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Volcán de La Palma | La tierra vuelve a temblar

El volcán de La Palma ‘devora’ el magma en Fuencaliente y reactiva la sismicidad

Desde el viernes se triplican los seimos de una magnitud superior a 3 | No existen indicios de que pueda surgir una nueva erupción en otro punto de la isla

Simulación en 3D del enjambre sísmico en La Palma @x_y_es

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Simulación en 3D del enjambre sísmico en La Palma Verónica Pavés

Las entrañas del volcán de La Palma se remueven en busca de alimento. En los últimos días, la sismicidad registrada en la zona oeste de La Palma, concretamente en Mazo (4.859 habitantes) y Fuencaliente (1.751), al sur, se ha reactivado por primera vez desde que empezara la erupción hace dos semanas. Los expertos creen que esta nueva y fuerte sismicidad –ampliamente sentida por las poblaciones colindantes– tiene relación directa con que el volcán está devorando el magma que se encuentra en las entrañas de estos pequeños reductos poblacionales de la Isla Bonita.

El punto de inflexión ocurrió con el parón abrupto de la actividad volcánica hace una semana. El lunes 27 de septiembre el volcán despertó sin emanar ni una pizca de humo tóxico, lava o cenizas. Tampoco rugía y las coladas de lava, que por aquel entonces eran muy densas, se encontraban totalmente paradas. Era la calma que precedía a la tormenta, pues después de ese momento, la erupción ha ganado fuerza y la lava que emana del volcán es tan líquida que su poder de destrucción se ha incrementado notablemente. De hecho, por aquel entonces la colada de lava había engullido 420 edificios de la zona. En estos momentos, ya superan los 1.000 y las 72 hectáreas de cultivos. Esta nueva etapa también ha provocado un cambio en la colada, que ha pasado de medir poco más de 500 metros de ancho, hasta ser de 1.250 en algunos tramos, como señala el Cabildo de La Palma.

«Esta nueva sismicidad en la zona comenzó cuando hubo el parón de actividad del volcán, parece que antes teníamos una actividad en la que el material venía de una bolsa más cercana y ahora viene de más profundidad», remarca Itahiza Domínguez, sismólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), quien apunta que todo ello tiene sentido teniendo en cuenta los reajustes que ha experimentado el sistema volcánico.

La sismicidad tiene un papel protagonista en estos cambios experimentados en el volcán de Cumbre Vieja. Y es que, una vez acabó de alimentarse del pequeño reservorio magmático que se encontraba a apenas seis kilómetros de profundidad –que se estimó en unos 20 millones de metros cúbicos–, ha buscado otra manera de seguir activo: devorar el magma contenido en las profundidades de Fuencaliente.

La zona sísmica actual es la misma en la que comenzó el enjambre el 11 de septiembre

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Sin embargo, para que todo el magma que se encuentra en esa bolsa –contenido en lo más hondo de la isla durante décadas – salga de su escondite, debe empujar la tierra, lo que da lugar a la sismicidad. «Parece es un reajuste del sistema», indica Itahiza Domínguez, quien resalta que esta actividad se encuentra en la misma zona en la que comenzó el enjambre sísmico que dio lugar a esta erupción. «Es este lugar donde comenzó la intrusión bajo la isla» , explica el investigador.

Cabe recordar que los primeros seísmos que se produjeron en este enjambre, pero también en los anteriores –hasta nueve entre 2017, 2018 y 2020– tenían un punto de confluencia: el sur de La Palma. De hecho, durante los primeros días de esta crisis sísmica-volcánica que empezó a mediados del mes de septiembre, los terremotos se detectaban a entre 10 y 13 kilómetros de profundidad. Desde el 11 hasta el 13 de septiembre, la actividad se mantuvo en el sur de la isla, justamente en la zona de Fuencaliente y Mazo. Sin embargo, a medida que el magma se abría paso hacia la superficie, encontró un hueco hacia el oeste por el que fluir hasta emerger en el punto actual.

La actividad ahora es más fuerte que la de entonces pero se encuentra a la misma distancia de la superficie. Así, se están registrando pequeños enjambres con menos terremotos que entonces –58 registrados en el día de ayer–, pero un porcentaje más elevado tiene una magnitud mayor a 3 y, por tanto, están siendo más ampliamente sentidos por la población.

