Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

aniversario de un reto cultural

Un sueño hecho realidad

1972 marca un antes y un después: aumentan los socios con gustos más allá de Verdi y Puccini, y se contrata a Mario del Monaco, el gran divo

Alfredo Kraus en 'Los cuentos de Hoffman' en 1994. LA PROVINCIA / DLP

El nombramiento de Alfredo Kraus como hijo predilecto de la ciudad trajo como consecuencia que el Ayuntamiento le hiciera un homenaje, para lo cual en el verano de 1967, por iniciativa del concejal delegado de Cultura, Gregorio León Suárez, se nombró una comisión de ciudadanos relacionados con la música para que organizasen una pequeña temporada de ópera; de ella formaban parte: Eduardo Rodríguez Lisson, el periodista Luis Jorge Ramírez, Guillermo García-Alcalde (el principal y el único que conocía bien el ambiente de la ópera), Bernardino Correa, Antonio Izquierdo Baños, algunos que no recuerdo y un servidor. Esta comisión empezó a trabajar en un doble sentido: por un lado, en una minitemporada de tres óperas, todas cantadas por Alfredo Kraus, que se celebraría en diciembre, y, al mismo tiempo, continuar en la organización de futuras temporadas. En la primera misión se barajaron tres títulos: una belcantista, La Favorita de Donizetti; otra de Verdi, Rigoletto y una última francesa, Werther, tres grandes especialidades de nuestro adorado tenor. Al mismo tiempo, se optó por crear una sociedad que se encargara de organizar temporadas de ópera para años consecutivos a imitación de la ABAO de Bilbao que puede considerarse "nuestro padre espiritual".

La primera temporada hay que reconocer que fue un fracaso absoluto de público, pero no artístico. Francamente daba pena ver la gran cantidad de butacas y palcos vacíos en La Favorita. La única que tuvo cierto éxito y, quizás por el título, fue Rigoletto.

Durante este tiempo se inició la captación de socios para formar la Asociación de Amigos de la Ópera, que se llamaría finalmente Amigos Canarios de la Ópera, para no confundirse con la asociación bilbaína. En un primer momento se recogieron más de 200 solicitudes a las que se unirían más peticiones. El cierto fracaso de público del año 1967 quizá se debió al alto precio de las localidades, 800 pesetas en butaca -a imitación de Oviedo y Bilbao- cuando la localidad más cara en el Galdós no superaba las 225 pesetas. Por ello, al dar más facilidades para el pago (por mensualidades) se consiguió un mayor número de abonados y por ende, de público.

Aparte del gran éxito de Alfredo Kraus, causó gran sensación Anna Maria Rota en su doble papel de Leonor De Guzmán y de Charlotte, y Bruscantini que hizo un estupendo Alfonso XI en La Favorita. Recordemos también a María Isabel Torón en la Magdalena de Rigoletto que quiso sumarse al homenaje a Kraus con el que tenía una estrecha amistad. Cabe destacar al magnífico Coro de la ABAO de Bilbao, con su director Juan José Larrinaga, en la que sería la primera de sus múltiples apariciones sobre nuestro escenario. El resto de los cantantes fueron francamente buenos, destacando al director de orquesta Manno Wolf-Ferrari y Augusto Cardi como director de escena, a quienes veremos de nuevo en las temporadas posteriores. El festival resultó bastante completo en su conjunto. Lo único negativo fue que Guillermo García Alcalde no pudiera asistir porque tenía compromisos ineludibles en Oviedo, donde se quedó algunos años.

En 1968 se formó la Asociación y se gestionó la que sería la segunda temporada, en realidad la primera de ACO, que tendría en lugar en 1969. Se representaron cuatro títulos: I Puritani, Trovatore, Tosca y Lucia di Lammermoor. La venta de localidades se incrementó notablemente, aunque sin llegar en ninguna función al lleno. Alfredo Kraus se apuntó el éxito que todos esperábamos y se nos presentó el bajo Agostino Ferrin que tuvo un gran éxito en sus tres óperas, que excluía el título pucciniano. Sobresalieron también la soprano dramática Linda Vajna en sus dos papeles del Il trovatore y Tosca, y la joven portuguesa de una voz preciosa, Zuleika Saque, que continuaría colaborando con nuestra asociación . María Isabel Torón volvió a intervenir en dos títulos, Il trovatore e I Puritani, causando una gran impresión en el papel de Scarpia brillaría la figura de Giuseppe Tadei , posiblemente el mejor intérprete en aquel tiempo de ese papel.

