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El desalojo | Una crónica sobre el cambio de poder en Canarias / 15

La trastienda

Patricia Hernández, con el viento de cola nacional, pasó de 11.700 votos y cuatro concejales a 23.000 votos y nueve concejales

Zambudio (derecha), junto a Hernández en la constitución de la corporación. a. g.

Santa Cruz de Tenerife ha sido siempre la joya de la corona de Coalición Canaria. Quienes fundaron Coalición han gobernado en Santa Cruz de Tenerife, primero como centristas de UCD, luego como insularistas de ATI y finalmente como nacionalistas de Coalición, desde 1977 y con cuatro alcaldes: el fundador, Manuel Hermoso, el efímero José Emilio García Gómez, el ángel caído, Miguel Zerolo, y el último, José Manuel Bermúdez. Con una denominación u otra, con un alcalde u otro, los equipos humanos que han dirigido la ciudad, cocapital de Canarias, proceden de los mismos grupos humanos y se han perpetuado sobre la base de las mismas políticas: fomento del carnaval y sus organizaciones, apoyo selectivo a las organizaciones de vecinos, mantenimiento de una enorme infraestructura deportiva en los barrios, vínculos empresariales, obras menores muy pegadas al terreno, un discurso político populista y victimista y un férreo control sobre los medios locales. Algunas de esas técnicas comenzaron a abandonarse con la crisis, por falta de recursos para mantenerlas, porque la sociedad chicharrera comenzaba a rechazarlas, y también por la catarsis que supuso el caso Teresitas y sus muchas secuelas. Hay quien cree que los cambios llegaron tarde. Y también hay algunos que creen que fueron los cambios los que trajeron la derrota. Pero fue el tiempo: lo que resulta una asombrosa anomalía es que un gobierno se sostenga sobre una ciudad durante 42 años.

La noche de las elecciones, para muchos resultó una sorpresa que Bermúdez mejorara los resultados obtenidos en 2015. Consiguió un seis por ciento más de apoyos, 27.000 votos, e incluso sacó un concejal más. Pero el PSOE duplicó sus resultados: la candidatura de Patricia Hernández, después de una campaña brillante, impulsada por el viento de cola del crecimiento nacional del PSOE, pasó de 11.700 votos y cuatro concejales a 23.000 votos y nueve concejales, el mejor resultado en la historia del PSOE chicharrero. La primera lectura de esos resultados fue evidente: Coalición podría contar probablemente con los votos del PP, y el PSOE con los de Podemos-IUC, pero ninguna de esas dos fórmulas sumaba: había que contar también con el voto de Ciudadanos, partido que hacía dos años había decidido abandonar su inicial vocación centrista y liberal para convertirse en un partido más de la derecha española.

Para volver a ser alcalde, Bermúdez confiaba ciegamente en su vieja amistad con Juan Amigó, el hombre fuerte de Ciudadanos en Canarias, a cuya familia le unía una relación antigua. Antes de las elecciones, Amigó se había comprometido con él -en muy distintas ocasiones- a aportar los votos que tuviera Ciudadanos en el consistorio para apuntalar su elección como alcalde. También se reunió en secreto con él alguna vez en su casa, después de las elecciones para confirmarle su apoyo. Pero Amigó le estaba engañando: llevaba meses trabajándose un pacto con el PSOE, del que incluso se habían producido ya filtraciones en los medios.

En una reunión en su casa, previa a la constitución del Comité de Pactos de Ciudadanos, Amigó había explicado que el acuerdo sobre Santa Cruz se decidiría en Canarias y no a nivel nacional (un anatema en la cultura política del partido de Rivera), y que Patricia Hernández sería alcaldesa con los votos de los concejales Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano, porque ya había un entendimiento con la candidata socialista a la alcaldía previo a las elecciones. Sin embargo, pocos días después de que Amigó planteara su decisión, la ejecutiva nacional constituyó el Comité de Pactos Autonómico de Canarias, dejando a Amigó fuera. Teresa Berástegui había hablado con su secretario nacional, José María Espejo, pidiéndole que Amigó quedara al margen del comité y del proceso de negociación. Cuando Amigó se enteró de que lo habían dejado fuera -el comité canario quedó integrado por el propio Espejo, más Berástegui, José Guerra y Vidina Espino- montó en cólera: se había comprometido con el PSOE a manejar personalmente las negociaciones, y se vio obligado a apartarse de ellas, aunque ya había participado secretamente en al menos dos encuentros acompañado de Matilde Zambudio, también interesada en el acuerdo. A los afiliados de Ciudadanos les explicó que había sido él quien había solicitado al partido no verse implicado en las negociaciones. El pacto adelantado por Amigó con el PSOE era un buen acuerdo para Ciudadanos y para él. Amigó estaba muy interesado en conseguir Urbanismo -es empresario inmobiliario- y la abogada Zambudio quería hacerse con el control de las fiestas y jolgorios que organiza el Ayuntamiento. Y el lugar perfecto para hacerse con ese control era asumiendo las áreas de Cultura y la Sociedad de Desarrollo, desde donde se mueven la mayor parte de los eventos y saraos municipales.

