La valentía de ponerse en pie

Laura Martell, trabajadora en Inserta Empleo, convive con crisis de epilepsia y síncopes

Laura Martell, trabajadora de Inserta Empleo. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Laura Martell, trabajadora de Inserta Empleo. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ / Iván Alejandro Hernández

Iván Alejandro Hernández

Iván Alejandro Hernández

Canarias es una de las autonomías con los índices más bajos en trabajo y formación de personas con discapacidad. Desde inserta Empleo, el propio colectivo intenta romper los estigmas.

Mientras le hacen fotos para este reportaje, Laura Martell revela que está nerviosa. Durante la conversación, con las palmas de las manos tensas sobre la mesa, pide un respiro. Toma aire, apenas dos segundos, y sin dejar de sonreír, prosigue. Puede parecer algo sin mayor importancia. Hasta que cuenta que tiene reconocida una discapacidad por epilepsia y síncopes. Cuando le invade la inquietud puede perder el conocimiento y sufrir convulsiones. «Me quedo paralizada y puedo decirte que me voy a desmayar, otras no sé cuándo me va a dar, me quedo en blanco y me caigo», explica.

Graduada en Trabajo Social por vocación, Martell estuvo los cuatro años que cursó en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria sin levantarse de su asiento para exponer o hacer determinadas tareas. «Mi discapacidad en la carrera me afectaba mucho», reconoce. Por eso, hay un día que guarda especialmente en su memoria: cuando defendió su trabajo de fin de grado, que versó sobre una guía de recursos afectivos-sexuales para trabajadores sociales de atención primaria.

«¿Estás segura?», le preguntaban, sorprendidos, los docentes. Pero Martell tenía clara su decisión. «Lo quería hacer de pie. Y lo terminé. Aparte de todo lo que estudié, para mí fue un logro tremendo, crecí muchísimo», recuerda. Una palabra define lo que significó cerrar así esa etapa: «Terminé mis estudios feliz».

«La opotunidad de trabajar me ha hecho crecer, sobre todo, personalmente», dice Laura Martell

Desde enero, Martell trabaja en Inserta Empleo, una entidad de la Fundación ONCE dedicada a fomentar la integración laboral de las personas con discapacidad compuesto por un equipo de 13 personas en la provincia de Las Palmas, que también forma parte del colectivo. Martell se dedica a tutorizar candidaturas para distintos trabajos, desde cómo preparar un currículum a dar pautas para las entrevistas. Todo, con el objetivo de hacer más fácil la inserción «de cualquier persona, independientemente de su discapacidad», desde las visuales, auditivas, intelectuales, psicosociales o la incapacidad.

«Soy feliz como trabajadora en Inserta. La oportunidad que me han dado aquí, me ha hecho crecer profesionalmente, pero sobre todo, personalmente», subraya. Sin embargo, el caso de Martell es atípico, al menos, según los últimos datos del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España. El Archipiélago es, junto a Andalucía, la comunidad con la tasa de empleo más baja en este sector de la población, con un 20,2%. En los parámetros para la inserción laboral, también está a la cola junto con Extremadura.

Martell asegura que su discapacidad nunca ha sido un obstáculo para acceder al mercado laboral. Antes de Inserta Empleo, ejerció como dependienta y teleoperadora. El único aspecto que sí ha supuesto una barrera es la movilidad y las exigencias de contar con un vehículo. Martell no puede conducir y vivía en Tenteniguada. «Allí el transporte muchas veces es irregular. A veces tenía que dejar pasar ofertas porque no podía llegar a mi casa si tenía que salir a las diez de la noche, porque la última guagua regresaba a las 21.30. Solo podía trabajar de mañana».

«La inserción es difícil porque la sociedad no toma en consideración a las personas con discapacidad», expone

Pero como trabajadora social y en su experiencia con alumnado en desempleo, observa que «la inserción es complicada porque la sociedad no toma en cuenta a las personas con discapacidad en muchos aspectos (..) existe estigma o discriminación y en el empleo, aún más». Por parte de las empresas, pide que no juzguen ni limiten a las personas por su discapacidad, porque en ocasiones se rechazan perfiles aptos para determinados puestos solo por su condición. «Las personas con discapacidad pueden dar lo mejor de sí mismos», acentúa.

Si bien, Martell también reivindica la importancia de la formación. En este sentido, la tasa de estudios primarios asciende hasta el 25,2% y, de secundaria, sube al 49,2%, pero cae al 15,6% en los superiores, unos datos que vuelven a situar a las Islas a la cola en España. «Según mi experiencia, los usuarios empiezan a trabajar muy jóvenes y dejan los estudios. A todos, independientemente de la edad que tengan, les digo que se tienen que formar», remarca Martell.

Aunque desde las instituciones públicas se incentiva económicamente a las empresas para contratar a personas con discapacidad, persisten carencias en la implicación o la atención. Como ejemplo, Martell expone que desde el Servicio Canario de Empleo o la Seguridad Social se adolece de recursos para prestar un servicio adecuado.

«La discapacidad es algo normal y muchas veces se intenta ocultar. Ni se debe ni se puede esconder. Nadie quiere tener una discapacidad, pero si te toca tenerla, ¿qué haces? Lo lógico es contar con recursos y apoyos. Se debe tratar de forma diferencial y que se vuelquen con las personas con discapacidad. Pero los recursos públicos son escasos. Nosotros (Inserta Empleo) tenemos fondos sociales europeos y la ONCE. Trabajamos por proyectos. ¿Dónde están las entidades públicas apostando por la integración de las personas con discapacidad?», concluye Martell.