si así lo querían los españoles. No dice los partidos, ni el parlamento, dice los españoles. Está pidiendo un referéndum. IU lo planteó el último septiembre y los que dijeron que no fueron los grandes partidos, el PSOE y el PP.

Su defensa del proceso de tránsito a la democracia no excluye reformas en el texto constitucional, más bien las reclama. ¿Por dónde?

Por ejemplo en el sistema electoral y en los partidos. En su momento era normal que hubiera listas cerradas y bloqueadas. Ya no. Entonces la democracia era representativa, a través de los partidos se hacía todo y para reformar o proponer una ley la ciudadanía necesitaba una cantidad de votos que con el tiempo habría que haber reducido. Ya que tenemos tantos votantes senectos, yo propuse rebajar la edad mínima de voto a los 16 años y cuando lo planteé, en torno al final del siglo, lo primero que preguntaron los políticos fue hacia dónde se inclinaría su voto. Ahí se ve la diferencia entre los votos y los valores, porque lo importante en política no deben ser sólo los votos. Si en España no se instituyó un Estado completamente laico, por ejemplo, fue para buscar votos, por la influencia de la Iglesia y la gran cantidad de votantes católicos.

¿No hemos sabido hacer evolucionar el sistema?

En absoluto, aunque en algunos casos sí se ha hecho, como en el reconocimiento del matrimonio homosexual. Si se amplía eso, ¿por qué no se puede admitir también, por ejemplo, que Cataluña es una nación?

¿Por qué prefiere hablar de transición así, con minúscula?

Porque yo, que estoy a favor de aquella transición, no quiero endiosarla. La defiendo, pero con minúscula.

¿Me resume rápidamente estos cuarenta años?

Democracia de papel. Algo que podría haber funcionado muy bien, porque se planteaba como un sistema muy parecido al de las democracias escandinavas y europeas, ha entrado en un declive, y ni siquiera hace falta citar la corrupción. El Tribunal Constitucional, que en los primeros años funcionó estupendamente, ha acabado en un desastre. Pero la peor institución es el Consejo General del Poder Judicial, un organismo que inicialmente elegía a su presidente y que ha terminado con Zapatero diciéndole a Rajoy "¿qué te parece Carlos Dívar?" Ahora ya se habla directamente de los nueve vocales del PSOE, los nueve del PP, el de CiU y el del PNV. Ya ni siquiera se negocia para que todos sean de todos, como en los ochenta.

¿Diría que se ha pervertido el sistema?

Lo digo taxativamente. Pervertido, deteriorado... En el CGPJ se llegó a meter por el turno de CiU a Luis Pascual Estevill, que era el zorro al cuidado de las gallinas, que luego ha estado en la cárcel... Entre el PSOE y el PP se habían repartido la institución, pero últimamente además, el ministro Gallardón se quedó con ella. Tal y como están las cosas, para elegir magistrados del Supremo, que son los que tendrán que decidir sobre el caso Bárcenas, probablemente no necesitarán más que los votos del PP.

¿Qué dice de este país la espiral de indecencia en la que se ha enterrado la política?

Es normal que cuando se degradan las instituciones encargadas de conseguir una democracia sólida el propio sistema se tambalee y algunos de los que están en política piensen que pueden aprovechar para enriquecerse. Pero es que incluso durante mucho tiempo los ciudadanos no se han sentido sensibles a la corrupción económica. Es al acabar el terrorismo de ETA cuando comienzan a darse cuenta de que eso es importante. Ahora ya se empieza a regañar a los políticos y a no votarles, o a votar a otros.

¿Cómo le suenan las propuestas de esos otros, de los nuevos partidos emergentes?

No me suenan mal. Me da la sensación de que los expertos en encuestas no descubrieron a Podemos antes de las europeas y sí lo hicieron 1,2 millones de electores, que son más listos que los de las encuestas. Pero yo también le critico al 15M que no destaque suficientemente algunos temas sensibles de la democracia, como la tortura o los derechos humanos, porque dan más votos los desahucios. Yo preferiría que, aunque no tenga ya la virulencia del franquismo, se dijera también que es una vergüenza que la tortura exista. La ley antiterrorista permite tener diez días incomunicado a un detenido que sin embargo puede negarse a declarar. ¿Para qué sirven esos diez días sino para torturarle?

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