CRÓNICA PARLAMENTARIA Pleno del Parlamento de Canarias | Debate de las enmiendas a la totalidad del proyecto presupuestario

Asián mismo

La oposición de izquierda ha redescubierto que en Canarias hay pobres, desempleados y excluidos

Fernando Clavijo consulta su móvil antes de la sesión plenaria de ayer .

Fernando Clavijo consulta su móvil antes de la sesión plenaria de ayer . / Carsten W. Lauritsen

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

Al último pleno del Parlamento de Canarias se le atravesó un muerto ilustre, Jerónimo Saavedra Acevedo, primer presidente del Gobierno de Canarias, y sus exequias lo dividieron en dos. Cabe señalar para la memoria de la Cámara que aunque a los móviles de algunos de los diputados recibieron la luctuosa noticia prácticamente al mismo tiempo, el jefe del Ejecutivo, Fernando Clavijo, fue alertado a través del móvil por un periodista y, en medio de una pregunta de Luis Campos, se dirigió a la Mesa del Parlamento y comunicó el deceso a la presidenta Astrid Pérez. El asombro fue general. Saavedra estaba en su domicilio a primera hora de la mañana cuando falleció repentinamente: nadie esperaba un final tan rápido. Los miembros de la Mesa no sabían exactamente lo que hacer. 

Se decidió - por pura inercia - continuar con el turno de preguntas al presidente y al vicepresidente del Gobierno y así ocurrió. Pero, por supuesto, se impuso el criterio de suspender más adelante la sesión, tanto como señal institucional de respeto al fallecido como para brindar la oportunidad de asistir a la misa y sepelio del expresidente. Alguno tuvo dudas.

--¿Suspender? No sé, no sé…

--Hombre, esto es…como si se muriera Felipe González…Seguro que Armengol y el Gobierno estarían a favor de suspender el…estooo… Quizás no sea el mejor ejemplo ahora mismo…

La señora presidenta concedió a los portavoces de los grupos parlamentarios la palabra durante un par de minutos para que pudieran expresar su pésame por la muerte de Saavedra. No recuerdo ninguna idea sobre el finado más allá de su calidad de referente político, la transición, su cultura, su cercanía (sic) y siempre otra vez su cultura. Para la élite política canaria, una vez exiliado Saavedra del poder para siempre, era un gusto hablar de su amplia y sólida cultura, porque detrás de la cultura de Saavedra podían ocultar su habitual ignorancia enciclopédica. Es como si, en fin, Saavedra subiera la media. Después siguió un minuto de silencio y al final un largo aplauso que duró, al menos, otro minuto.

La verdad es que lo que se denomina ’sesión de control’ no dio para mucho, aunque dejó entrever una disidencia, hasta el momento apenas retórica, entre los socios de gobierno. El portavoz de Vox lloró como un hombre por el acuerdo entre CC y el PSOE para investir a Pedro Sánchez y garantizar un pacto de legislatura. Nicasio Jesús Galván dijo no sentir ni rabia ni tristeza, sino una profunda decepción. Al parecer la decepción de Galván era el producto del horrísono espectáculo de Fernando Clavijo y su partido pactando con golpistas, separatistas, malversadores y demás ralea. Un asunto que el propio Galván caracterizó como «muy serio» (sic). Clavijo le replicó que le encantaba decepcionar a Vox, «y cuando más los decepcionemos más encantados estaremos mi grupo parlamentario y yo». También se preguntó -lo hizo Luis Campos -por la quita de la deuda catalana con el Estado (ese 20%) y que es lo que pasaría en Canarias. Campos denunció lo que cualquier persona razonable: que con una quita del mismo porcentaje sobre la deuda catalana salimos perdiendo. Clavijo estuvo de acuerdo y avanzó una fórmula ya comentada: dividir la deuda entre los habitantes de las islas como base del 20%. Los socialistas se pusieron de perfil. Casimiro Curbelo preguntó de nuevo por los problemas estructurales de la economía canaria entonando la endecha ya conocida: ¿por qué tenemos una bajísima productividad, por qué un desempleo tan alto incluso cuando las cosas van bien, por qué esas tasas de pobrezas y exclusión social? Es una pregunta interesante, pero no se puede contestar en el parlamento: sería como hablar de teología en un prostíbulo. La pregunta iba dirigida a Manuel Domínguez, vicepresidente y consejero de Economía, y Domínguez hizo lo que le gusta, que es hablar de bajar de impuestos. El Gobierno tiene un pequeño problema con su relato, porque a) la única propuesta de gestión no puede ser bajar impuestos, b) ahora no puede bajarlos, c) a la inmensa mayoría de los ciudadanos ahorrar anualmente un par de cientos de euros anuales no les parece la bicoca de su vida. Después Domínguez tuvo un rifirrafe con Sebastián Franquis, el portavoz socialista, quien por cierto se sentó en su escaño habitual, dejando desocupado el de Ángel Víctor Torres, el Ungido. Franquis le acusó - es la perreta del socialista - de fraude electoral por no bajar los impuestos, como había prometido, y le insinuó que tenía que tragarse el acuerdo entre su socio y Pedro Sánchez. El vicepresidente tuvo reflejos. Primero dejó claro que no confiaba ni por un minuto en que Pedro Sánchez cumpliera lo acordado y después le dijo a Franquis que el que ha tenido que tragarse algo con papas ha sido el portavoz socialista. «Se ha tenido usted que tragar con papas la agenda canaria, que usted ha descalificado varias veces…Con papas». 