Esta actividad se ha visto intensificada en los últimos días, dado que el pasado viernes apenas se registraron 19 seísmos, de los que cinco tuvieron una magnitud mayor a tres. Al día siguiente la actividad sísmica se intensificó, hasta registrar 46 seísmos, aunque los más fuertes tan solo fueron siete. El domingo se registraron menos terremotos (35), pero los de mayor magnitud se incrementaron en número detectándose un total de once. Ayer fue un día especialmente activo pues el IGN registró más de 70 terremotos, de los que casi 20 tuvieron una magnitud mayor que 3. Esto supone que, en tan solo cuatro días, el número de terremotos de mayor magnitud se ha triplicado. Asimismo, en estos dos días se han detectado los seísmos más fuertes hasta el momento, en esa zona, dos de 3,7 y uno de 4. Los dos primeros terremotos se produjeron el domingo y ayer en Villa de Mazo a entre 11 y 12 kilómetros de profundidad y el más fuerte de la serie, se produjo en Fuencaliente.

Las 16 erupciones históricas muestran una migración de la sismicidad durante la actividad volcánica

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Del total de seísmos que se produjeron ayer, solo cinco fueron sentidos por la población con una intensidad 3 o 4. Como explica el IGN las profundidades de los hipocentros se encuentran entre los 10 y 15 kilómetros, a excepción de seis terremotos que han ocurrido a gran profundidad (30 y 36 km).

Sin indicios de otro volcán

«Lo que está ocurriendo es una respuesta al sistema a la erupción y a los cambios de presión», remarca Domínguez. Esta señal sísmica unida a la estabilización de la deformación del terreno que, según el IGN, se acumula alrededor de los centros eruptivos ya abiertos en Cabeza de Vaca, por el momento, ratifican la postura de que no va a ocurrir una nueva erupción en ningún lugar alejado del cono eruptivo principal, como podría ser Fuencaliente. De hecho, según los investigadores, aunque es imposible descartar cualquier escenario, por el momento la de una nueva boca que surja en esa parte de la isla es la menos probable de todas.

El volcán, por tanto, no está dando sorpresas con respecto a lo que los científicos esperan de él. La posibilidad de que pudiera alimentarse de bolsas magmáticas situadas a mayor profundidad se contempló apenas unos días después de la erupción. Así lo expresó el geólogo de la Universidad de La Laguna (ULL), Ramón Casillas, quien en aquel entonces insistía en que si el volcán solo expulsara «lo que hay en esa primera bolsa magmática», la que se encontraba a tan solo seis kilómetros de profundidad, era posible que la erupción durara «tan solo unas semanas». Sin embargo, para el investigador era mucho más probable que el volcán acabara nutriéndose de los reservorios de magma que se encuentran en bolsas más profundas, entre los 12 y 20 kilómetros de profundidad.

El principio y el final

Este tipo de sismicidad posterior a la rotura volcánica del terreno ha pasado «en todas las erupciones históricas [las 16 que se han producido desde el siglo XV]». Según el sismólogo del IGN, en todos estos episodios, la mayoría ocurridos en Tenerife, La Palma y El Hierro, «se han producido terremotos sentidos por la población». No hay que remontarse hasta el año 1.700 para encontrar un ejemplo de ello.

La erupción del Tagoro, en El Hierro, mostró que la sismicidad puede ser tanto la manifestación del nacimiento de un futuro volcán como un síntoma de la muerte del mismo. «Tuvimos varios años de actividad sísmica posterior a la erupción del Tagoro a más profundidad –como está ocurriendo ahora–, pero en una zona diferente a donde había ocurrido la erupción», señala Domínguez. En El Hierro, tras varios años de enjambres con periodicidad aleatoria en la zona, la actividad cesó con la consecución de varios fuertes terremotos –de magnitud mayor a 3– entre noviembre y diciembre de 2013. A partir de entonces, el volcán se ha vuelto a dormir y la actividad sísmica de esa isla ha quedado reducida a un par de terremotos de baja magnitud cada año.

El buque Ramón Margalef parte de La Palma


El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) acaba de finalizar la primera campaña oceanográfica multidisciplinar en la zona sur-oeste de la isla de La Palma. El objetivo ha sido dar respuesta a los requerimientos del comité científico del Pevolca (Plan de Emergencia por riesgo Volcánico de Canarias) con carácter de emergencia. Durante 10 días de trabajo ininterrumpido, ha realizado un completo estudio de las propiedades físico-químicas y biológicas del agua y de la geomorfología del fondo marino antes y justo después de la llegada de la colada al océano. En total se han recogido cerca de 3000 muestras de agua de mar que suponen más de 500 litros, recogidas desde la superficie hasta los 1200 metros de profundidad y, algunas de ellas, a escasos metros de la colada. Entre los análisis destaca el de la temperatura del agua superficial en el entorno de la fajana de lava y de biomarcadores para monitorizar las alteraciones en el ecosistema. Está previsto que el próximo 14 de octubre llegue a la zona el buque oceanográfico Ángeles Alvariño. | L.P

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