En la tercera temporada, el Ayuntamiento aumenta considerablemente la subvención, a la que se iguala el Cabildo y ya nos permite cierta independencia a la directiva, sin tener que supeditarse tanto a las agencias de cantantes, contratándolos directamente. En esa época pudimos traer al tenor cordobés Pedro Lavirgen que cantó una excelente Aida y Cavalleria Rusticana, también presentamos al joven tenor lanzaroteño Blas Martínez, que interpretó un estupendo Pagliacci. Fue nuestro primer año con la dirección escénica de Diego Monjo, hombre maravilloso, conocedor del teatro y que nos sacó de muchos apuros- como buscar sustitutos de última hora- por su extraordinario conocimiento de los cantantes... "y siempre dispuesto a ayudar", como gustaba decir nuestro entrañable amigo.

Hemos de destacar también al barítono Marco Stecchi, especialista en papeles bufos, al que veremos después en alguna temporada más. Así en 1971 en la que fue un estupendo Fígaro en Il barbiere di Siviglia, dando el primer bis de nuestra historia con el aria de salida de Fígaro, Largo al factotum. Aunque lo más destacado de la temporada del 71 fue la actuación de Gianni Raimondi que en el Rodolfo de La Bohème tuvo una actuación memorable, gustando también mucho el tenor Gianfranco Cecchele en La Forza del Destino. En el mismo año cabe destacar la presentación del tenor español Eduardo Giménez que volverá en otras temporadas y la estupenda lirico spinto Maria Chiara, inolvidable Mimì en La Bohème, que, al año siguiente, interpretó los dos grandes papeles de su cuerda: La Traviata y Madama Butterfly. Por primera vez nos visita el maestro Eugenio Mario Marco, que años después llegaría a ser director del festival.

El 72 casi marca un antes y un después por bastantes motivos: el número de socios aumenta considerablemente, pues el público ya empieza a darse cuenta de que hay más óperas aparte de las cuatro de Verdi (Aida, Trovador, Traviata y Rigoletto), las tres de Puccini (La Bohème, Tosca y Madama Butterfly) y las habituales Il barbiere di Siviglia, Cavalleria y Pagliacci. Se contrata para dos óperas a Mario del Monaco, el gran divo de aquella época, que interpretará Samson et Dalila y Otello, su gran especialidad. Mario del Monaco vino con bastante antelación a lo que marcaba el contrato para el inicio de ensayos. Se paseaba por la calle Triana con una capa un tanto anticuada y un gesto majestuoso que llamaba la atención de la gente. Fue tal la expectación que, antes de celebrarse la primera función de Otello que abría la temporada, se vendieron todas las localidades y tuvimos que preparar nuestra primera segunda función. En la primera función fueron evidentes las reservas del tenor y eso motivó que la segunda no tuviera el lleno que esperábamos; sin embargo, en esta segunda función estuvo impresionante, tanto así que titulé la crítica de esta ópera en su honor como "Otello segundo el magnífico". Enfermó y no pudo cantar la función de Samson et Dalila. Ahora bien, la gran revelación de ese año sería Elena Obraztsova, que era la primera vez que cantaba fuera del Bolshoi y que sería una Carmen sensacional. El hecho de ser una cantante soviética avivó un poco el morbo de su actuación. Lo cierto es que no solo ella cantó magistralmente sino que todo el elenco fue estupendo: André Turp como D. José y María Orán, que estuvo espléndida en el agradecido papel de Micaela, reviviendo sus éxito como Desdémona y la Musetta el año anterior. Fue la mejor y más completa representación que habíamos dado hasta entonces.

