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Análisis Gobierno de corto recorrido

Ventana de oportunidad

Para aprobar los presupuestos, el PP necesita, además del voto de Ciudadanos, a los cinco del PNV y a los dos nacionalistas canarios

Ventana de oportunidad

Ventana de oportunidad

En los cinco días que tardó Rajoy en formar su nuevo Gobierno, se especuló mucho sobre la decisión final que tomaría el presidente. Se le presentó un dilema: o bien optar por un gobierno continuista de corta duración, de uno o dos años, que se prepara para las elecciones que provocará la inevitable confrontación con Cataluña. O la otra opción: la de un gobierno de amplio talante reformista que, gracias a ello, lograra la estabilidad necesaria para durar los cuatro años.

Por lo que parece, Rajoy se decidió finalmente por un Gobierno continuista. En eso están de acuerdo todos los grandes medios internacionales, además de los nacionales. Aunque unos lo alaban y otros lo critican. Pero, en realidad, nadie se sorprendió. En el debate de investidura, Rajoy pasó de mostrar su compromiso con las 150 medidas del acuerdo con Ciudadanos a, de repente, mostrar inquieto sus dos líneas rojas: control del déficit presupuestario y no cambiar sus reformas, solo retocarlas.

Es decir, decidió mantener a Cristóbal Montoro en Hacienda y no elevar, como se había dicho, a Luis de Guindo como nuevo vicepresidente económico. La apuesta por Guindos era claramente la de Ciudadanos y un sector del PSOE, que exigían sacrificar a Montoro para lograr una nueva política económica basada en el equilibrio entre rigor y crecimiento, en el espíritu reformista pactado por Luis de Guindos y Garicano, el prestigioso economista de Ciudadanos.

Rajoy hizo, por tanto, de Rajoy una vez más: repartir el poder del Gobierno entre los dos aspirantes más cualificados. Equilibrarlos y controlarlos, reservándose la Presidencia de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos para, desde ahí, arbitrar las diferencias. Es decir, continuismo puro. Obligar a Guindos a seguir jugando el papel que no le gusta: explicar en Europa lo que él no decide y, a veces, no entiende. Y los europeos tampoco. Porque eso de separar Economía y Hacienda no se produce ni en Francia, Reino Unido, Alemania, en ninguno de los grandes países europeos. Nadie se imagina a Schäuble aceptando ese papel en la dirección de la política económica alemana. También es verdad que por ahí fuera no existe otro Rajoy, experto en dividir el poder, para neutralizarlo, y controlarlo solo él.

El hecho es que los canarios vamos a sufrir un poco más con Montoro que con Guindos para sacar adelante tanto el Régimen Económico y Fiscal como un reparto justo en la financiación autonómica. Aunque parece que Ana Oramas no comparte esa opinión. Ha dicho que se alegra de la continuidad de Montoro "porque ha demostrado que conoce muy bien el REF". Es posible que sea así. Y también podría ser que la que no conoce bien el REF sea Ana Oramas. Porque hay dos REF: el de las subvenciones y compensaciones a los costes de lejanía, es decir, poca cosa. Y el REF que aprobó, en un documento base, el Parlamento de Canarias, que implica un cambio histórico de nuestro modelo económico. Hasta ahora, Montoro solo ha estado dispuesto a aceptar las partes menos importantes y secundarias del REF, pero no sus puntos esenciales.

Los otros ministerios

También ha sido saludada la continuidad de Fátima Báñez en Empleo y Seguridad Social. Los que han negociado recientemente con ella dicen: "Es verdad que se cargó algo tan importante como el Plan Integral de Empleo de Canarias. Pero ahora reconoce que hay que recuperarlo". Ojalá sea así. Pero eso va a depender de cómo se cuadren las cuentas de los presupuestos del 2017, que se han de aprobar en enero próximo. Se repetirá la pelea clásica Guindos-Montoro. La pelea se centrará en cómo obtener los 5.500 millones que exige la Unión Europea, bien en recortes de gasto o incremento de ingresos.

Desde luego, es imposible hacer más recortes en Educación y Sanidad, porque además no permitiría la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica, que hay que acometer con carácter inmediato. Ahí Canarias se juega el que cada ciudadano que viva en las Islas tenga las mismas prestaciones públicas que otro que viva en la Península. Lo que actualmente no ocurre.

Y si estos recortes no son posibles, tendrían que salir de un incremento de ingresos en la reforma del Impuesto de Sociedades para las grandes empresas. Este impuesto está recaudando actualmente la mitad de lo que debía, gracias a "los regalos de Montoro" y a la famosa amnistía fiscal que Ciudadanos exige corregir. Y en la que Guindos y Garicano estaban de acuerdo, pero Montoro no.

Si hay más ingresos es posible incrementar razonablemente las inversiones públicas. Esta va a ser otra de las grandes peleas para el nuevo presupuesto. El problema lo va a tener el nuevo ministro de Fomento, Iñigo de la Serna. Un nuevo político, casi desconocido, alcalde de Santander, pero los que lo conocen ya apuntan que va a ser uno de los grandes políticos del futuro del PP. Joven, eficaz y competente, y con posibilidades de colocarse en uno de los primeros lugares de la sucesión, si logra escapar de esa "trampa para elefantes" en que se ha convertido el Ministerio de Fomento. Pero los que lo conocen saben también que no tiene ni idea de los problemas de Canarias. Y que todavía no se ha enterado, y nadie sabe cuándo lo hará, que a Canarias le quitaron en los últimos cuatro años unos mil millones de euros en inversión. ¿Cómo lo devolverán? ¿Ralentizando los proyectos del AVE? ¿O reduciendo el coste de la recuperación de las autopistas de peaje?

La agenda canaria

Canarias tiene por tanto una ventana de oportunidad para recuperar los importantes programas y planes perdidos en los cuatro años anteriores del Gobierno del Partido Popular. Esos programas son decisivos para la recuperación económica y social de las Islas. Pero la clave está no en exigirlo, sino en cómo aprovechar el nuevo escenario político para conseguirlo. Hay que saber colocar las piezas en el nuevo tablero. Y saber que a la hora de la verdad solo tenemos dos piezas: la diputada de Coalición Canaria y el diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo.

Los presupuestos del Estado contarán, probablemente, con el voto en contra del PSOE, que está desesperado por demostrar lo antes posible que su abstención en la investidura fue solo técnica y no suponía un apoyo al Gobierno de Rajoy. Contará también con el voto en contra de Podemos y los nacionalistas catalanes. Para ganar, y aprobar los presupuestos, el PP necesita el voto de Ciudadanos, los cinco del PNV y los dos nacionalistas canarios. Que suman justamente 176, la mitad más uno. El PNV, que votó en contra de la investidura, ya anunció que está dispuesto a apoyar a cambio de determinadas inversiones. En especial la famosa Y de Bilbao del plan de carreteras.

Una oportunidad excelente para que los canarios, aunque no se caigan simpáticos, se pongan de acuerdo. Pedro Quevedo ya ha anunciado que votaría a favor "si beneficia mucho a Canarias". Me parece una excelente decisión, solo le queda coordinarse con la diputada de Coalición Canaria para que ambos beneficien lo más posible al Archipiélago.

Hay que negociar un programa fuerte y no timorato. Con la fuerza que da el no estar basado en privilegios, sino solo en la justicia, para reparar el daño causado a una comunidad autónoma maltratada. Ahora el arte de la política exige colocar a los dos peones en el sitio que corresponde, porque son necesarios para ganar la partida. Sin confundirnos, porque son solo dos peones, no la reina, por muy valiosos que sean en este momento de la jugada.

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