UD Las Palmas-Racing de Santander: castigo a la sobradez (1-1)

El cuadro amarillo, que se adelanta con un gol de Pejiño en el minuto 24 y domina la primera parte, se conforma en la segunda y se deja empatar con un penalti absurdo en el 86. Viera, suplente

Los parones son indescifrables. Cuando llega uno, nadie sabe nunca cómo volverá, si será el mismo de antes o si, por contra, presentará una cara nueva. La UD Las Palmas experimentó las dos cosas. Por un lado, fue ese equipo solidario, lleno de vigor, rápido y atractivo que maravillo en muchos momentos de la primera vuelta, pero al mismo tiempo se mostró conservadora, sobrada como nunca antes lo había sido salvo en Miranda de Ebro, cuando ganaba por dos goles de ventaja y terminó por empatar. Lo peor de todo es que no aprendió del error, porque en el primer partido del año y de la segunda vuelta volvió a hacer lo mismo: se adelantó ante el Racing de Santander gracias a un gol de Pejiño en el minuto 24, dominó con ocasiones y tras el paso por el vestuario sesteó y recibió una bofetada en forma de empate por un penalti absurdo de Sergi Cardona que marcó Pombo en el 86'.

Fue un castigo a la sobradez, porque el cuadro amarillo ni siquiera defendió en su área en la segunda parte, sino que tocó y tocó sin que pasara nada salvo los minutos, hasta que en medio del tedio y del sueño el conjunto santanderino le despertó con muchos ataques que terminaron con el premio merecido del punto. Cuando reaccionó, porque tenía la capacidad de hacerlo aunque no había querido antes, ya no le quedaba tiempo. Aún así, gozó de tres ocasiones claras en los ocho minutos de descuento para haber enmendado su error, pero el encuentro de esta tarde ante más de 24.000 personas en Siete Palmas debía servir de lección.

Al final, Jonathan Viera fue suplente y eso ya cambiaba el guion. Estaba para ser titular después de semanas de recuperación de su pequeña rotura en el sóleo, pero, pactado o no, partió desde el banquillo. En realidad no suponía una novedad porque cada vez que tuvo algún problema físico y volvió, siempre lo hizo en la segunda parte. Esta era la tercera ocasión en todo el curso. Ninguno de los otros recuperados, Sandro, Benito y Valles, estuvo en un once en el que Álex Domínguez, Enrique Clemente y Marc Cardona ganaron la partida a sus oponentes. El resto, los previstos.

La electricidad de Moleiro, inspiradísimo por el centro seguramente porque es donde más le gusta jugar, fue la mejor evidencia de que Las Palmas estaba enchufada, móvil, intensa. El primer tiro no llegó hasta pasado el cuarto de hora de juego, cuando Fabio probó fortuna desde muy lejos y esta casi le sonríe, pero la sensación general era de que el equipo tocaba bien y encontraba vías para llegar al área rival.

Pero también lo hacía el rival, muy mejorado de aquel que en la primera vuelta se encerró en El Sardinero. Ahora, con José Alberto López al mando, se presentó en el Gran Canaria como un grupo atrevido, con cierto buen trato de la pelota y la idea muy clara de avanzar por las bandas y centrar balones en busca de uno de los varios que llegaban por el centro. Con unas cuantas de esas acciones provocaron la zozobra, sin embargo, el plan alegre tenía sus riesgos porque permitía a la UD correr, y cuando eso sucede, cualquiera está muerto.

Así, en una réplica amarilla, llegó un zarpazo mortal. Con muy pocos toques los amarillos se plantaron en la frontal del área rival, donde Moleiro volvió a tomar el mando. El tinerfeño abrió hacia la derecha, donde Pejiño, ya muy próximo a la portería, eligió recortar en vez de hacer la clásica jugada suya de conducir hacia el centro para luego tirar y fue la mejor decisión que pudo tomar, porque le permitió dejar atrás a Saúl, que ni se enteró de cómo le había superado, y plantarse delante de Parera, al que superó por alto con un disparo con la derecha, no con la zurda. Era la única opción que le quedaba. Eligió no inventar y también acertó (24').

El tanto supuso un bajonazo para el Racing, que pareció aturdido sobre el césped; a la UD, en cambio, le proporcionó la toma del control total. Bajó el ritmo e invitó a los cántabros a salir, y en una de esas veces en las que intentaron aproximarse al área pudo haber habido otra réplica letal, pero la jugada que comenzó con un pase de Álex Domínguez que sirvió para superar la presión y que pasó por varios jugadores amarillos termino en un centro de Sergi Cardona que Loiodice no llegó a enganchar por milímetros (37').

