05 de marzo de 2015
05.03.2015
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Consejos padres

Claves para cuando los hijos se portan mal

Los niños funcionan mejor con el refuerzo de una conducta positiva y la retirada de atención cuando hay malas conductas

05.03.2015 | 14:50
Existen alternativas al castigo.

Para muchos padres hay una delgada línea entre no castigar y ser permisivo, aunque las diferencias puedan no ser tan claras los psicólogos infantiles parecen coincidir en que lo fundamental es que los niños entiendan que existen consecuencias positivas o negativas ante su conducta.

Según explica a Infosalus Silvia Álava, psicóloga infantil y autora de 'Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron de 0 a 6 años' (JdeJ Editores, 2014), lo más adecuado es cambiar con refuerzo positivo el concepto de castigo, que en la mayoría de los casos supone quitar al niño algo que tiene y quiere y enseñarle una vía efectiva para conseguir atención extra.

"La opción más adecuada es plantear la situación no como un castigo sino como una oportunidad que se ofrece al niño para elegir portarse bien o no portarse mal y ganarse así algo especial", señala la psicóloga infantil que añade que cada madre o padre debe plantear al niño según su edad las conductas específicas que se esperan de él y aquellos refuerzos positivos que va a conseguir, ya sea tiempo de televisión, con la consola o leyendo cuentos.

Según señala Álava, que no haya castigo no significa que no haya consecuencias si el niño se porta mal y esas consecuencias también deberían ser pactadas entre padres e hijos. "Si el niño se porta mal y no puede hacer algo que le gusta no se debe trasladar al menor la idea de que se trata de un castigo sino que el mensaje es que no se lo ha ganado", señala.

Cuando los niños son mayores o adolescentes, Álava apunta que suele decirles que entre los derechos universales que tienen todos los niños no se encuentra ver la televisión o jugar con la consola, que estos son pequeños privilegios que hay que ganarse.

En el caso en el que los niños ya se encuentran realizando aquello que les gusta pero a la vez están portándose mal, la psicóloga aconseja que si se les retira del juego no hay que enfocarlo como un castigo sino como una actividad que ya han dejado de ganarse. En estos casos, cuando la actitud del niño es la de la pataleta, Álava aconseja practicar el 'tiempo fuera'.

"En estos casos los niños buscan que le devolvamos aquello que les hemos quitado y que nos quedemos a su lado para retener nuestra atención, con los niños persistentes es mejor decirle que mientras se comporten así no vamos a prestarles atención y salir de la habitación para evitar retroalimentar su conducta", añade la psicóloga.

Cuando se trata de niños que tratan de evadir estos tiempos fuera o las consecuencias negativas de su conducta mediante la fuerza física, Álava señala que la mejor forma de actuar es mostrando firmeza a través de la comunicación no verbal.

"En estos casos los niños no tienen capacidad racional para entender las explicaciones de los padres, por eso hay que optar por emplear pocas frases y mostrar firmeza y seguridad evitando una reacción emocional fuerte y trasladar al niño el mensaje de que el problema es suyo y no de mamá o papá", señala la autora.

Errores más comunes al castigar

Según señala Álava en su texto, "muchos padres abusan del castigo, confundiendo castigo con buena educación y con ello consiguen que la situación empeore cada vez más". Por ello, es útil tener en mente los principales errores que cometemos los padres al castigar, que para la psicóloga son:

-Castigos muy largos: no es viable un mes de castigo porque los padres no van a poderlo mantener y el niño puede considerar que si ya está castigado durante un tiempo largo no hay motivo para portarse bien.

-Castigos postergados o no inmediatos: si el castigo no se realiza al momento y se aplaza unos días se corre el riesgo de olvidar ejecutarlo o que el niño ni recuerde el motivo además de que se pierde la posibilidad de que el niño se porte bien hasta que llegue el día del castigo.

-Castigos desproporcionados: hay que ser realistas y no dejarse llevar por el enfado del momento al castigar al niño.

-Castigos generalizados: si se castiga por y con todo al niño éste puede entrar en un estado de desmotivación y el efecto conseguido ser el opuesto al deseado. Hay que darle la opción de conseguir pequeños premios a diario y explicarle cómo puede hacerlo.

-Castigar a toda la familia: los castigos deben ser a título individual, no debe extenderse la situación a los hermanos ni al resto de la familia. En las discusiones entre hermanos hay que reforzar de forma positiva al que se porta bien y dejar fuera de la situación y retirar la atención de aquel que se porta mal.

"Los niños funcionan mejor con el refuerzo, que se practica cuando a una conducta dada le sigue algo positivo, y con la extinción de las malas conductas mediante la retirada de nuestra atención cuando están realizándolas", concluye Álava, que ha donado los derechos de autor de su obra a la Asociación Nuevo Futuro.

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