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Algo tan increíble, algo tan normal

Mi historia, que para mí solo era la consecución de un sueño, fue una zancada para la sociedad

Omy Perdomo

Omy Perdomo

En el momento, cuando todo acabó, mi conquista lo vi como algo normal. Ni siquiera era capaz de comprender qué había logrado, qué habíamos logrado. Lo único que quería era mi DNI. Solo aspiraba a eso. Mi única pretensión siempre fue poder ser una más. Sin más. Solo una más. Quería mi acreditación, mi ficha federativa y poder jugar al voleibol como lo que soy: una mujer.

Viéndolo desde fuera sé que pudo y puede parecer algo increíble, que resulta una batalla por un empeño imposible. Pero yo, cuando vuelvo a echar la vista atrás, solo veo a una niña que luchaba por su sueño, un anhelo simple que no era otro que disfrutar del voleibol. Era mi propósito y lo logré. Eso era en lo único que pensaba.

Es algo complejo de explicar. ¿Cómo puede parecer tan anormal algo que para mí estaba lleno de cordura? ¿Cómo no iba a convencerme de lo único que quería hacer? Sin embargo, pronto, muy pronto, me di cuenta de qué muro se había derribado. Después de que la historia se hiciera pública, de ese bombazo, de la repercusión que alcanzó mi caso, de cómo sonaba el teléfono sin parar cada día, empecé a asimilar lo que significaba. Y es que mi sueño era un paso enorme para todo un colectivo.

Una ilusión que quedó resumida en el número 22, el dorsal que me acompaña desde entonces en mis camisetas. El 22 de noviembre de 2017 salí de la comisaría con un nuevo DNI. Es mi número. Un día 22 también debuté en el voleibol como lo que soy, una mujer. Para mí es un día de celebración. Durante mucho tiempo asumí que las cosas eran así: no podía jugar con chicas y tenía que asimilarlo. Aprendí de aquella situación tan complicada y creía que la enseñanza que iba a sacar de aquello era que no siempre se puede conseguir lo que deseas. Pero no. Peleé y me sentí arropada por mucha gente, algo básico, porque ellos también me ayudaron a ser la persona que soy hoy. No fue solo mi conquista, mi batalla. Aquel salto fue de un grupo para conseguir una victoria para el colectivo trans en este país.

Mi historia, que para mí solo era la consecución de mi empeño, fue una zancada para la sociedad. Anular una partida de nacimiento, tener un nuevo DNI y poder competir en la élite de un deporte olímpico. Es una puerta que estaba cerrada y ahora está abierta, aunque no se haya vuelto a cruzar. Este punto es algo que me produce cierta inseguridad.

Eso sí, en otros ámbitos de la sociedad sí que estoy viendo esa interacción del colectivo trans, mucho más expuesto a la sociedad. Tenemos la oportunidad de mostrarnos al mundo en otras diferentes facetas, pero en el ámbito del deporte es algo muy complicado. Todo en un sector que nos da una visibilidad casi única.

Gestionar todo esto tampoco es fácil y hay veces que incluso se puede volver en nuestra contra. He sentido en ocasiones que me han puesto como reclamo, como imagen, pero después han intentado coartar mi personalidad. Es algo en general, algo que he percibido y en lo que tampoco debería caer el colectivo.

Lo que nunca imaginé era que iba a poder tener esta voz, esta trascendencia. Me siento muy orgullosa de poder tener la voz que tengo, de poder abrirle las puertas a otras personas como antes me las abrieron a mí. Recibir mensajes por la confianza que he podido transmitir, por los logros. He visto madres que se han acercado a mí para indicar que les he valido como ejemplo a seguir. No quiero serlo, pero saber que he podido ayudar a otros reconforta.

Y aunque a veces vengan miedos, he ganado en seguridad. Me veo en el espejo y me siento increíble. Todas lo somos. Luché por lo que quería y escapé de la negatividad a base de digerir bastante mierda para hacer que todo lo que puedan hablar sobre mí me de igual. Los cuchicheos ni me molestan –aunque alguna vez a más de uno he tenido que dejarle en vergüenza–.

He soltado lastre y es lo que hay que hacer. Ya no dejo que mi cuerpo sea el centro de mi vida y haga que mi confianza y mi autoestima esté por los suelos. El tiempo es seguridad. Y no deseo otra cosa más que ver chicas como yo exponiendo sin miedos quiénes son, quiénes somos. La diversidad no es algo de lo que tengamos que sentirnos avergonzados, valorar quiénes somos nos hará mejores. La diversidad es algo muy bonito que debemos de interiorizar en la sociedad. No hay nada que me llene más de ilusión.

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