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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Balance de un recorrido en la máxima categoría

El triste cierre de ciclo

La UD Las Palmas pone fin a tres campañas en Primera División en las que ha pasado de enamorar con su juego a descender de la manera más desalentadora

Jonathan Viera celebra su gol de penalti en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid la temporada pasada. EDUARDO CANDEL

Del Vicente Calderón el 22 de agosto de 2015 al Estadio de Gran Canaria el 18 de mayo de 2018. De la ilusión por volver a jugar en la máxima categoría 13 temporadas después a la incertidumbre de un regreso a Segunda que no se sabe cuánto va a durar. De la euforia por un equipo que enamoró con su estilo de juego al cabreo por una identidad perdida en cuestión de meses. Entre unas cosas y otras han pasado casi tres años y la UD Las Palmas, que tocó el cielo con el ascenso, se despide hoy de la Primera División con el sabor amargo de un descenso que, a principios de temporada, nadie esperaba.

En todo este tiempo el equipo amarillo ha experimentado una serie de vivencias que de la misma forma que le han llevado a estar en lo más alto, también le han colocado en el lugar actual. Como resumen, 27 victorias, 24 empates, 62 derrotas, 121 goles a favor, 199 en contra, seis entrenadores y 54 jugadores, de los que sólo los hermanos Castellano y Raúl podrían repetir en el 'once' de aquella calurosa tarde madrileña. Todo ello en 113 partidos, a falta del choque de hoy ante el Girona. Cifras que quizá expliquen por qué la UD está donde está.

Trece campañas después Las Palmas volvía a la Liga de los mejores en un estadio grande. Perdió, pero la derrota fue digna (1-0). La primera victoria llegó en la quinta jornada frente al Sevilla (2-1), con goles de Roque Mesa y Antolín Alcaraz. Sin embargo, la adaptación a la categoría no fue buena. En la búsqueda de una identidad Paco Herrera optó por la fórmula más rocosa: cinco defensas, un sistema que no había utilizado con los amarillos.

Los resultados no fueron buenos y el catalán acabó destituido tras la disputa de la octava jornada, cuando la UD cayó con estrépito en Getafe (4-0). Sin saberlo, la entidad amarilla contrataría al entrenador que iba a darle un lugar en el considerado mejor campeonato del mundo. La llegada de Quique Setién, con la posesión de balón como elemento "innegociable", supuso un cambio no sólo en la manera de jugar, sino también en la tendencia clasificatoria.

La UD consigue un estilo

El técnico cántabro, que debutaba en Primera, dio protagonismo a jugadores que hasta entonces estaban en el ostracismo como Vicente o Tana y a partir de un estilo de toque y ataque, elementos que siempre han caracterizado al futbolista canario, el equipo resurgió. Lo hizo sobre todo con una racha espectacular en la segunda vuelta en la que la UD consiguió seis victorias -cuatro de ella fuera de casa- en siete partidos ante Eibar (0-1), Getafe (4-0), Villarreal (0-1), Real Sociedad (0-1), Valencia (2-1) y Deportivo de La Coruña (1-3) que le llevaron directamente hacia la salvación.

Certificada la permanencia frente al Espanyol (4-0), Las Palmas afrontaba la temporada 2016-17 con el reto de afianzarse y no sólo lo consiguió, sino que también añadió un elemento nuevo a su sello identificativo: el caché. Prince Boateng exportó la imagen de la UD más allá de España y, además, protagonizó un gol que pasará a la historia amarilla por su belleza -en Villarreal-.

También fue participe de la mayor gesta de Las Palmas en estos tres años: el recital que dio en el Santiago Bernabéu ante todo un Real Madrid, al que no ganó por culpa de dos goles recibidos en los últimos minutos (3-3), algo que otro equipos ya habían sufrido en Chamartín. Fue ahí donde tocó techo, porque todo lo que vino después fue un auténtico desastre.

A las dos semanas del partidazo ante el campeón de Europa Setién anunció que no seguiría en la UD y aquel equipo único, que jugaba de memoria y que era respetado y alabado por todo el mundo, se fue muriendo poco a poco. Ocho derrotas en el tramo final, muchas de ellas sonrojantes -léase Athletic (5-1), Leganés (3-0) o Deportivo (3-0), le hicieron perder todo el prestigio conquistado. Sólo el buen hacer anterior le permitió mantener la categoría un año más.

Porque Las Palmas, ya desde enero, sabía que estaba prácticamente salvada. Es más, los refuerzos de Jesé Rodríguez y Alen Halilovic en el mercado invernal fueron, en teoría, para intentar aspirar incluso a los puestos que dan acceso a jugar la Europa League, sin embargo, el experimento, del que Setién no era partidario, no salió bien, sino todo lo contrario.

La campaña anterior sirvió también para corroborar un viejo mal que ha afectado a la UD durante toda su historia: el pobre bagaje lejos de Gran Canaria. Sólo consiguió una victoria fuera de casa y, además, en la primera jornada, ante el Valencia (2-4). El presente curso acabará también con un sólo triunfo foráneo, también al comienzo de la competición, en la tercera fecha en Málaga (1-3).

La hecatombe

Ese no es sino un dato del despropósito que ha sido la UD Las Palmas en este curso que termina hoy. El banquillo es fiel reflejo de lo que ha pasado. Todo comenzó por no confirmar a su entrenador hasta una semana antes del comienzo de la temporada. Finalmente fue Manolo Márquez el sustituto de Setién -ante el fichaje frustrado de Roberto De Zerbi- y el catalán dimitió después de cinco partidos porque estaba superado.

Continuó con el fracaso absoluto de Pako Ayestarán, con el que el equipo no reaccionó, prosiguió con Paquito Ortiz, que no desentonó a pesar de no tener el título y acabó con Paco Jémez, que hizo reaccionar a la UD pero luego resultó ser un espejismo.

Otros acontecimientos demuestran igualmente el descalabro: la fuga de Prince, la espera por Jémez, el fichaje de Emenike, la incorporación de 17 jugadores o la venta de Viera en febrero. Y así hasta hoy, cuando la UD pone fin a su ciclo de tres temporadas en Primera de la manera más triste.

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