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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Música | 38º Festival de Música de Canarias

Jaroussky con Thibaut: un dúo de virtuosos

El más importante y celebrado contratenor del mundo actual, el francés Philipp Jaroussky, ha cantado por primera vez en Canarias, dentro del 38º Festival de Música.

Su voz natural es la de tenor y su voz artística la de mezzosoprano. Con la extensión del registro de pecho y una inspiración extraordinaria, ha conseguido una cantabilidad aparentemente fácil, muy segura, musical al cien por cien, minimizando lo único que esta técnica de emisión no puede conseguir, que son los armónicos de la voz en notas largas.

Inició en Canarias una gira mundial junto al francoespañol Thibaut García, un guitarrista clásico de perfecta técnica y extraordinaria calidad expresiva. Dueto espléndidamente avenido, hispanohablantes ambos y con un instinto de comunicación ingenioso, discreto, amable.

Se daban todas las condiciones para un gran concierto, y así fue: muy bien comprendido y compartido con el público que llenaba el Teatro Pérez Galdós, idóneo espacio acústico acondicionado para una tímbrica muy natural.

Ofrecieron un programa muy placentero, mezclando estilos sin orden cronológico. Principio y final fueron sendas canciones de Poulenc y Britten, miembros respectivos del parnaso francés e inglés del siglo XX. Entre ambos, un variado repertorio barroco, otro romántico y un terecero nacionalista, inercalando en el canto algunos solos de guitarra sencillamente magnífcos.

Impecables ambos en los ingleses Come again de Dowland y Lamento de Dido de Purcel; dulces y amables en los italianos Giordano, Caccini y Paisiello; impresionante la voz en la agilidad de Rossini, y atormentados en El rey de los alisios, de Schubert.

La entrada en la canción española de concierto nos hizo gozar del refinado Mirar de la maja, de Granados y Anda jaleo de Lorca, lleno de majeza.

La finezza de la balada brasileña brilló en la Manhá de Carnaval de Bonfá y el español en Alfonsina y el mar de Ramírez.

Repertorio, en suma, exquisito, tanto en el Renacimiento como en las baladas populares, elegidas en función de su calidad melódica y su marchamo de universalidad y belleza.

También acordadas a la la singular naturarleza de la voz, fluyente y entera, rica en color, con agudos llenos, ágil en los grados dinámicos y espléndida en ligados. En suma, una voz «natural» y generosa en todas su riqueza, incluso en la de chansonier de los bises.

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