«Desde las tres de la madrugada esto ha sido una auténtica locura»

Con la imagen de la erupción volcánica aún en la retina, miles de vecinos de Puntagorda y Tijarafe dejan sus casas con lo puesto

Una mujer refresca los alrededores de su vivienda ayer en Puntagorda. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Una mujer refresca los alrededores de su vivienda ayer en Puntagorda. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ / Ramón Pérez

Pisar Puntagorda y Tijarafe retrae a cualquiera a lo ocurrido en La Palma hace apenas 22 meses. Un olor distinto al habitual, ceniza que cae sobre las cabezas y de nuevo un sentimiento de resignación de que poco más se puede hacer. Miles de vecinos de la comarca noroeste de La Palma se llevaron un nuevo sobresalto de madrugada en una de las zonas de mayor peligrosidad de incendio forestal de todo el país. Esta vez el fuego se prendió pocos minutos después de la 1:00 de un sábado incipiente en el que las condiciones climáticas anunciaban que algo podía pasar.

Más de 30 grados centígrados, menos de 30% de humedad y vientos superiores a los 30 kilómetros por hora. Es el famoso 30-30-30, el cóctel perfecto para el fuego. Una chispa, un descuido o un acto intencionado –ayer no se sabía todavía qué pudo ocurrir– dispararon las llamas. Recorrer la carretera entre los dos municipios afectados, Puntagorda y Tijarafe, deja a ambos lados un panorama desolador, con casas y pajeros destruidos, y con pequeños rebrotes por donde ya habían actuado los equipos de emergencia.

Una de esas vecinas desalojadas es Linda Jones, de Puntagorda. «Dormíamos todos en casa cuando, sobre la una de la madrugada, oímos el claxon de un coche que circulaba por la pista de Fátima», describe. Junto a toda su familia, está ahora en el Polideportivo Severo Rodríguez, en Los Llanos de Aridane. Ese aviso para la evacuación lo volvieron a oír en una segunda ocasión. «Fue ahí cuando nos extrañamos, así que decidimos levantarnos a ver qué pasaba». En ese momento, otro vecino les advirtió que había un incendio en El Fayal.

«Se veía todo horrible»

Esta vecina cuenta cómo decidieron irse al mirador de Fátima, cercano a su domicilio. «Se veía todo horrible pero aún el fuego estaba a bastante distancia», describe. Asegura que sobre las cuatro de la madrugada ya se veían las pavesas saltar por toda la zona, por lo que decidieron que era hora de recoger sus pertenencias más importantes y marcharse. «Un rato después, pasó el alcalde de Puntagorda para tranquilizarnos y al poco tiempo la Guardia Civil nos indicó por dónde salir», detalla Linda Jones. De allí, se trasladaron hasta la montaña de Garome, un lugar desde el que podían ver su casa, pero al rato el humo y la ceniza llegó hasta allí y lo tapó todo. Poco después fueron evacuados hasta el Polideportivo que ha habilitado el Cabildo de La Palma para acoger a los afectados.

Todo ocurrió cuando La Palma sigue luchando por recuperarse de los efectos del Tajogaite, aún no superados, una erupción que sigue en la memoria de todos estos nuevos afectados de otra catástrofe natural que marcará, y mucho, los procesos sociales y económicos de La Palma. Esta vez era fuego, no lava. Ellos lo saben. Esos miles de personas que han tenido que abandonar sus casas son conscientes de que es lo mejor para su seguridad, más allá de algunos casos que se resisten, sobre todo, a abandonar a sus animales, aunque también existen operativos para reubicar a esas mascotas o cabezas de ganado. Pero es precisamente su actitud la que alaban todos los efectivos que participan en su evacuación. La experiencia del volcán les hace ser conscientes de la necesidad de colaborar, haciéndolo con la predisposición de que su salida de las casas permitirá a los efectivos concentrarse en lo importante, la extinción del fuego. Precisamente esa ha sido la consigna desde que se activaron todos los medios: primero las personas, después las viviendas y por último la extinción en el monte.

«Desde las tres de la madrugada esto ha sido una auténtica locura»

«Desde las tres de la madrugada esto ha sido una auténtica locura» / Ramón Pérez

Graciela es otra vecina de Puntagorda. Se mantuvo en su casa hasta el último momento en el que definitivamente, de manera preventiva, también tuvo que irse. Reconoce que la noche ha sido «muy crítica», obligándoles las circunstancias a «correr mucho». «Me levanté porque olía mucho a humo y precisamente por la ventana de mí casa veía un puntito de luz». Fue justamente en ese momento cuando «se prendió completamente con una especie de explosión».

