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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La cala de culto de Gran Canaria

Los foráneos eligen La Garita para residir tras la pandemia por su carácter familiar y su calidad

La Garita. | ANDRÉS CRUZ

El mar rompe con fuerza contra la orilla de la playa de La Garita, en donde reposan sobre su grisácea arena pocas decenas de familias y grupos de amistades en un mediodía de entre semana en pleno mes de agosto. El cielo encapotado y la ligera brisa fría que recorre toda la cara quizá no ayuden a la hora de atraer más bañistas. Sin embargo, quien ama esta zona del litoral teldense lo hace a pesar de cualquier circunstancia adversa, convirtiéndose así a lo largo de los años en un pequeño paraje de admiración eterna, casi exclusivo; en la playa de culto de Gran Canaria.

La cala de culto  de Gran Canaria

La cala de culto de Gran Canaria ANDRÉS CRUZ

«Quien es gariteño lo es para toda la vida», expresa Paqui Martel, a la que puede verse prácticamente todos los días disfrutando de la calidez de su arena desde hace más de 30 años. «Me mudé aquí después de casarme y jamás me he querido ir», asegura, manifestando en alto la sensación de permanencia que comparten todos los vecinos del barrio y que comienzan casi de inmediato los nuevos residentes.

La cala de culto de Gran Canaria ANDRÉS CRUZ

Loli Castellano procede de Arucas, pero forma parte de la comunidad gariteña desde el año 88. «Se vive muy bien, es un barrio tranquilo y la gente es muy buena, hemos hecho una buena piña todos los vecinos», añade. De hecho, apenas unos minutos tumbada en la toalla le sirven para comenzar a saludar a la gente conocida. «Siempre estamos todos aquí», revela mientras saluda a Patricia, natural de Argentina, que llega con su sombrero y bolso de playa buscando una buena posición donde asentarse. Apenas lleva viviendo un año en la playa, pero ya confiesa que es su preferida de todas a las que ha podido visitar en este tiempo en la Isla.

Gente cercana

«Es muy buena para caminar, así que aprovecho todos los días; el agua también me encanta porque está muy limpia», sostiene, aunque admite que la marea a veces está un poco fuerte. «De todas formas si lo comparo con Mar del Plata, que es bravísimo, para mí es casi una piscina», ríe. Según confiesa, decidió mudarse a Canarias con su marido tras finalizar la cuarentena. «No nos querían renovar el piso donde vivíamos en Madrid, tenemos una hija viviendo aquí y nos lanzamos», asevera, añadiendo que fue una gran decisión. «La gente aquí es muy cercana, nada comparado con la península», comenta con humor.

No es la única foránea que ha aprovechado la oportunidad de trasladarse a esta cala en el último año. «Cuando terminó la cuarentena empezaron a mudarse bastantes extranjeros y peninsulares a la zona, algunos aprovechando sus viviendas vacacionales y otros buscando pisos de alquiler», admite Castellano, que ha hecho migas con algunos de estos nuevos vecinos. Julia Martel, presidenta del patronato de fiestas del barrio, coincide con esta observación. «La gente de fuera viene tentada por la playa, porque tiene unas condiciones buenísimas, además de que los precios de alquiler para ser una zona de costa están muy bajos y eso llama mucho la atención», considera.

El clima también es otro de los elementos que atraen a cualquiera. «He vivido fuera de Inglaterra desde hace más de 30 años y Canarias; aunque no me parece que tenga las mejores playas de los sitios en los que he estado, sí tiene el mejor clima», expresa John, sentado entre los riscos de La Garita con su mujer, Natalia. Viven en Casas Nuevas, así que por cercanía aprovechan para bajar a la cala siempre que tienen la oportunidad. «Pueden haber sitios más bonitos, eso es fácil; lo raro es encontrar un lugar donde puedas ir a la costa durante todo el año y este sin duda lo tiene», asegura con una sonrisa. Asimismo, destacan «lo recogidita que está la cala, por lo que no molesta mucho el viento», añaden a la par que subrayan que la calidad del agua ha mejorado cada vez más con el paso de los años. «Hace un tiempo al ponerme las gafas de agua siempre veía basura en el fondo, pero hicieron una buena limpieza hace poco y ahora está espectacular», concluye el inglés.