Zambudio, abogada catalana afincada hace años en Tenerife, actualmente divorciada, fue mucho tiempo pareja de Rafael Cañadillas Jaraba, vocal del Colegio de Sociología, un profesional que realiza informes para empresas y partidos. Cañadillas, que escribe poesía, es también militante de Ciudadanos, y se enfrentó a Melisa Rodríguez en el último proceso de primarias para el Congreso de los Diputados, que perdió por goleada. La Zambudio mantiene buenas relaciones con él, pero no le apoyó en su candidatura, prefirió apostar por la de Melisa, que era la candidata apoyada por Madrid. Zambudio es una mujer lista, algo secona y muy ambiciosa: colocada por Amigó cono coordinadora del Comité Local de Ciudadanos en Santa Cruz, se convirtió en candidata por Ciudadanos sustituyendo al también abogado -además de historiador, escritor y periodista- Mariano Gambín, un personaje mucho más conocido que ella. Gambín había presentado su currículo para ser candidato, y todo el mundo en el partido lo daba por hecho, al ser probablemente el personaje más conocido con el que Ciudadanos podía contar para la alcaldía, y una persona apreciada y valorada en la ciudad, autor de una popular serie de libros - Ira Dei- ambientados en La Laguna y de los que se han vendido miles de ejemplares. Sin embargo, cuando su candidatura ya era pública, un informe acusándole de tener deudas empresariales fue enviado a varios responsables de Ciudadanos, y se pidió una investigación, como suele hacerse siempre en sus procesos de selección de candidatos. La persona encargada de realizar la investigación de los documentos en los que se acusaba a Gambín fue Zambudio. Gambín aportó pruebas de que lo que se decía en el informe presentado contra él era una absoluta falsedad, pero -sin que se le diera ninguna opción de defenderse- sus alegaciones fueron rechazadas y se le sacó de la candidatura. Zambudio le sustituyó por decisión personal de Amigó, sin mediar primarias o cualquier otro procedimiento abierto de selección. La candidatura de Zambudio, una persona poco conocida en Santa Cruz fuera del ámbito de los juzgados, perdió un concejal en relación con los resultados de las anteriores elecciones.

Tras celebrarse los comicios, y ya producido el nombramiento de la comisión negociadora, Zambudio participó en las primeras reuniones con los partidos. La primera de esas reuniones fue un encuentro con Bermúdez, el 5 de junio, en la alcaldía, solicitado por el propio alcalde en funciones, en el que se trataba simplemente de recibir la propuesta programática aportada por Coalición Canaria. Zambudio se manifestó molesta y crispada, provocando un pequeño altercado con el alcalde, que le recordó que no estaban ya en elecciones y que se moderara. El día siguiente se produjo un nuevo encuentro, esta vez con el PSOE, estaban Patricia Hernández, José Ángel Martín y Marta Arocha y en ese encuentro se les manifestó la posición favorable de Ciudadanos a apoyar un acuerdo para hacer alcaldesa a Patricia si a ese acuerdo se incorporaba el PP. Berástegui contó que ya se había hablado con Manolo Domínguez y que ella no lo veía claro, y Patricia dijo que no se preocuparan "ya está hablado, yo sé cómo tratarlo, el problema es Guillermo [Díaz Guerra], que está descarrilado". Zambudio, que había mantenido ya algún encuentro con Patricia Hernández y José Ángel Martín en la pizzería Vicoli, frente al cuartel de Almeida, se mostró muy satisfecha al descubrir la disposición de Ciudadanos al acuerdo que ella quería. Incluso pidió disculpas a Berástegui, alegando que había sido engañada y manipulada por Amigó, que acusaba a las negociadoras de Ciudadanos de intentar torpedear un acuerdo con el PSOE, porque estaban "compradas por Coalición". En esa conversación, Zambudio intentó convencer a Berástegui de que era Amigó el que le había ordenado buscar un acuerdo con los socialistas. Era verdad. Pero no toda la verdad: ella también tenía interés en ese acuerdo, y trabajó por él muy intensamente.

Sin embargo, la posibilidad de un pacto que incluyera al PSOE y al PP y dejara fuera a Podemos, cumpliendo así las exigencias de la Ejecutiva de Ciudadanos, comenzaron a torcerse tras el encuentro del sábado 8 de junio con el PP. Guillermo Díaz Guerra vio clara la intención de Zambudio y se fue muy enfadado por el "izquierdismo militante" de la concejal y "su falta de conocimiento de los asuntos de la ciudad". El documento que habían firmado Ciudadanos y el PSOE -presentado al PP como un acuerdo, cuando era aún sólo un documento de trabajo- fue calificado por Díaz Guerra y su compañero Carlos Tarife como "bolivariano". Después de esa reunión con la Zambudio, Díaz Guerra comunicó a su partido que no se sentaría más a negociar con la concejala, porque hacerlo "afecta a mi salud". El comentario de Díaz Guerra parece excesivo o irónico, pero lo dijo en serio: Díaz Guerra se había enfrentado a la campaña -en un acto de sacrificio personal casi heroico- aquejado de un grave problema que le paralizaba completamente una pierna, le obligó a ir fajado todo el tiempo y le provocaba fortísimos dolores. Aun así, asumió dar el tipo por su partido, pero una vez concluida la campaña, donde el PP obtuvo unos pobres resultados, parecía no estar dispuesto a más. Pero lo hizo: tras recibir el documento PSOE-Cs, habló con Zambudio para preguntar por el estado de las negociaciones y ella le dijo que el pacto estaba cerrado. Y que los concejales de Ciudadanos lo iban a apoyar. Se sumara el PP o no. No le dijo que eso era lo que ella había decidido con Amigó -por un lado- y con Mario Moreno -por otro-. ¿Mario Moreno? ¿Y ese quién era?

Franciso Pomares

Periodista

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