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Una cola de 100 migrantes para un bocadillo y fruta

Voluntarios de Somos Red reparten comida en Las Alcaravaneras por las tardes a los chicos que duermen en la calle ante la dejación institucional

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Voluntarios de Somos Red reparten comida en Las Alcaravaneras a los migrantes que duermen en la calle José Carlos Guerra

Por un bocadillo, fruta, las latas que puedan darles y agua. Todas las tardes en Las Alcaravaneras se forma una sorprendente cola de un centenar de migrantes, incluso más, llegados en pateras o cayucos y que duermen en la calle en la capital grancanaria, para recibir los alimentos que ofrecen los voluntarios de la Plataforma Solidaria Somos Red, quizás los únicos que toman algunos de ellos en todo el día, y sobre todo desde que el pasado martes empezó el Ramadán y el ayuno hasta que cae el sol.

Muchas de las personas que acuden a darles los bocadillos cuando terminan de trabajar o en el escaso tiempo que tienen por sus quehaceres cotidianos son vecinos del barrio que se han sumado a Somos Red y han visto cómo estos jóvenes subsaharianos y magrebíes, que arriesgaron su vida en el mar en busca de un futuro mejor, malviven en la calle y no reciben una respuesta institucional. Por ello, ante “una situación excepcional” de personas sin techo han decidido ayudarles de forma “urgente”, a la espera de que los organismos públicos se sensibilicen y actúen con agilidad, expone Begoña, que trabaja en la Administración. Ella es vecina del barrio y forma parte de los 35 voluntarios de distintas profesiones organizados en grupos de cuatro o cinco personas que se turnan diariamente en Las Alcaravaneras y se encargan de prepararles los bocadillos en sus casas, recoger las donaciones a esta plataforma solidaria de frutas, agua, latas, lo que puedan, y llevárselas a estos chicos.

Los jóvenes llegan de varias zonas de la ciudad y forman una fila organizada por números

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Adid es uno de ellos, un senegalés de 19 años noble y sano. Cuenta que su madre está enferma del corazón y no le ha dicho que duerme en la calle porque puede afectar a su salud; de hecho, le manda fotos cuando le donan ropa nueva o delante de centros comerciales para que su progenitora crea que lleva una vida mejor. Como todos ellos, únicamente pide una oportunidad, que le permitan continuar con su tránsito a la Península, estudiar, trabajar y que no lo deporten al país que abandonó jugándose la vida en el mar. Solo en Las Palmas de Gran Canaria ya son más de 300 los jóvenes que han llegado en pateras que no tienen techo y duermen donde pueden, comen en recursos sociales que también están desbordados por la covid o subsisten gracias a la ayuda de ciudadanos solidarios.

Tomdi, de 34 años, es pescador. Es saharaui y convive con marroquíes en la calle, aunque intentan amagar sus diferencias sobre el Sahara Occidental porque la situación no está para eso. Explica que tiene un sobrino en Murcia que envía dinero a su familia en Dajla, y a él ya le ha mandado 500 euros en los dos meses que lleva sin techo. Sueña con encontrar trabajo en Murcia y seguir los pasos de su sobrino, pero no le han permitido irse aunque tiene pasaporte y había comprado el billete. “Estar así es como en el olvido”, afirma con tristeza. Muchos no logran ese futuro de bonanza que ansía Tomdi aunque sigan su camino hacia el resto de Europa, pero albergan esa esperanza y no estar varados en las Islas.

El Gobierno central alega que se encuentran en la calle porque han abandonado los recursos estatales por voluntad propia. Lo que ocurre es que muchos se han negado a ser trasladados al macrocampamento de Las Raíces, en Tenerife, por sus dudosas condiciones y por temor a ser deportados en ese camino desconocido, y si no quieren ir se quedan fuera del sistema.

Las mezquitas dan en Ramadán 150 bandejas a los fieles necesitados que acuden a orar

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Otros han sido expulsados de centros por su comportamiento, pero la convivencia en un espacio atestado de personas desconocidas es muy difícil y los roces se producen. Además, están, como Tomdi, los que han intentado viajar a la Península y para ello han abandonado los campamentos, y aunque tenían billete y pasaporte la Policía les ha impedido volar, y al pasar 72 horas ya no pueden retornar a los recursos estatales.