Muchos vecinos reafirman sus impresiones con respecto a la limpieza marina, pues en su mayor parte recalcan sobre todas las peculiaridades de La Garita que lo mejor que tiene es el mar y, concretamente, sus cristalinas aguas. «Este es el mejor mar de la Isla y si eres de aquí y lo conoces bien, te gusta», expresa Paqui Martel, gariteña desde hace 30 años, en relación a la fuerza de las olas, que en muchas ocasiones echa para atrás a los bañistas. «Mucha gente habla de Melenara o de Salinetas como las mejores playas de Telde, pero para mi no tienen nada que hacer; es que no me sabe darme un baño en ningún otro sitio que no sea aquí», admite emocionada. Su sentido de pertenencia ha sabido trasmitirlo a sus hijas. Paola Quintana, una de ellas, la acompaña desde que era pequeñita y ahora es ella quien visita la cala junto a sus propios niños. «Yo me he criado toda la vida aquí y a mis hijos no los muevo de aquí», asiente con convicción.

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Playa de La Garita, en Telde Andrés Cruz

Devoción

El caso de Paqui Romera es ligeramente diferente, pero prevalece el enraizamiento hacia esta costa. No es original de la zona, pero residió en una de sus viviendas durante siete años. «Tuve que irme hace dos por trabajo, pero desde entonces no he dejado de visitarlo una y otra vez», añade. Tanto es así que suele acercarse cada dos días para disfrutar de la playa y convertido en devota a toda su familia. Rodeada por su madre, su hermano y su cuñado admite que «vivo justo al lado de Las Canteras, pero no puede compararse con La Garita», defiende orgullosa. Por otro lado, aunque admite que siempre lleva el almuerzo de casa, cree que debería potenciarse los comercios locales, especialmente los negocios de restauración. «Hay muy pocos locales, esto necesita más vida», agrega.

Esa es una de las mayores demandas de la gente que frecuenta la playa, pero no es la única. Aunque la mayoría admite que la calidad del agua es excelente, no piensan lo mismo de la arena. «Está llena de colillas; es algo que no tiene nada que ver con la naturaliza, sino con el incivismo de la gente», admite Faustino del Pilar, que considera también que los servicios municipales tendrían que centrarse en efectuar una buena limpieza del entorno. Así mismo lo piensan también Carmen Medina y Juan Carlos Arencibia, una pareja de Las Palmas de Gran Canaria enamorada del barrio y su playa. «Es verdad que necesita más limpieza, que venga más a menudo la máquina para barrer todos los cigarros; aún así creemos que esta playa es estupenda», sostienen emocionados, señalando que no fue hasta que la hermana de Medina, Suli, se mudó al barrio hace unos 12 años, cuando comenzaron a ir asiduamente a la costa teldense. «Tampoco estaría mal que pusieran un chiringuito», añade con gracia Arencibia, por pedir.

«Todo el dinero para la costa se acaba centralizando en Melenara», denuncia por otra parte Paola Quintana, que señala que la playa tiene bastantes carencias. «Aunque es una playa tranquila, viene muchísima gente de otros municipios y faltan baños, un balnerario y mejores accesos», considera, a pesar de que el Ayuntamiento de Telde invirtió una buena cantidad de dinero en adecentar las escaleras y las plataformas de madera el año pasado, pues se encontraban en malas condiciones debido a la constante exposición con el salitre y la humedad.

En la lista de deseos de la ciudadanía gariteña también está apuntado una pasarela más larga, para facilitar al entrada a las personas mayores y con movilidad reducida, así como la ampliación del servicio de socorrismo. «Solo están disponibles en ciertas épocas, pero esta es una playa muy concurrida y hace falta todo el año», concreta.

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