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El confinamiento agrava el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer

Los neurólogos también detectan un empeoramiento de los trastornos de conducta de estas personas tras ver sus rutinas alteradas por la pandemia

Un enfermo de Alzheimer realiza ejercicios con una pelota.

Un enfermo de Alzheimer realiza ejercicios con una pelota.

Últimamente una de las frases que más asegura escuchar la doctora María del Carmen Pérez Vieitez en su consulta del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín donde atiende a personas con demencia y a sus familiares es: “Estaba más o menos bien hasta el confinamiento, que entonces empezó a...”. Y es que según cuenta la neuróloga, la pandemia “ha sido especialmente complicada” para las personas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, que han visto agravado su deterioro cognitivo en los últimos meses a causa de la situación sanitaria. La edad es un factor de riesgo determinante para este colectivo. Pero también lo han sido el aislamiento o los cambios introducidos en la nueva normalidad ante la que estos pacientes tienen que empezar de cero cada día.

“Para ellos las rutinas son importantes y si se les cambia de forma brusca les cuesta adaptarse, sumado a tener que recordar por qué lo hacen”, explicó Pérez Vieitez ayer, cuando se celebró el Día Mundial del Alzhéimer. A esto hay que sumarle que las medidas de seguridad adoptadas durante el estado de alarma también han supuesto un “aislamiento social y familiar”, tal y como señala el jefe de Neurología del Hospital José Molina Orosa de Lanzarote y miembro de la de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Pablo Eguia, que se ha traducido en una disminución de los estímulos cognitivos y la actividad física, vitales para ralentizar el avance de la enfermedad.

Nuevos casos a la luz

Un hecho que, según señalaron ambos profesionales, ha traído consigo “el agravamiento tanto de las funciones superiores como de la capacidad motora” de estos pacientes. En muchos casos, la neuróloga del Negrín también contó que “han empeorado los trastornos de conducta” propios de una enfermedad que genera “alteraciones de la perspectiva, alucinaciones o delirios”. Asimismo, Eguia ha detectado en los últimos meses que el confinamiento “ha sacado a la luz a muchas personas con deterioro cognitivo”.

No existen datos oficiales al respecto, pero para estos dos profesionales el daño que ha provocado la pandemia en este colecctivo es innegable. “El problema es que no se podía hacer otra cosa porque mayoritariamente son personas de edades avanzadas y, por lo tanto, con un elevado riesgo de contagio del virus y por eso había que evitar que la Covid-19 entrase en las residencias, en los centros de días y en los hogares”, señala el jefe de Neurología del hospital lanzaroteño. Y es que según los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, en la primera oleada el coronavirus llegó a tener una letalidad del 14% entre las personas septuagenarias y del 21% en las octogenarias.

Es por eso que “había que protegerlos y por desgracia esto ha tenido un precio”, apunta Eguia en alusión a las secuelas de la crisis sanitaria que no solo ha tenido consecuencias negativas en los pacientes de Alzheimer. Sus familiares también han tenido que lidiar con una situación que, en muchos casos, supuso no poder ver a sus seres queridos con la repercusión que esto tenía para ellos a nivel cognitivo. En otros, como en el de José Ramón Batista Martín y su madre, los cuidadores tuvieron que aprender a convivir con los cambios diarios.

“Lo importante para mí era evitar que ella me viera como el culpable de la situación”, cuenta Batista. Su progenitora de 77 años, lucha desde hace dos contra la enfermedad neurodegenertiva que no termina de aceptar. Tanto es así que su hijo ha tenido que hacer malabares para que acepte recibir la terapia que le ofrecían en su propia casa desde el Centro de Día Tita Gil de la Asociación Alzheimer Canarias hasta que se decretó el estado de alarma. Durante el tiempo que duró el confinamiento, fue José Ramón quien se encargó de “mantenerla activa física y cognitivamente” mediante juegos de memoria, paciencia y cariño.

Una labor dura que ha pasado por lograr que se ponga la mascarilla o que no toque nada ni a nadie. “Al principio le costó porque es muy presumida, pero creo que al ver que todo el mundo la lleva al final se la pone, pero no sabe por qué. Por eso cada día tengo que ponerle las noticias y explicarle que hay un virus”, relató el joven que también tuvo que adaptar las necesidades de su madre a las diferentes fases. “Ella estaba acostumbrada a salir a pasear todos los días con una amiga, así que cuando nos confinaron muchos días se vestía, se colocaba el bolso y se subía a la azotea a pasear. Cuando ya pudimos salir fue otro problema porque por su edad había que ajustarse a un horario, pero ella no lo entendía y quería salir más temprano, como lo hacía antes, así que me iba con ella y si nos hubiesen parado habría tenido que explicar lo que pasa”.

Ante esto, Batista no niega el desgaste físico y emocional que acumula desde el inicio de la pandemia, si bien aseguró que “no queda otra que adaptarse”. Aún así, como familiar considera importante que se conozcan historias como la suya y la de su madre. Una realidad que afecta a unas 800.000 personas en todo el país, según los cálculos de la SEN, y que a profesionales y seres queridos les gustaría que tuviera mayor visibilidad.

PREVALENCIA

Según los datos ofrecidos por la SEN durante el Día Mundial del Alzhéimer, esta enfermedad neurológica que constituye la primera causa de discapacidad y que, en todo el mundo, afecta a más de 40 millones de personas, unas 800.000 de ellas en España. De hecho, el país es una de las naciones con más proporción de casos de Alzheimer entre la población de más de 60 años, puesto que un 5% de las personas de 65 años padecen Alzheimer y en mayores de 90 años el porcentaje aumenta hasta el 40%. La edad es el principal factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad, y debido a la mayor esperanza de vida de las mujeres, actualmente su prevalencia es tres veces mayor en mujeres que en hombres. Como consecuencia del envejecimiento, en los próximos 20 años se espera que la prevalencia de la demencia debida a esta enfermedad se doble. | LP/ DLP

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