En definitiva, la calle se va llenado de estos chicos que viven como en el limbo porque no tienen un hogar pero no les dejan marcharse, aunque esta semana se han abierto dos vías de esperanza: el viernes el Ministerio de Migraciones se comprometió en una reunión con Somos Red a readmitir de “ forma excepcional” a los migrantes que se encuentran en situación de calle en Canarias, aunque no fijó la fecha para su readmisión. Y por otro lado, una sentencia en el Juzgado nº5 de Las Palmas de Gran Canaria ordena a las autoridades que se abstengan de impedir que los migrantes viajen a la Península si tienen pasaporte o una solicitud de asilo, y que el destino sea compatible a la movilidad por la covid.

Adid, senegalés de 19 años, no cuenta a su madre que está en la calle porque padece del corazón

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Ante esta situación de emergencia humanitaria, Somos Red se gestó en febrero y más de un centenar de personas voluntarias de distintas profesiones se han organizado y han creado diferentes grupos como el de asesoramiento legal, de logística para recibir las donaciones y repartirlas, de acompañamiento y acogida- ya han encontrado albergue para unos 90 migrantes en casas particulares u otros espacios- o el de comida. El grupo ‘bocata’, cuenta Valeria Mastroianni -otra voluntaria argentina que emigró a las Islas hace 22 años pero lo hizo “en avión y era rubita”, ironiza-, surgió ante el masivo desalojo de los hoteles del Sur de Gran Canaria y se organizó con celeridad para dar respuesta inmediata a estas personas de la zona de Las Alcaravaneras. Hay otro grupo de personas que elabora comida en sus casas para 25 chicos de La Isleta, algunos expulsados del campamento Canarias 50.

En Las Alcaravaneras al principio los voluntarios preparaban bocadillos para los migrantes que pernoctaban por allí, 20 ó 30 personas, pero cada día iba creciendo la demanda y ya superan el centenar porque vienen chicos de distintas partes de la ciudad. También dan comida a cinco canarios que dormían en la playa.

Los sin techo musulmanes ayunan y rezan en Ramadán en cualquier rincón

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Todos los días va un grupo diferente de los 35 voluntarios. Ante la masiva respuesta han tenido que organizar la distribución de los alimentos para evitar roces entre los jóvenes, en especial entre marroquíes y subsaharianos, con culturas distintas. Así que entregan números a los chicos que van llegando para que recojan los alimentos en fila. De hecho, colocan carteles en francés para que sepan que deben mantener la distancia, que no tiren las cosas al suelo y que no discutan porque hay comida para todos. Mariana, una joven que trabaja en una empresa de limpieza, está en el grupo de bocadillos del miércoles aunque les da apoyo diariamente porque vive enfrente. Organiza clases de español allí mismo, les baja material para coser pues hay quienes saben arreglar ropa, o les ha dado esterillas para que recen, y con el Ramadán lo hacen a lo largo del día en cualquier rincón con algo de sombra.

A la plataforma ciudadana les ha llegado que también se van a repartir alimentos en las dos mezquitas de la capital en Ramadán, donde muchos de estos jóvenes van a rezar, pero Omar Kasse, secretario de la Liga Islámica Canaria, aclara que son centros de oración. En Ramadán, tras el ayuno del día, es costumbre comer todos juntos en las mezquitas, pero con la covid no pueden. Ahora tienen un 33% de aforo -75 personas en cada mezquita- y lo que hacen, y solo en Ramadán, precisa, es darles agua, dátiles y una botella de 33 centilitros de leche a los que entran a orar para romper el ayuno a las 20.30 horas, y después de rezar tienen preparadas 75 pequeñas bandejas en cada mezquita con arroz, verdura y pollo que se llevan los fieles necesitados, indistintamente de si duermen en la calle, están en paro o en ERTE, expone Kasse.

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