No sé sabe si es peor que a Franquis se le entienda o no se le entienda; yo intuyo que lo primero

La segunda sesión plenaria, celebrada ayer, tuvo mayor interés. Clavijo llegó sin corbata y en zapatillas deportivas mientras que Luis Campos se puso una corbata verde que parecía aún más espantosa porque el portavoz de Nueva Canarias no sabe hacer un nudo decente: falta de costumbre. Campos volvió a la matraca del fraude electoral masivo. La tesis del señor Campos es que la gente votó a CC y al PP por sus promesas de bajadas de impuestos. Es bastante discutible y, en todo caso, ¿por qué tiene el portavoz de NC tan extraordinaria seguridad en los motivos de los votantes? Toda sociología electoral te indica que los electores no votan exclusivamente por una razón y que lo suelen hacer por una emoción. El hartazgo, la desilusión, la indignación, el desgaste de los que están en el poder, la promesa de un cambio. Tiende a lo infantiloide sostener que los votantes de CC, el PP, AHI o la Agrupación Socialista Gomera dieron su respaldo por una bajada de impuestos, por lo general, nada tremebunda. Aun así NC lo ha fiado todo a lo del fraude electoral masivo, a lo que Campos añadió ayer que los presupuestos generales para 2024 diseñados por Matilde Asiaín y su equipo era temerarios, trucados, mentirosos, incumplidores, antisociales, una antología del disparate y muchas cosas más que le dijo Fermín Delgado al oído, Según Campos las islas estaban alzadas por el proyecto presupuestario. «Es imposible generar más descontentos». Sin duda las decenas de miles de votos que perdió el bloque PSOE, NC y Unidas Podemos en las pasadas elecciones autonómicas eran de gente de lo más contenta. 

Sebastián Franquis fue todavía más impreciso. «Ustedes hablan de políticas sociales, pero todo son conceptos abstractos, ustedes no le miran a los ojos a la gente, ustedes no miran a los hombres y mujeres de esta tierra». El cronista creyó ver, por un momento, a Franquis dándole de comer a un pobre en la tribuna de oradores: una cucharada por tí, una por mí, otra por nuestro ministro. Entonces pasó algo grandioso: Franquis comenzó a hablar de los parados, de los pobres, de los necesitados, de los excluidos, como si los últimos cuatro años no hubiera gobernado el PSOE. Un discurso de una pobreza argumental y técnica apabullante que hizo añorar la competencia, el conocimiento económico y presupuestario y la refinada mala baba de Iñaki Lavandera. El PSOE debería pensar en un recambio. O al menos contratar a un foniatra. No sé sabe si es peor que a Franquis se le entienda o no se le entienda. Yo intuyo que lo primero. José Miguel Barragán tomó la palabra y, por supuesto, se dio gusto con lo del fraude electoral recordando todas las promesas incumplidas de los socialistas y NC, incluida la de alcanzar el 5% del PIB de inversión en políticas educativas o definir la dicha financiera de las servicios sociales. No rechazó la propuesta de Franquis para alcanzar sendos pactos sobre el aumento de la productividad y la lucha contra la pobreza. «Me parecen una propuesta interesante. Pero mire, a mí me pueden engañar una vez, dos veces, pero todavía recuerdo perfectamente el Plan Reactiva Canaria». Franquis, en su escaño, sonreía.

Matilde Asián estuvo todo lo asertiva, afable, precisa y argumental que suele estar. También le pareció muy bien el pacto contra la pobreza ofrecido por el PSOE. Aunque perfectamente seria - no parece una persona que se pase la vida contando chistes - algunas de sus intervenciones, al conseguir refutar consignas de la oposición, resultaban ligeramente jocosas. Porque es muy estúpido que cada año tus previsiones sobre gasto farmacéuticos se vean sobrepasadas por la realidad y luego acusar de favorecer a las empresas farmacéuticas al nuevo Gobierno por incrementar previsoramente la partida. Más grave es la falta de respuesta --política - a los recortes en I+D+i y en políticas culturales o en una política industrial que merezca ese nombre o la cicatería con las universidades canarias. Pero lo de ayer era simplemente el debate de primera lectura del proyecto presupuestario, en la que las dos enmiendas a la totalidad fueron rechazadas, obviamente, por las cuatro fuerzas parlamentarias que sustentan al Ejecutivo. Asián insistió en que seguro que los presupuestos propuestos mejoran con las enmiendas de la oposición, como si estuviera dispuesta a aceptar muchas, pero no se sabe si era cortesía o, precisamente, sentido del humor.