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Crisis del coronavirus Creatividad del diseño contra la pandemia

Todas a una para hacer batas

Un grupo de mujeres de una residencia de mayores de Tafira elabora equipos protectores

Irene Hernández, con una de las batas que ha elaborado.

Irene Hernández, con una de las batas que ha elaborado. LP / DLP

Irene Hernández Tejera sabe mucho de solidaridad a sus 87 años, ya que, a lo largo de su vida, ha tenido ocasión de practicarla y recibirla. Nacida en 1932, con tan solo cuatro años vivió el inicio de la Guerra Civil y una posguerra en la que las calamidades y la carencia de casi todo estaban a la orden del día. En aquellos tiempos lo fundamental era sobrevivir, como cuando su madre conseguía un poco de gofio molido en aquel risco del barrio de San Antonio para dárselo amasado con un poco de agua. Aunque en esta ocasión no faltan alimentos, el confinamiento plantea una situación muy especial en la que la solidaridad entre todos es también primordial para pasar una pandemia que cada día se cobra nuevas vidas.

Irene no lo ha dudado y desde su lugar de residencia en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Tafira ha logrado formar una pequeña brigada de amigas que se dedica a elaborar equipos de protección individual para alejar a este virus y hacer que desaparezca. Desde que conoció los pormenores y las necesidades existentes en este nuevo campo de batalla puso en marcha su máquina de coser -no en vano fue costurera de joven- y se lanzó a colaborar en lo que ella mejor sabe hacer.

Sobreponiéndose a sus miedos y a la desolación de vivir aislada como medida preventiva para preservar la salud de todos los mayores residentes, y pese a echar de menos el abrazo de los suyos que por seguridad no pueden acudir a visitarla, encontró una solución. En lugar de achicarse ante un virus que ataca principalmente a la tercera edad, puso en marcha el taller para hacer mascarillas, botas y gorros de aislamiento o para proteger la salud de los jóvenes mayores allí residentes.

En esta tarea logró conseguir una aliada en la residencia, la hermana sor Hermila, que se encarga de que las prendas realizadas lleguen de forma equitativa a todas las personas que las necesitan, sobre todo aquellas que deben salir del centro para acudir a una consulta médica. A ellas se han unido otras residentes, como sus amigas Teresa Betancor, Águeda, Irene, Elvira y Eloísa, que ponen su parte en todo este cometido.

La satisfacción que les reporta el sentirse útiles y colaborar poniendo en práctica sus conocimientos de forma altruista, junto a la pasión que las mueve como forma de envejecimiento activo, es casi tan grande como la ilusión de quien recibe su ayuda. A pesar de sus preciosos años, todas ellas han elegido un modo de vida activo y opuesto a dejar pasar los días. Hacen cosas por los demás y ayudan en lo que pueden. Desde su confinamiento, colaboran de forma altruista con la esperanza de que el mañana esté más lejos que el ayer.

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