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La revolución necesaria

White Lung publica un disco versátil con ecos de Plasmatics o Girlschool y la esencia de las mejores bandas de 'riot girls'

Los grupos femeninos de rock han demostrado ser muy eficientes a lo largo de la historia de este género. Se me ocurren cinco casos muy diferentes entre sí, pertenecientes a distintas épocas, pero igual de contundentes: Slits, Babes in Toyland, Breeders, Elástica, o en España, Le Sueques. Eso sin contar toda la explosión de riot girls que proliferaron en los noventa. Pues bien, a este selecto grupo hay que unir desde hace algunos años al grupo canadiense White Lung. Sin embargo, este fenomenal cuarteto destaca por tener muchas virtudes que lo sitúan en un lugar de privilegio.

Para empezar, una de sus huellas identitarias es la originalidad, dentro de los códigos exclusivos más artys, algo muy complicado actualmente por la evolución que este género ha vivido a lo largo de las cuatro últimas décadas con innumerables formaciones que se mueven dentro de estos parámetros. La formación de Columbia logra esta proeza y sale bastante reairosa. Este cuarto trabajo parte de una perspectiva inteligente al añadir gotas de frescura y espontaneidad a su sonido sin traicionar a sus más fervientes seguidores. Para empezar, llama la atención cómo la voz de Mish Way recuerda a Wendy O'Williams de los inicios de Plasmatics. El grupo comienza con esa irresistible tralla titulada Dead weight que suena a los primeros Wire. E incluye títulos del calibre de Kiss me when I bleed que tiene el aroma de las Girlschoool. Tampoco tienen complejos de añadir ciertos ramalazos heavies a títulos como I beg you, o algo de oscuridad en Vegas. Incluso se desvían por el terreno del powerpop californiano en Paradise. De este modo, el grupo recupera aquella espontaneidad de sus inicios que había perdido con el demasiado plano Deep fantasy. Sin duda, una de las más reconfortantes publicaciones musicales del momento.

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