El 90% de los casos de alergia a la leche de vaca en la infancia se resuelve de forma espontánea

El rechazo a las proteínas tiende a remitir antes de los cinco primeros años de vida 

Sara Moreno, dietista integrativa en La Minilla Centro Médico.

Sara Moreno, dietista integrativa en La Minilla Centro Médico. / La Provincia

La alergia a las proteínas de la leche de vaca es la hipersensibilidad alimentaria más frecuente que experimentan los niños menores de 24 meses. No obstante, en el 90% de los casos, el problema suele remitir antes de los cinco primeros años de vida. Así lo pone de manifiesto Sara Moreno, dietista integrativa en La Minilla Centro Médico. «Este tipo de alergia se suele resolver de forma espontánea, pero los especialistas deben repetir las pruebas diagnósticas y hacer un seguimiento de cada paciente para valorar cómo se puede volver a introducir el alimento en la dieta», informa la profesional. 

Según los datos que maneja la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap), esta alergia afecta al 2,5% de la población infantil menor de dos años. En el manejo de este conflicto están implicados profesionales de diferentes áreas. «Sabemos que la prevalencia mundial va en aumento y que la tasa se ha multiplicado con el paso de los años. Ahora bien, el principal problema es que cada vez los síntomas se vuelven un poco más graves, por lo que es importante poner el foco de atención en estas alergias», subraya Moreno.

No obstante, las señales que alertan de la manifestación de esta reacción adversa varían en función de si la alergia está mediada o no por los anticuerpos IgE. Si es así, los síntomas más frecuentes aparecen a nivel cutáneo –urticaria, picor o edemas, por ejemplo–, pero también puede manifestarse sintomatología respiratoria y, en los casos más graves, llegar a sufrir un shock anafiláctico. «Los síntomas tienden a acontecer en cuestión de minutos o antes de la hora posterior a la ingesta», detalla. Por el contrario, si no intervienen estos anticuerpos, la aparición de los efectos es más tardía y se refleja, sobre todo, a nivel gastrointestinal –vómitos, diarrea e, incluso, sangre en las deposiciones–. 

Las señales que alertan de la manifestación de esta reacción adversa varían

Pero, ¿qué alimentos pueden sustituir el aporte nutricional que realiza la leche de vaca? Tal y como indica la experta, las diferentes opciones deben ser evaluadas en las consultas de dietética. «En primer lugar, debemos ofrecerle a las familias una buena educación nutricional, analizar los patrones alimenticios de las madres lactantes y garantizar que haya un aporte suficiente de proteínas, calcio, vitamina D y yodo», anota. 

En este sentido, hay que señalar que tanto las proteínas como el yodo se pueden obtener del pescado, las carnes magras, los mariscos y los huevos, mientras que el aporte de calcio se puede encontrar en las sardinas en conserva, las semillas de sésamo, las judías, las almendras o el brócoli. Asimismo, la vitamina D se puede sintetizar a través del sol, o bien, por medio de nutrientes como los pescados azules, los huevos y algunas bebidas vegetales fortificadas. «En los últimos años han surgido nuevas líneas de investigación que han empezado a estudiar el uso de probióticos para favorecer la respuesta a los alérgenos. De hecho, se ha demostrado que pueden contribuir a que los niños tengan una mayor tolerancia a las proteínas de la leche de vaca", asegura la especialista del centro capitalino. 

Cabe destacar que las madres lactantes que consumen leche de vaca traspasan estas proteínas a los bebés a la hora de dar el pecho. Sin embargo, la lactancia materna puede ser compatible con este clase de alergia. Por tanto, el factor que determinará la necesidad de excluir este alimento de la dieta será la tolerancia de cada niño. «En aquellos casos en los que sea necesario realizar una dieta de eliminación de la leche de vaca en la madre lactante, también hay que suprimir los lácteos derivados de las cabras y las ovejas, así como el consumo de lactosa», recalca Sara Moreno. 

Para diagnosticar esta alergia es necesario que el paciente se someta a una serie de pruebas. Un ejemplo lo ponen los prick test, que consisten en exponer la piel al alérgeno para observar si se produce o no una reacción. A ellos se suman las analíticas, que permiten averiguar si el proceso está mediado por los anticuerpos IgE. «En ocasiones, las pruebas reflejan un resultado negativo. Si esto sucede, se puede eliminar el alérgeno de la alimentación para comprobar si así desaparece la sintomatología», apunta la profesional. «Para que el abordaje de estos cuadros tenga éxito, el trabajo multidisciplinar entre alergólogos, pediatras , dietistas y otros especialistas es clave», asevera. 

Por otro lado, la dietista hace hincapié en la importancia de no confundir las alergias con las intolerancias. «En las primeras interviene el sistema inmunitario y se caracterizan por manifestar un rechazo a ciertos agentes o a proteínas, mientras que en las segundas no está implicado el sistema inmune y se producen por una reacción a hidratos de carbono como la lactosa», aclara Moreno.