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Crisis del coronavirus El producto estrella de la desescalada

Indicios de que el uso de las mascarillas "llega tarde y no hay concienciación"

Fernando Simón admite ahora que no se aconsejó su utilización por su escasez en el mercado

Fernando Simón.

Fernando Simón.

La obligatoriedad de poner mascarilla siempre que no se pueda guardar la distancia de seguridad de dos metros "llega tarde y no hay concienciación sobre su uso", a juicio de los expertos. La mala utilización, la sobredemanda y los mensajes contradictorios, durante semanas, de las autoridades sobre su necesidad, son las principales fallas de la estrategia que el Gobierno central publicó el miércoles en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y que supone la obligación de llevar mascarilla tanto en edificios cerrados como espacios abiertos, siempre que no sea posible mantener la distancia social.

El Ministerio de Sanidad precisó la regulación de las mascarillas mediante una orden escueta que establece su uso obligado "para las personas de seis años en adelante", que se encuentren "en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros". La orden ministerial aconseja preferentemente mascarillas "higiénicas y quirúrgicas" y aclara que deben cubrir nariz y boca. También establece los grupos que no están obligados: las personas con dificultades respiratorias o que la tengan contraindicada "por situación de discapacidad" o de riesgo "de alteraciones de conducta" y quienes practiquen actividades "incompatibles con el uso de la mascarilla", por ejemplo las deportivas. La orden no aclara si las Administraciones deberán financiar este nuevo gasto, que algunos estudian cifran ya en más de 100 euros mensuales por familia. La Comunidad de Madrid ya ha realizado entregas de mascarilla a cada tarjeta sanitaria pero Canarias no tiene prevista dicha medida. Una cuestión que preocupa es si las autonomías, que tienen las competencias en sanidad, deberán garantizar esta cobertura a, al menos, los colectivos vulnerables.

Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, indicó que aunque la medida "más interesante" sigue siendo la de guardar la distancia de seguridad , "es importante llevar la mascarilla, para ponerla cuando no se pueda estar a dos metros de otras personas". Simón también aprovechó para incidir en los reparos que él mismo había planteado al uso generalizado de este dispositivo de protección en las primeras semanas del estallido de la pandemia en España. "Queríamos ser realistas al proponer medidas de control y ser prudentes al hacer recomendaciones que no se podían aplicar" por la falta de material, "en España y en toda la Unión Europea". Unas palabras que explican los mensajes contradictorios del Gobierno y de otras autoridades, con un giro de 180 grados en las últimas semanas y días, y que revelan que los protocolos fueron definidos en función del material existente en el país.

Ahora, con Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y La Palma a punto de entrar el próximo lunes en la fase 2 -donde ya se encuentran La Gomera, El Hierro y La Graciosa- y con casi todo el país en desescalada, la mascarilla cotiza al alza como elemento de "protección comunitaria", según señaló el Consejo General de Enfermería, que ha trasladado consejos básicos como, por ejemplo, no quitarla "al hablar, para toser o para estornudar".

Poca preparación

El doctor en Farmacia Álvaro Gil-Domínguez Hurlé ha puesto el dedo en la llaga acerca de la escasa preparación de la sociedad para este nuevo escenario. "Hay una falta total de formación sanitaria. Cada vez que salgo a la calle veo cantidad de gente, muchachos en particular, que no guarda ninguna distancia y luego van sus casas, donde pueden contagiar a padres o abuelos. No hay concienciación ninguna", lamenta mientras califica de "tomadura de pelo" la postura del Gobierno, "porque tuvo engañada a la población mientras permitía manifestaciones, actos de partidos políticos y partidos de fútbol que suponían grandes concentraciones". Cree muy probable una sobredemanda de este material de protección, que lleva camino de convertirse en un gasto fijo más. "Quizá sería aconsejable que la Seguridad Social asumiera un porcentaje de ese coste, como ocurre con los medicamentos", apunta Hurlé, convencido de que la recomendación del uso obligatorio de la mascarilla "llega tarde".

Esta valoración es compartida por Borja de Yñigo, podólogo que dedicó su tesis doctoral a la mascarilla, una pieza de protección que se convierte ahora en elemento clave de la desescalada. "Nunca se sabrá con exactitud el impacto que habría tenido su uso obligado mucho antes. Creo que, si se hubiese aconsejado usarla cuando empezaron a conocerse los casos de Italia, no hubiera sido necesario el confinamiento", indica. Y pone como ejemplo el caso de la República Checa, donde el uso masiva fue más temprano y la incidencia mucho menor. Tiene dudas de si el stock dará para cubrir la demanda y avisa de un posible mal uso generalizado: "Un estudio reciente revela que el 65% del personal sanitario de California se coloca mal la mascarilla del tipo FPP2". También es crítico con los mensajes del Gobierno "porque han confundido a la gente: vale más ser claros y decir que no había existencias a mentir con que no eran necesarias".

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