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Crisis migratoria | Devorados por el Atlántico

La inestabilidad de las neumáticas eleva la mortalidad de la ruta canaria

El material de las zódiacs no aguanta la travesía por el Atlántico y termina por desintegrarse | Las lanchas vienen más atestadas que las pateras y cayucos

Equipos de sanitarios y de Cruz Roja atienden a varios migrantes llegados al muelle de Arguineguín. | | EFE / ÁNGEL MEDINA

Equipos de sanitarios y de Cruz Roja atienden a varios migrantes llegados al muelle de Arguineguín. | | EFE / ÁNGEL MEDINA

Se agrava el drama de la ruta canaria de la inmigración. El Atlántico intensifica aún más su furia contra los más débiles de entre los débiles, pues, si embarcarse en una patera o cayuco de madera es apostar la vida a una mano complicada, hacerlo en una embarcación neumática aumenta las probabilidades de que la travesía termine en tragedia. La desesperación de miles de africanos por buscar una vida mejor en Europa les empuja a tratar de conseguir una plaza en cualquiera de los medios dispuestos por las mafias, que están recurriendo a zódiacs desgastadas, inestables y endebles que en muchos casos, literalmente, se deshacen en alta mar.

«Se desinflan, pierden el motor y vienen sobrecargadas», apunta el jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Las Palmas, Roberto Bastarreche, quien confirma que han aumentado las salidas de este tipo de barquillas desde determinados puntos de la costa occidental de África y, por ende, el número de intervenciones de rescate. Los ocupantes suelen ser de origen subsahariano, pero el lugar de partida de las expediciones se localiza en las playas de Tan Tan, a unos 240 kilómetros de Fuerteventura, El Aaiún a solo 165 kilómetros de Puerto del Rosario e, incluso, desde Cabo Bojador, a 200 kilómetros del Faro de Maspalomas, en el sur de Gran Canaria. Con suerte, estos trayectos los completan con unas 15 ó 20 horas de navegación.

Las frágiles embarcaciones salen desde las playas de Tan Tan, El Aaiún y Cabo Bojador

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Son embarcaciones de entre cinco y siete metros de eslora, más pequeñas que un cayuco pero más grandes que una patera, en condiciones no aptas para navegar a mar abierto. El material suele estar deteriorado por la falta de mantenimiento y el paso del tiempo, factores que añaden aún más riesgo al viaje. Además, el sobrepeso por el exceso de ocupantes hace que la línea de flotación sea muy reducida. Esto supone que los migrantes quedan a muy pocos centímetros del agua y que cualquier movimiento en falso o el propio oleaje hunda la zódiac fácilmente. Aunque su uso es más habitual en otras rutas migratorias como la del Mar de Alborán, entre el norte de Marruecos y la costa andaluza, los equipos de salvamento temen que sigan proliferando en la ruta canaria, pues el Atlántico es mucho más bravío y peligroso que el Mediterráneo.

El coordinador de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Canarias, Juan Carlos Lorenzo, alerta de que por muy favorables a la navegación que sean las condiciones del mar en esta época del año, «el océano sigue siendo peligrosísimo para cualquier embarcación, pero especialmente para las neumáticas por su fragilidad, ya que están mucho más expuestas a las inclemencias de la travesía».

En lo que va de año, la ruta atlántica ya se ha cobrado la vida de, al menos, 785 personas que intentaban llegar a Europa a través de Canarias. Esto supone un aumento del 128% con respecto al mismo periodo de 2020, según datos de Naciones Unidas. Debido al incremento del uso de lanchas neumáticas, agosto fue un mes especialmente dramático, ya que se confirmó la muerte de 379 personas. Medir el drama de esta ruta migratoria resulta imposible, pues a los fallecidos que se han podido contabilizar, hay que sumar las personas que han perdido la vida en los naufragios invisibles, muchos de ellos protagonizados por zódiacs. Ha habido veces que, incluso, los enormes cayucos que zarpan desde las costas de Senegal y que, a priori, son mucho más estables que las neumáticas, son engullidos por el mar o no son capaces de mantener el rumbo. En ocasiones, se pasan la isla de El Hierro y aparecen en las costas del Caribe. El último de estos casos fue el de una embarcación localizada en junio en Trinidad y Tobago, con quince cadáveres reducidos a poco más que huesos.

Las barquillas de goma son habituales en el Mar de Alborán, menos bravío que el océano Atlántico

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Un claro ejemplo de la fragilidad de las lanchas neumáticas es el trágico naufragio de una de estas embarcaciones que se produjo a finales de agosto, en el que murieron, al menos, 52 personas por deshidratación o ahogadas en el Atlántico. La lancha fue localizada volcada y semihundida con una sola superviviente aferrada a ella, a 250 kilómetros de Gran Canaria. Sobre los restos de la barquilla, que flotaba a duras penas con la quilla al sol y uno de sus patines pinchando, estaban tendidos la única superviviente, una mujer de unos 30 años de Costa de Marfil, y dos cadáveres, un hombre y una mujer de alrededor de 20, sus dos últimos compañeros de travesía, porque la mujer relató que habían zarpado 53 personas. Las características de la embarcación y de sus ocupantes, según Caminando Fronteras, coincidía con las de una zódiac que había salido ocho días antes de El Aaiún. La portavoz de esta oenegé, Helena Maleno, ha alertado en varias ocasiones sobre el aumento del uso de estas lanchas en la ruta atlántica, lo que hace que cada vez se produzcan más naufragios.

Hasta el pasado martes habían llegado a Canarias 11.060 migrantes, lo que supone un incremento del 117,3% con respecto al mismo periodo del año anterior, según el último balance quincenal publicado por el Ministerio del Interior. Tanto el Gobierno de España como el Ejecutivo autonómico esperan que la cifra siga elevándose durante el último cuatrimestre del año, debido a las buenas condiciones del mar para la navegación. Los equipos de Salvamento Marítimo y Cruz Roja ya se han reforzado para hacer frente al repunte migratorio de los próximos meses.

Llegan otras dos pateras con 52 personas


Los 47 inmigrantes rescatados de una patera que se encontraba a la deriva en la zona limítrofe de búsqueda y rescate por Salvamento Marítimo arribaron ayer finalmente sanos y salvos a Fuerteventura por la tarde, pasadas varias horas desde que fueran hallados. Ninguno de los ocupantes de la barca, 37 varones y 10 mujeres de origen subsahariano, precisó traslado a centro sanitario alguno al encontrarse todos en buen estado, detallaron desde el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad regional. A la isla llegaron a bordo del buque de rescate Concepción Arenal de Salvamento Marítimo, que, junto al avión Sasemar 103, salieron de madrugada en búsqueda de la patera tras recibir la alerta de que se encontraba a la deriva pero sin especificar la zona. Otra embarcación con cuatro migrantes a bordo llegó ayer al municipio de San Bartolomé de Tirajana, al sur de Gran Canaria, según informaron fuentes de Cruz Roja Canarias. La organización recibió un aviso a Guardia Civil para prestar atención humanitaria al grupo de migrantes. |Agencias

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