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Tara se ilumina por fervor

Los vecinos del barrio preparan con mimo la celebración de sus fiestas, con la tradicional procesión de las antorchas y su parroquia engalanada

Rodrigo Rodríguez, María Reyes Ramírez y Eugenio Peñate, con varias de las antorchas, ayer, en la iglesia de Tara.

Rodrigo Rodríguez, María Reyes Ramírez y Eugenio Peñate, con varias de las antorchas, ayer, en la iglesia de Tara. S. CEBALLOS

Ayer tarde Tara era un remanso de paz, algo habitual por otra parte en este barrio cercano al casco urbano de Telde. No se veía mucha gente por la calle y apenas circulaban coches, pero en su parroquia lo tienen casi todo dispuesto para celebrar mañana su tradicional procesión de las antorchas, donde veinte vecinos iluminan la imagen de la Virgen de la Candelaria durante su recorrido por las calles del barrio.

Aunque este acto ha alcanzado más relevancia en los últimos años, sin embargo sus raíces se entroncan hasta el siglo XIX, cuando los vecinos de Tara empezaron a velar a la imagen de la Virgen en su cueva. No fue hasta febrero de 1971 cuando este acompañamiento a la Patrona del barrio se realiza, con algunas modificaciones, tal como se conoce hoy en día.

Eugenio Peñate, párroco desde hace una década de Tara; Rodrigo Rodríguez, presidente de la asociación vecinal, y María Reyes Ramírez Castro, exdirigente vecinal y maestra, relatan cómo se vive la festividad de la Candelaria en el barrio y cómo siguen con su esfuerzo para que la fiestas no se pierdan. "Son parte de nuestra vida y es una pena que se vayan olvidando tradiciones, formas de expresarse que de manera irreversible desaparecen", apunta el sacerdote.

María Reyes Ramírez Castro es una de las personas que mejor conoce la historia de Tara y ella misma es una referencia para los algo más de 900 residentes del barrio. Maestra de generaciones y la mujer a quien Matías Vega Guerra le entregó la llave de la ermita construida por el aquel entonces expresidente del Cabildo de Gran Canaria como mausoleo para él y su esposa, Clara Rosa Sintes Rodríguez. Reyes Ramírez comenta "que esta tradición se remonta al siglo XIX y consistía en que los vecinos velaban la imagen de la Virgen en su cueva con velas durante tres días y tres noches. La imagen pertenecía a la familia Navarro, que la cedía durante ese tiempo y luego volvía a la casa de su propietaria".

Más tarde, la talla se la donó María Encarnación Navarro a Matías Vega al considerar "que no podía estar en mejores manos", apunta Reyes Ramírez, quien fecha en febrero de 1971 el inicio de las fiestas de la Candelaria tal como se conocen hoy en día.

La razón es que hasta que no se inauguró y bendijo la ermita, el 3 de mayo de 1970, no se retomó la tradición aparcada durante varios años al tener la imagen el recordado matrimonio benefactor del barrio formado por Matías Vega y su esposa, Clara Rosa Sintes, enterrados ambos en la coqueta ermita de Tara, que posee un precioso artesonado de madera y varias piezas religiosas de gran valor artístico.

Eugenio Peñate y Rodrigo Rodríguez señalan que hace falta más implicación de los vecinos en estas fiestas, ya que es la asociación la que se encarga de la financiación de los actos "yendo de puerta en puerta de empresas para conseguir dinero para organizarlas". El Ayuntamiento colabora con el escenario y la seguridad, pero se echa de menos que los jóvenes se unan al esfuerzo del barrio.

Aun así, muestran su ilusión por estas renovadas fiestas, nacidas de una veneración mariana que en Canarias es muy importante desde siempre. Ahora esperan que mañana, al anochecer, las 20 antorchas que iluminen el trono de la Virgen congregue a todo el barrio.

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