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Miembro de la Asociación Derecho a Morir Dignamente

Gabriel Sánchez: “En España, todavía mueres mejor o peor según quien te toque”

Gabriel Sánchez.

Gabriel Sánchez.

Gabriel Sánchez, miembro de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, reconoce que aún hay mucho camino por andar en España para poder elegir cómo y en qué momento abandonar la vida. El primer paso se ha dado con la aprobación en el Congreso de la tramitación de una ley de eutanasia. Explica que no se trata de legalizar el derecho a matar, como dice Vox, sino de garantizar que quien no puede soportar el dolor y no quiere vivir más tenga ayuda.

El Congreso ha acordado tramitar una ley de eutanasia con 201 votos a favor, 140 en contra y dos abstenciones. Hay controversia.

Ciertamente, éste es el final de un camino muy largo. Al final el PSOE se decidió y ha presentado el proyecto. PP y Vox presentaron enmiendas a la totalidad que no fueron aceptadas porque no eran enmiendas, sino una contraposición de una ley de cuidados paliativos, algo distinto.

¿Por qué es necesaria una ley de eutanasia y no es suficiente una ley de paliativos?

La ley de eutanasia es necesaria porque ya en España hay una base social muy amplia a favor de ella y del suicidio asistido. Conforme las sociedades evolucionan, asuntos que eran inamovibles van cambiando, como el divorcio, el aborto o el matrimonio para personas del mismo sexo. A consecuencia de que la esperanza de vida es cada vez mayor y que la medicina avanza mucho, el tema de la muerte empieza a ser muy complicado. Antes, la gente se moría a los 60 o 70 años y ahora puede llegar a los 90 con facilidad, pero ¿en qué condiciones? Si se llega muy bien, encantados, pero si se llega en medio de dolores y sufrimientos, ante esa situación algunos se preguntan: ¿eso es vida? Para algunos, sí; para otros, no. Nosotros consideramos que la vida tiene que tener una dignidad. Esa base social ha ido creciendo, según las encuestas, en todos los terrenos: edad, política e incluso creencias. Si bien es verdad que ni los grupos dirigentes de la derecha ni la jerarquía eclesiástica están a favor de la ley, no ocurre igual en sus bases sociales. Esta ley pretende cubrir esa demanda y se ha puesto en marcha ya en países como Holanda o Canadá. La gente quiere tener derecho a morir bien y a tomar la decisión sobre su muerte. Cómo y en qué momento acelerarla en caso de una enfermedad sin solución.

Para el PP esconde un recorte de gastos y para Vox se reconoce el derecho a matar. ¿Cómo convencería a alguien que piensa así?

Eso son barbaridades. Las opiniones en contra de la eutanasia pueden estar basadas en convicciones religiosas o en valores como que la vida es sagrada y que depende de Dios. Respetamos esa postura y lo que pedimos es que se respete la contraria. Al margen de estas creencias, se deslizan argumentos burdos, que implicarían considerar que los médicos se van a convertir en asesinos y eliminarán a la gente supuestamente porque habrían recibido directrices del Estado. Es una monstruosidad pensar eso. El personal médico se ha formado para salvar vidas.

¿Cuál es la postura de los colegios médicos?

Es muy parecida a la de la jerarquía de la Iglesia, porque piensan que cualquier funcionamiento de las células vitales es vida, pues no, hay personas que pensamos que no. En los países donde se ha legalizado la eutanasia no se ha producido esa pendiente resbaladiza que supuestamente dicen que se produce: se empieza por la gente que está muy grave, se sigue por los menos graves y ancianos y después por las personas deficientes. La eutanasia no es matar, es un acto médico, suministrar un producto farmacéutico a una persona que lo ha pedido insistentemente porque no puede soportar el dolor y no quiere vivir más. O si lo ha dejado escrito en su testamento vital. En la ley también se introduce el suicidio asistido, es decir, una persona por su propia mano toma un producto que le ha prescrito un médico o puede ser ayudado por otra persona, aunque ahí entramos en el artículo 143 del Código Penal.