Preparados para evacuar

Desde primera hora de la mañana, la Guardia Civil advirtió a Gabriela y a su familia que tuvieran todo preparado, incluida una mochila con todos los papeles, porque les advirtieron que por la noche se espera cambio de viento, lo que podía hacer que el fuego volviera sobre lo quemado», señala. Quien les ha mantenido en vilo es uno de sus hermanos. Durante toda la jornada ha estado en el monte «intentando salvar la viña, y aunque está con un grupo sabemos cómo son las cosas en estas incidencias», se lamenta Graciela, para reconocer que «así somos los puntagorderos».

«Desde las tres de la madrugada esto ha sido una auténtica locura»

«Desde las tres de la madrugada esto ha sido una auténtica locura» / Ramón Pérez

Otra de las vecinas, que en su caso pasará la noche en su casa, es Érica Rocha. Desde Aguatavar, en Tijarafe, vivió las primeras horas con cierta tranquilidad, aunque reconoce que rápidamente les avisaron para que estuvieran pendientes». Ante esta situación reconoce con resignación que «no hay nada que hacer», y más allá de prepararse sólo queda esperar. «Tenemos mangueras conectadas, el patio limpio, cubos de agua llenos y el coche cargado por si hay que salir corriendo», reconoce. En ese vehículo carga «todas las cosas a las que tenemos más cariño». Desde primera hora de la madrugada estaba pendiente de la evolución del fuego, que «aunque comenzó en Puntagorda rápidamente llegó a los altos de nuestro barrio». Ella y su pareja siguen en su casa, pero su madre, vecina, fue evacuada desde un primer momento a casa de unos familiares a Garafía.

«Dormíamos cuando de repente oímos el claxon de un coche; luego vimos por qué era», cuenta Linda

Pedro es un vecino de La Punta, barrio que va desde la costa hasta el monte. Desde su casa se puede apreciar la grandiosidad de las llamas. Cómo devoran uno tras otro los pinos. La intensa columna de humo se posa sobre su casa, pero con tranquilidad afirma que «para que el fuego llegue a mi casa tienen que pasar muchas cosas». Esta afirmación es capaz de hacerla por el convencimiento de que su trabajo en la limpieza de los alrededores de su vivienda y, sobre todo, el mantenimiento en producción de todas las fincas que la rodean servirán de protección ante el posible cambio de dirección del viento y el avance de las llamas. Pero Pedro también es crítico. Reconoce que desde su desconocimiento hecha en falta que lleguen más operativos. «Esto ha sido una auténtica locura durante todo el día», narra.

Incendio forestal en La Palma.

Aún así tiene preparado en su casa todo el contingente necesario para protegerla. Depósito lleno y cubos de agua, pero también todos los papeles de sus propiedades en un sobre. Las lecciones del Tajogaite han calado en toda la sociedad palmera. «Ahora mismo eso es lo importante, tener todo controlado», señala, mientras le dice a su esposa que es el momento de regresar a la casa con la caída de la noche.

Una vecina asegura que el fuego se generó tras una fiesta en el pueblo de Las Tricias

Luisa Martín es vecina de Tazacorte, pero sus dos abuelos residen en Puntagorda. Ellos no han sufrido pérdidas aún, pero «desde las tres de la mañana esto ha sido una locura». Ha decidido quedarse en Puntagorda a pesar de recibir los avisos de evacuación, «vemos el fuego desde muy lejos», esa es la principal razón. Afortunadamente reconoce que no han estado en peligro, pero si otros familiares y amigos a los que se les ha quemado la casa. Por último, se atreve a adelantar una causa del inicio del fuego. «Seguro que fue una puñetera colilla», ya que el fuego se inició, dice, «cuando terminó una fiesta que había en Las Tricias».

Salvar a los animales

Ricardo Hernández, de Siacan, empresa que se dedica al bienestar animal en la Isla, además de hacer funciones de perito judicial cinológico, se desplazó a la zona del incendio junto a su equipo para colaborar en otro tipo de evacuaciones, las de los «animales de familia y de granja», como los llama. Precisamente el volcán permitió desarrollar una serie de protocolos al respecto que en esta emergencia se están poniendo también en marcha. Así, de esa manera, y con vehículos adaptados para el transporte de animales, Ricardo y su gente han desarrollado durante toda la jornada una labor de evacuación continua. Uno a uno han desalojado a estos animales a los que sus dueños no han podido atender. Desde perros, gatos y guacamayos a chivatos, cabras y ovejas.

Los han trasladado a la llamada Arca de Noé de El Paso, que se hizo famoso precisamente por acoger animales durante la erupción. Recalca que no son animales «que sus propietarios hayan dejado detrás». Todo lo contrario, recalca, «es precisamente el interés de estas personas por salvaguardar la integridad de sus animales lo que les ha llevado a llamarnos para que los saquemos del entorno peligroso».