Quizá producto de un cierta relajación el cuadro de José Alberto se fue hacia arriba en el tramo final del primer acto y encontró la vía por la que creó más peligro, la banda izquierda de la UD, donde al lateral catalán le cogieron varias veces la espalda y Enrique Clemente se mostró muy blando. Mboula, el extremo derecho, le recortó como quiso y lanzó un misil que Álex Domínguez desvió a córner con una mano fuerte arriba mientras se quedaba de pie. Un paradón que evitó la igualada (44').

El paso por vestuarios sirvió para comprobar que Jonathan Viera fue el único futbolista que no calentó. Se fue al vestuario y luego regresó al banquillo, sin las botas puestas, con las playeras. Pactado o no, le había tocado la suplencia. En cuanto al juego, a la UD se le presentaba un partido casi perfecto, con ventaja en el marcador y la espera de la entrada del capitán para aumentar el control y dar la puntilla. La misma situación que en el choque frente al Leganés en casa, y aquel día hubo victoria (1-0).

Viera entró como estaba previsto una vez se conoció que no saldría de inicio, en el minuto 60, después de que en el primer cuarto de hora no pasara nada de nada. Era, por otra parte, el objetivo de Las Palmas, que no llegó arriba con peligro, pero tampoco sufrió en defensa. La mayor parte de las veces que guardó la ropa le salió bien, salvo en Miranda de Ebro, por lo que tenía un aval; al fina y al cabo, no estaba metida en su área, sino que dejaba pasar el tiempo mientras movía la pelota.

El de La Feria, ovacionado por la grada de un estadio en el que volvía a jugar después de su última aparición en el derbi del 26 de noviembre, ocupó el lugar de Moleiro, que se marchó igualmente entre aplausos. El primer detalle de calidad que dejó fue un pase por encima de la defensa que Pejiño no alcanzó por muy poco. El partido estaba para un destello o una aceleración que lo dejará visto para sentencia con un segundo tanto amarillo, porque el Racing, que reforzó el ataque con Matheus Aias y Vicente, ni se asomaba, cuestión, por otra parte, sospechosa.

Porque de repente, sin haber avisado, tuvo dos ocasiones muy claras para empatar. En la primera, Pombo ganó una carrera a Coco y si no marcó fue porque estaba un poco escorado hacia la izquierda y disparó al boleo, alto; en la segunda Matheus Aias remató forzado con el interior de la pierna izquierda tras recibir un pase de Mboula desde la derecha y el balón se fue al larguero. Domínguez estaba superado y sólo la fortuna salvó a los amarillos.

El mensaje era claro: Las Palmas debía hacer algo más para no poner en riesgo el resultado. Ya con Álvaro Jiménez y Sandro en el campo, y con Marc Cardona trasladado a la izquierda, subió un nivel de intensidad y así llegó su primer tiro de la segunda parte, en el minuto 75, por medio de Loiodice, alto. Luego Sandro buscó el gol con otro chut lejano, también por encima del larguero, y acto seguido Álvaro puso una pelota adelantada que no pilló Sandro de milagro. La UD había renacido tras el toque de atención.

Pero el Racing acabaría por encontrar el premio a su atrevimiento, con ayuda de Sergi Cardona, que se pasó de frenada y arrasó a un rival después de un centro lateral que venía desde el otro lado. La acción ya no llevaba peligro, pero el lateral la convirtió en penalti a favor de los de José Alberto que tuvo que pitar el VAR, porque Milla Alvendiz y su juez de línea fueron los únicos que no lo vieron. Pombo marcó con facilidad (86').

Un palo merecido. Bofetada por chulo. Sólo quedaban cuatro minutos por delante y luego el árbitro sumó ocho más. Curiosamente, fue cuando mejor jugó la UD. Los primeros cinco del descuento fueron un asedio total, con ocasiones muy claras para Sandro, con un tiro que paró Parera; Andone, con un cabezazo desviado por un defensa a córner; y Viera, en la más clara de todas: tras una jugada con varios toques cortos se abrió hueco en la frontal, pero el balón salió a la izquierda del meta. Ir tarde a por el segundo tuvo su castigo. Castigo por sobrados.  

Incidencias: partido correspondiente a la jornada vigésimo segunda de la Liga Smartbank jugado en el Estadio de Gran Canaria.