¿Hasta qué punto es delito ayudar a morir a una persona?

Es el caso famoso de María José Carrasco y su marido, Ángel Hernández. Nosotros consideramos que fue un acto de amor, y ni mucho menos un acto de violencia de género, una auténtica aberración.

Precisamente, la Fiscalía ha dicho que pedirá seis meses de prisión, pero que apoyará el indulto.

Claro, justamente. Lo que dice ese artículo es que las personas que han ayudado a alguien a suicidarse porque está enferma, lo hacen como un acto de amor o amistad, y se pena con uno o dos grados inferiores. En la práctica significa que nadie entraría por ese motivo en la cárcel, porque la pena no llegaría a los dos años de cárcel. De todos modos, Ángel ha decidido ir a juicio oral, no llegar a acuerdo, para defender que su colaboración no es un delito y visibilizar la causa de la eutanasia.

¿El apoyo de DMD a ese proyecto de ley es total?

Nuestro apoyo es crítico porque hay un punto muy negativo: las comisiones previas de control y evaluación. En países donde ya se ha aprobado no existe ese control previo, solo a posteriori. Poner en España una comisión previa autonómica, nombrada por los gobiernos, es muy peligroso y complica el proceso. Podría ser un elemento de boicot claro.

¿Dónde establece la ley el límite del sufrimiento y el dolor?

No es que una persona decida que no puede más, debe estar muy mal y además en situación de dependencia física total. Por ejemplo, el caso de una esclerosis, en el que la persona mantiene bien la cabeza no entraría y es muy complicado en demencias o alzhéimer. Pensamos que debería incluir a personas que en su testamento vital digan que no quieren sufrir la incapacidad de no reconocer a los demás ni autorreconocerse. No hay que llegar a una situación de degradación extrema. En esto la ley es insuficiente.

Hablamos de una ley de eutanasia, pero hay problemas, según el facultativo que te toca, para la aplicación, incluso, de paliativos.

Sí, es un problema importante y por eso una de nuestras líneas de acción es la promoción de los derechos del paciente legalmente reconocidos. Lo que ocurre es que la ley reconoce a un paciente que tiene derecho a recibir cuidados paliativos, aunque supongan que se acelera su muerte. En paliativos se recoge la sedación terminal cuando una persona sigue teniendo dolores pese a la medicación, dormirlo profundamente para que muera en paz. Es cierto que hay personas que se resisten a esto, pero es un derecho legal. En esos casos, la familia debe plantearlo a la dirección del hospital o, en último caso, en un juzgado. Pero es cierto, en España se puede decir todavía aquello de mueres peor o mejor según quien te toque.

¿Cuál es su caso? ¿Por qué defiende la eutanasia?

Me hice socio de DMD porque conocí de cerca casos concretos de personas que tenían enfermedades, no un cáncer que te queda poco de vida, sino enfermedades degenerativas, tipo esclerosis, que no te matan de golpe, sino que son años y años. Esas son las situaciones que a mí no me gustaría vivir ni las personas a quienes quiero. Aparte de mis convicciones personales, de que mi vida es mía. No es un problema de Dios, ni de los jueces, ni de los médicos. Igual que quiero vivir con libertad y dignidad, quiero morir así.

Como profesor, ¿piensa que hay que plantearlo a los jóvenes?

Algunos piensan que el tema de la muerte es un tabú, pero los jóvenes morirán igual o morirán sus familiares. Mi experiencia en ese sentido es positiva; el alumnado está interesado en el tema. En las encuestas se dice que el 80% de la población está a favor de la eutanasia, pero muchas veces eso no se traduce en nada hasta que no te toca. Por eso poca gente hace el testamento vital, que creemos que es muy importante dejar por escrito, qué tratamientos quieres que te hagan y cuáles no. En Andalucía, sigue habiendo cierta postura sobre la muerte y decimos que está ahí, vamos a los entierros, pero no le dedicamos atención.

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