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Opinión

Hoy es día de agradecimiento

El párroco de Pedro Infinito y doctor en Teología reflexiona sobre la importancia de agradecer tanto las cosas grandes como pequeñas coincidiendo con el día en el que se cumplen seis años de su trasplante de médula

El párroco de Pedro Infinito y doctor en Teología, Eugenio Rodríguez.

El párroco de Pedro Infinito y doctor en Teología, Eugenio Rodríguez.

Hoy hace seis años que recibí un trasplante de médula. Es día de Agradecimiento por las Dificultades que crean lazos, que nos hacen personas. Cada año por este día de manera especial me acuerdo de los sanitarios. Es lógico. Investigadores, limpiadores, enfermeros, médicos... hombres y mujeres, y toda persona que cuida o colabora con el cuidador mediante el transporte, la gestión, la producción y tantas cosas.

Es un día de alegría porque el mundo lo sostiene la colaboración. Permanente, solidaria, eficaz, insistente esfuerzo de colaboración de todos con todos se ocupe el lugar que se ocupe, brillante u oscuro. 

En estos días se ha puesto en marcha la Cruz del Encuentro (pinchar aquí si quieres saber algo más). Y me ha dado por pensar en Simón de Cirene. De él sabemos poco pero estamos autorizados a imaginar, sobre todo desde nuestra vida.  ¿Por qué elegirían al Cirineo? ¿Sería el más fuerte? Si lo señalaron para ayudar a Jesús no parece probable que estuviera allí de botellón. ¿Sería uno que miraba con fuerza interior a los que maltrataban a Jesús? ¿Supondría un interrogante para aquellos? ¿Iría junto a Jesús durante una larga parte del trayecto? Me temo que era uno que provocó que los burócratas que andaban por allí pensaban que merecía un escarmiento el que se estaba metiendo en camisa de once varas. 

Me hace pensar. Recibir un trasplante es algo grande y la deuda es grande. Igualmente cada día recibimos cosas pequeñas y está bien que brote de nosotros el agradecimiento, el gran motor de la vida. 

Estos días también pensaba en la persistencia en el mundo, frente al agradecimiento, de su fuerza contraria: la ley del mínimo esfuerzo. No creo que sea una ley tan presente en el mundo como la ley del amor, la ley de la solidaridad, la ley del agradecimiento, pero sí, es una fuerza poderosa. Es un auténtico cáncer, que mina todo lo que pilla. "¿Y esto por qué voy a hacerlo? ¿merecerá la pena?" Los impulsores en Canarias de esa Cruz del Encuentro, hecha con maderas de las pateras llegadas a Arguineguín intentamos colaborar a un mundo de "merece la alegría" que destierre esa duda del "merece la pena" hija predilecta de la terrible ley del mínimo esfuerzo que no aportado nada bueno a la sociedad.

El bien más frecuente es hijo del amor, de un esfuerzo alegre y animoso, porque "en el amor calcular es desvanecerse" (Lebret). Amor frente a la ley del mínimo esfuerzo es una decisión necesaria. No enredarse tontamente en la pregunta si merecerá la pena, una pregunta perversa. La eficacia, por su parte, se busca también por amor, porque el amor auténtico busca eficacia.

Recibir cosas grandes, como un trasplante, o cosas pequeñas, las que sean, es una ocasión hermosa para encarnar aquello de Tagore: "Servir es alegría".

Ahora más que nunca: Servir es alegría. 

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