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Telde

Aumentan las matrículas en las escuelas unitarias tras la pandemia

Algunos centros como el de La Gavia logran subsistir y otros aumentan las unidades

Algunos de los alumnos de la escuela unitaria de San Antonio durante sus clases. | | CER TELDE-VALSEQUILLO

La situación de la pandemia ha cambiado la vida en muchos aspectos. En el caso de la educación parece que la llegada del virus puso en alerta a la comunidad de padres de niños con edades comprendidas entre los ciclos de infantil y primaria. Si antes la balanza se inclinaba casi por completo hacia su inscripción en centros de educación ordinaria (en donde los pequeños acuden a los cursos que les corresponden según su año de nacimiento), la llegada del virus ha redirigido ligeramente la tendencia hacia las unitarias.

Así lo manifiesta Salvador Ramírez, coordinador del Colectivo de Escuelas Rurales (CER) Telde-Valsequillo. El educador asevera que aumentaron las matrículas en este tipo de colegios en el último curso escolar, que coincidió con el final del confinamiento. «Hemos detectado que las familias quieren tener a sus hijos en sitios pequeños, donde esté asegurado que los grupos burbujas están controlados; no es lo mismo tener a tu hijo en una unitaria que en un centro con 300 alumnos», sostiene, aunque subraya que «hay que resaltar el esfuerzo del equipo de los colegios ordinarios, que a pesar de todo han conseguido establecer las medidas suficientes para tener a raya los contagios; los casos en centros escolares han sido pocos y eso es de admirar».

Como uno de los casos extraordinarios señala el de la escuela Profesor Adelina Flores Medina, ubicada en el barrio cumbrero de La Gavia, en el que se han inscrito cuatro pequeños nuevos este curso. Y aunque puede parecer poca cosa supone todo un logro para el colectivo. «La normativa aplicada a las escuelas rurales estipula que si cuentan con menos de ocho matrículas en un curso es necesario cerrarlas, solo dejan un año de margen para remontar la situación», contextualiza Ramírez. El centro contaba únicamente con cinco alumnos en el curso anterior, pero afortunadamente han comenzado este septiembre con nueve.

De esta manera han asegurado su supervivencia, pero no es el único centro que ha experimentado un aumento de matrículas. Por ejemplo, el centro escolar de Montaña Las Palmas también se ha beneficiado de esta situación. En esta caso, han podido pasar de una unidad de estudio (que corresponde a una clase de entre diez y 15 niños) a tener dos. «Cuando solo hay un grupo en una escuela unitaria significa que todos los niños, independientemente de su edad, están juntos en la misma aula; cuando hay más de una unidad es posible separar los más mayores de los pequeños, pero solo se añaden más grupos cuando superan los 16 niños por aula», explica

Más escuelas de la Isla

Cabe resaltar que Telde es uno de los municipios de Gran Canaria con más escuelas unitarias. Empata únicamente con San Mateo al contar con un total de cinco centros: el Agustín Manrique de Lara, ubicado en el barrio de La Majadilla, que cuenta con tres unidades -una de infantil, otra desde primero a tercero de primaria y otra de cuarto a sexto-; los centros de Las Breñas y Montaña Las Palmas, que cuentan con dos grupos y el colegio de San Antonio y Profesor Adelina Flores Medina solo con uno.

«En un colegio ordinario no es posible ofrecer una atención integral a cada alumno porque son muchos y no hay suficiente tiempo; en las unitarias trabajan respetando el nivel del alumno, pero siempre de manera grupal», defiende Ramírez, que añade que «la mezcla de niños de diferentes edades supone un enriquecimiento increíble; es fundamental el trabajo cooperativo entre los integrantes del grupo».

Asimismo, defiende que no por ser centros escolares más pequeños están peor equipados. «Cuentan con todos los recursos tecnológicos necesarios como la fibra óptica, las pizarras digitales y portátiles para que los niños puedan realizar los ejercicios necesarios», resalta. «Funcionan como un centro ordinario, solo que tiene singularidades de una escuela rural como la educación mezclada», defiende.

Por otro lado, adelanta que está planteándose una iniciativa a nivel regional que consiste en la implantación de pequeños comedores en estos complejos educativos, planteados para servir comidas realizadas con productos cultivados en fincas de la zona. «Es un proyecto que ya ha comenzado en otros centros unitarios de otras islas, aunque es difícil porque supone mucho esfuerzo gestionar algo así», confiesa y recuerda que el equipo docente es muy escaso. De hecho, este tipo de escuelas solo cuentan con tutores por unidad, de modo que si solo hay un grupo es el propio director quien se encarga tanto de la clase como de la administración del centro y la portería.

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Actualmente el CER de Telde cuenta con nueve tutores. El otro grupo de trabajo es el de los especialistas; profesores que dan clases específicas como inglés; francés; educación física; religión y; pedagogía terapéutica. Además este año cuentan con un profesor de covid. «También compartimos profesorado con otros centros que no pertenecen al colectivo», añade el coordinador, que reitera los beneficios de la enseñanza en este tipo de complejos. «Los contenidos se enseñan interrelacionando unos con otros y también teniendo en cuenta la capacidad de aprendizaje de cada uno, por eso en la unitaria pueden converger diferentes metodologías», explica.

Sobre la adaptación que deben tener estos niños cuando llegan al instituto añade que no es para nada difícil en la mayoría de los casos. «Mucha gente se pregunta cómo afecta a los pequeños este cambio tan grande, pues pasan de estar en un centro muy pequeño con pocos compañeros a unas grandes instalaciones con mucha gente; depende de cada uno y su propia personalidad, pero la realidad es que en una unitaria es obligatorio participar y en la mayor parte de los casos el alumno cohibido no existe», asevera. «Probablemente lleguen de la unitaria alumnos con mejor capacidad de expresión que las escuelas ordinarias», sentencia, con la intención de seguir animando a los padres a inscribir a sus hijos en estos centros, aunque existen la obligación de que uno de los progenitores o familiares a estar empadronado en los barrios donde se ubican.

Considera crucial la tarea de seguir difundiendo lo positivo que puede resultar educar a los niños en estos centros para evitar cierres. «Porque lo que está claro es que cuando una unitaria se cierra ya no se vuelve a abrir», explica. El coordinar además asegura que el cierre de uno de estos colegios afecta directamente a la identidad del núcleo poblacional en donde se sitúa. Pero todavía no cunde el pánico. Puede decirse que las escuelas rurales aún aguantan el éxodo de las familias a las ciudades.

Ramírez destaca que en los 12 años que lleva al mando de la dirección del CER solo ha cerrado la de Cazadores. Por otra parte, algunos de los centros que cerraron en las décadas anteriores son el de La Solana; Las Goteras; Tecén y La Higuera Canaria, que ha sido adaptado para acoger la sede del colectivo. De Valsequillo también recuerda el colegio El Rincón; La Era de Mota y Correa.

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