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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Pleno del Parlamento de Canarias | Sesión de control al Gobierno

La vía de la coprofagia hacia la justicia social

El presidente Torres hace malabarismos de manco sobre Marruecos, el Sahara y las prospecciones

Losa populares Manuel Domínguez y Australia Navarro, ayer durante el pleno | | Carsten W. Lauritssen

Por primera vez en dos años ayer, en la sesión plenaria de la Cámara regional, se permitió no llevar mascarilla. Sus señorías lo agradecieron mucho porque ya con la máscara de la profesión tienen lo suyo. Algunas personas mayores, como Juan Manuel García Ramos, se la dejaron puestas; el doctor Ponce, diputado del PP, la llevó como un melancólico gesto de pedagogía inútil. En Canarias mueren todas las semanas una decena de ancianos por el covid y se toma ya como un precio asumible. Pero el ambiente tampoco se relajó excesivamente. El Gobierno está en un momento muy malo de forma, aunque la mayoría parlamentaria sigue aplaudiendo a sus consejeros. Crece la sospecha de que sin desgracias concatenadas el presidente Torres está perdido, distraído, casi huérfano. Al presidente le urge que ocurra alguna catástrofe en la que colgar su alma a la vez elegiaca y optimista. Un tsunami en el que desaparezca Anselmo Pestana bajo una pila de marquesotes, la peste bubónica, una guerra nuclear, que Antonio Olivera tenga una idea. Algo.

Mientras Torres espera un gesto de esa mala suerte a la que debe tanto Manuel Marrero le preguntó ayer por las prospecciones de Marruecos. El diputado de Podemos advirtió que su partido no acepta «los chantajes ni los hechos consumados del reino de Marruecos». Es ya un asunto hastiante: Podemos, como socio y parte del Gobierno español, ha aceptado y validado la propuesta de Rabat de regionalizar el Sáhara y apropiarse así definitivamente de su territorio. Pero Marrero y su alegre compañía siguen jugando puerilmente a mantener una posición que desmienten a diario. Es tan estúpido e infantiloide todo esto. El diputado insistió en los graves riesgos medioambientales de las prospecciones y pidió a Torres firmeza para que el Gobierno de España vigile o algo así al Gobierno marroquí. El presidente repitió sus mantras de los últimos días. Insistió mucho en que las prospecciones no se están realizando en aguas canarias ni saharianas, sino marroquíes, «aunque también nos oponemos a las prospecciones en aguas de Marruecos». Bravo. Y como añadido a repetir que el objetivo estratégico es que el 60% de la energía que se consuma Canarias en el año 2030 proceda de las renovables. Actualmente apenas llega al 20%. Tendría que triplicarse en apenas siete años.

Más adelante Torres respondió a una pregunta simular del diputado García Ramos, que siempre está a punto de convertirse en Éamon de Valera, pero no lo sale. El diputado coalicionero declaró que Canarias «no es propiedad de España y menos aun del presidente del Gobierno español» y exigió que le aclararan si el Ejecutivo canario estaba informado de los contactos con Marruecos. Julio Pérez dijo que sí, que por supuesto, que Torres siempre había estado informado de todo, e incluso aseveró que no conocía ningún presidente canario con más contactos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque don Julio no detalló las circunstancias de su conocimiento de tales intimidades. Pero lo fundamental, en efecto, se fragüó en la comparecencia del presidente Torres sobre el laberinto marroquí solicitada por el grupo parlamentario nacionalista.

El jefe del Gobierno evidenció que ni él ni su Gobierno han diseñado ninguna estrategia sobre la hipotética participación de Canarias en las venideras negociaciones con Marruecos. O para ser más exactos, y según el propio Torres, en la subcomisión que, dentro de la Comisión España-Marruecos, a convocar el próximo mayo, tratará sobre la delimitación de las aguas territoriales entre Mohamed VI y España. Nada. Cero. No es creíble que Ángel Víctor Torres se haya despistado. Es que sabe perfectamente que la participación de la Comunidad autónoma en esa subcomisión, si se produce, será puramente testimonial. Ni siquiera respondió a Luis Campos sobre el nivel de la «representación canaria» en ese organismo. Se limitó a utilizar una estratagema retórica más vieja que el hilo negro: insistir en obviedades que nadie discute como si fueran firmes principios. «¿Es acaso malo que dos vecinos dialoguen? ¿Es acaso malo que se restablezcan plenamente las relaciones con Marruecos?» José Miguel Barragán, que se está convirtiendo en un buen orador, detuvo el repetitivo andar de la perrita. «No nos trate como niños en un colegio, presidente. Ninguna de las fuerzas parlamentarias discute eso».

