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La pandemia incrementa un 24% la piratería en el Golfo de Guinea

España forma a las guardias costeras y a las marinas de los países de la costa occidental africana para mitigar el asalto a buques

El vicealmirante Juan Luis Sobrino en Casa África.

El vicealmirante Juan Luis Sobrino en Casa África. José Carlos Guerra

El Golfo de Guinea se ha convertido en una zona caliente para la piratería. El año pasado se perpetraron 195 asaltos a buques en estas aguas, lo que supone el 90% de todos los que se registraron en el mundo. El valor de estos ataques ascendió hasta los 678 millones de euros. A pesar de que la pandemia de la covid-19 ralentizó la actividad del comercio mundial, los piratas de la costa occidental africana incrementaron un 24% el número de ofensivas contra los barcos que navegaban por la zona. El aumento de la piratería en el Golfo de Guinea preocupa especialmente a los países europeos porque pone en peligro el flujo de las importaciones y exportaciones. El vicealmirante Juan Luis Sobrino, durante su intervención en las jornadas de seguridad África es noticia, organizadas por Casa África con el apoyo del Ministerio de Defensa , explicó que las Fuerzas Armadas españolas realizan una labor de formación a las marinas y guardias costeras de los países de la zona desde hace una década, para que ganen autonomía a la hora de garantizar la seguridad de los buques que transitan cerca de sus costas. «Desplegamos cada año un patrullero en la zona durante tres o cuatro meses, pero tenemos la intención de lograr una presencia continua, porque es un área especialmente importante para la seguridad marítima internacional», apuntó Sobrino.

El 80% del comercio global se realiza vía transporte marítimo y las disrupciones en el movimiento de los buques mercantes tienen un impacto enorme en la economía mundial, como resultó evidente hace un mes y medio, con el bloqueo del Canal de Suez. Las consecuencias del fenómeno de la piratería, a pesar de la cercanía geográfica, no afectan a Canarias de manera más grave que a otras regiones europeas, pero sí amenaza al flujo de las mercancías que llegan a las Islas desde otros puntos del planeta. Las neveras, los coches o el grano que viene al Archipiélago por mar puede no llegar a tiempo si ese tráfico marítimo es asaltado o secuestrado. No obstante, el riesgo de que se produzcan ataques piratas cerca de las aguas canarias es prácticamente inexistente, puesto que los asaltos más próximos se producen frente a las costas de Ghana.

De los 195 ataques piratas que se produjeron en 2020, el 90% tuvo lugar al oeste de África

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El analista y doctor en Conflictos, Seguridad y Solidaridad de la Universidad de Zaragoza, Fernando Ibáñez, quien también participó en el encuentro digital organizado por Casa África, subrayó que la causa de la peligrosidad en el mar siempre está en tierra. «Las condiciones socioeconómicas y políticas de los países favorecen que los problemas de inseguridad en tierra se acabe trasladando al mar», señaló el especialista. Quien sitúa el inicio de estos asaltos en el año 2006, cuando surgieron movimientos armados que reclamaban una mayor participación de los beneficios que genera la producción de hidrocarburos en la zona. Con el tiempo, esos grupos han derivado en organizaciones que se dedican, por ejemplo, a robar el petróleo de mercantes, para después venderlo en el mercado negro. En concreto, Ibáñez destacó la peligrosidad del Delta del Níger, un área que genera una gran riqueza al país, pero que no llega a la población local que vive en la extrema pobreza.

El vicealmirante subrayó el Golfo de Guinea “es la zona más peligrosa del mundo en cuanto a piratería marítima”. Hace años, el foco de los piratas estaba en el Índico, pero gracias a la participación de la Unión Europea se ha conseguido atenuar el número de saqueos. Si bien, detalló Sobrino, «los flujos de piratería van a donde sea más fácil actuar y, quizás, su presencia en el Golfo de Guinea nos ha pillado un poco desprevenidos».

Secuestros y saqueos

La piratería y los secuestros que se producían con frecuencia en aguas de Somalia también se han logrado reducir –han pasado nueve años desde la última vez que un secuestro de piratas somalíes logró un rescate–. «El negocio ha desaparecido gracias a las fuerzas navales que dan protección a los buques mercantes y porque los barcos que navegan en esas aguas llevan a bordo vigilantes de seguridad privada armados», declaró Ibáñez. Sin embargo, esa herramienta disuasoria que reduce casi a cero las posibilidades de que un barco sea asaltado, no se puede implantar en los buques que transitan por la zona del Golfo de Guinea. «Los países de la región no permiten el embarque de vigilantes de seguridad privada, pero sí se pueden contratar efectivos navales de estos países, que protegen hasta una determinada distancia de la costa. Sin embargo, no todo el mundo se puede permitir los costes que ello conlleva», detalló el especialista.

Existen dos tipos de piratas en la costa occidental africana: los que saquean y los que secuestran. Los primeros buscan robar las pertenencias de la tribulación o la caja fuerte del barco y llevan a cabo el atraco durante la noche. Los asaltantes suelen ir desarmados o con armas blancas y atacan barcos que están en el puerto o fondeados en la proximidades. «Este tipo de incidentes son propios de problemas de seguridad portuaria y, aunque son muchos –entre el 30 y el 40% de los incidentes de la región– y molestos, no son alarmantes», sostuvo Ibáñez. El segundo tipo de pirata secuestra a la tripulación de los barcos y la lleva a tierra firme, donde la mantiene un tiempo para pedir un rescate. En estos casos, el número de agresores es más elevado y suelen ir fuertemente armados. Utilizan pequeñas embarcaciones para asaltar cargueros, petroleros y, cada vez más, pesqueros, porque son navíos más vulnerables y les pueden servir después como buque nodriza.

El coste de los asaltos perpetrados contra buques en el Golfo de Guinea fue de 678 millones

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El especialista en Conflictos, Seguridad y Solidaridad calcula que hasta dos tercios de los capitanes evitan reportar los ataques, porque «si denuncian, los buques se quedan parados durante varios días para realizar la investigación y no pueden entregar su carga a tiempo en el punto de destino». Además de esta razón crematística, los oficiales son conscientes de que en la mayoría de las ocasiones no hay ninguna consecuencia penal para estos criminales. «Nigeria aprobó el año pasado una legislación sobre la piratería, porque ni siquiera tenían una norma, y ahora es cuando están empezando a detener y juzgar a los piratas», aseguró Ibáñez. Quien también explicó que los países del Golfo de Guinea están empezando a recibir asistencia por parte de Interpol y de las Naciones Unidas para tratar de unificar criterios y favorecer la persecución de estos delincuentes. También se han registrado casos en los que, según Ibáñez, existen vínculos entre los piratas y las autoridades locales, que incluso dejan de contestar a las llamadas de auxilio de los buques. No obstante, esto sucede cada vez con menos frecuencia y los países afectados por este fenómeno van alcanzando una mayor capacidad de respuesta para dar auxilio ante un ataque de piratería.

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