Lo peor no es que Torres se dirija al Parlamento tratando a los diputados como niños chicos. Lo peor es que él parece un niño chico más que se ha quedado cuidando la clase mientras el profe, por ejemplo, se va a escribir en secreto una carta a Mohamed VI. Barragán transmitió al presidente una «hoja de ruta» para fijar direcciones y objetivos en la defensa de los intereses canarios frente a Marruecos. En su insustancial réplica Torres ni siquiera emitió acuse de recibo de la detallada propuesta –por escrito– del primer partido de la oposición. La cuestión era salvar la horita de la comparecencia sin demasiados agobios. Y así lo hizo.

El pleno fue singularmente denso pero el otro polo de debate relevante fue ululante proclamación de Noemí Santana como la mejor gestora de expedientes de dependencia que vieron los siglos. Fue ligeramente alucinante. La diputada María del Río Sánchez le preguntó a Santana por el éxito vertiginoso de su consejería. Desagalladamente entusiasta su señoría llegó a proclamar que Santana había inventado una nueva forma de hacer política. La consejera, que seguro que no se esperaba nada de esto, le dio sentidamente las gracias, y a continuación se lanzó a una autoexaltación delirante: en solo tres meses se habían resuelto más expedientes de dependencia que CC en su último año de Gobierno. Tal vez tenga que ver en este éxito varias medidas técnicas propuestas por la directora general Marta Arocha, la principal, no meterse en el pantano de evaluar las condiciones de las ayudas y posponerlas para más adelante, y en cambio conceder a los solicitantes –más exactamente: a los familiares encargados del dependiente– entre 300 y 400 euros. Y se contabiliza como expediente resuelto. La sinvergëncería es evidente pero, ¿quién va a rechazar, sobre todo entre parados o subempleados, 350 euros? Una diputada –Vidina Espino – recordó que el antecesor de Arocha llamó a ese viático «una ayuda de mierda». A Santana, al parecer, le gustó mucho la locución, y lo repitió en su intervención con triunfal jactancia. «Si, es una ayuda de mierda, una ayuda de mierda, pero antes no recibían nada. ¡Nada!». Comer mierda generosamente repartida por el Gobierno resulta, cabe deducir, un primer paso hediondo y maloliente, pero firme, hacia la justicia social. El presidente del Parlamento, Gustavo Matos, se sintió tan incómodo que pidió a sus señorías que cuidasen su expresión.

Dos intervenciones. La primera inútil: Nira Fierro anunciando que se habían producido mucho más rodajes cinematográficos y producido muchos más empleos en las islas, contra los agoreros que afirmaban que la supresión del diferencial fiscal para las productoras audiovisuales en Canarias dañaría la industria. ¿Por qué entonces aprobó llevar al Tribunal Constitucional la tropelía del Ministerio de Hacienda, como el resto de las fuerzas parlamentarias canarias? Fierro supone que los ciudadanos sufren una amnesia crónica que le permite inventar argumentos básicamente frívolos. La segunda fructífera: el magnífico discurso de Carmen Hernández defendiendo la Historia y Geografía de Canarias como asignatura obligatoria en la ESO. Más tarde, en una comparecencia, la consejera de Educación y Cultura, Manuela de Armas, se encontró con toda la Cámara –salvo el PSOE– defendiendo la obligatoriedad de la asignatura y no tuvo más remedio que mascullar que bueno, que igual debería quedarse como obligatoria, sí. Habrá que verlo. Con lupa, luz y taquígrafos.

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