Otra característica que ya se había iniciado antes, pero que en este año se reforzó mucho, fue traer cantantes españoles para los segundos papeles, e incluso, para los primeros como fue el caso de María Orán, Pedro Lavirgen y Eduardo Giménez, lo que no era muy habitual en las temporadas españolas. En otro aspecto, fue una Carmen probablemente insólita en todo el mundo: los cantantes cantaron en francés y el coro en italiano; algo que se volvió a repetir en Samson et Dalila. El hecho de celebrar con Otello nuestra primera segunda función y todos estos detalles que he apuntado nos hace pensar en que a partir de este año, 1972, habría un antes y un después.

El año 73 también fue muy destacado por la calidad de los cantantes y algunas anécdotas que vamos a narrar. Entre los cantantes sobresalieron Luciano Pavarotti y quizás el mejor barítono de su generación, Piero Cappuccilli. Se inició la temporada con un Rigoletto al que asistieron los entonces príncipes de España Juan Carlos I y doña Sofía. Una curiosidad fue que se advirtió que la ópera era a las 20.30h y que fueran puntuales, pero tuvo que iniciarse la representación con 30 minutos de retraso?y seguimos trayendo a cantantes españoles como es el caso del gran barítono Vicente Sardinero, a quien podremos ver también en siguientes temporadas.

Ya estamos iniciando nuestra segunda función y tuvimos que repetir Rigoletto. Un gran éxito tuvo Un ballo in maschera cantada por Cappuccilli y Carlo Bini. Fue un año de muchas sustituciones, entre ellas, la de Oriana Santunione por la mexicana Gilda Cruz - Romo cuyo éxito fue total, y que se apuntaría dos nuevos triunfos en Un ballo in maschera y Andrea Chénier.

Pero lo más destacado de Un ballo in maschera es que tuvimos un invitado de absoluta excepción, el gran compositor y director de orquesta estadounidense Leonard Bernstein que pasó grandes temporadas con nosotros y quien hizo mucha amistad con directivos de ACO a los que invitó al concierto que dio ante el Papa el mismo año. Por cierto, le gustó mucho la representación.

En el año 74, en nuestra sexta temporada, y ya tenemos que acudir a 12 funciones, seis óperas con dos funciones cada una, pues ya el número de socios superaba el aforo del teatro. Sería una de nuestras temporadas más extensas porque después bajaríamos a cinco títulos. Seguimos trayendo a los primeros cantantes del momento como el tenor Carlo Bergonzi, el mejor spinto de la época, que cantó La Gioconda y Aida, también Gianpiero Mastromei, barítono de corta carrera que cantó tres óperas, Don Carlo, La Gioconda y Aida, Vicente Sardinero que nos acom-pañó en Manon y Fausto y tuvo lugar la presentación de Jaime Aragall uno de los tenores más queridos de nuestro público que nos visitaría en múltiples ocasiones.

Fue indiscutiblemente, quizás desde un punto de vista objetivo, la temporada más completa, no solo por el número de funciones, doce, sino porque se extendieron en el tiempo, por lo que se podría hablar de una temporada de ópera estable. También hay que destacar la actuación por primera vez en Europa, donde se prodigaría en escasas ocasiones, de la estadounidense Florence Quivar que encarnó de manera excelente a la Princesa de Éboli en Don Carlo. María Orán volvió a cantar con éxito las dos óperas francesas ya citadas y seguimos utilizando en papeles cortos a cantantes de gran calidad como José Manzaneda, Nino Carta, Giovanni Foiani y otros, que se hicieron muy queridos del público. Lo negativo en cierto sentido fue que el Coro de la ABAO, que nos hizo estupendas actuaciones y a los que les estábamos muy agradecidos pues había dado dos conciertos de forma gratuita, ya no volvería a actuar, puesto que habíamos contactado con algunos coros locales que ya habían adquirido cierta categoría.

Las temporadas 75 y 76 suponen ya la culminación artística de nuestro Festival, Tito Capobianco, uno de los mejores directores escénicos de su tiempo, que había sido uno de los cuatro grandes que reabrieron la Ópera de París, después de una largo período sin funciones por reformas, nos regaló nueve producciones maravillosas, ocupándose mucho de la acción teatral (los ensayos sin música, solo teatrales, eran interminables) y consiguiendo hacer unos espectáculos no solo musicales sino también escénicos de gran categoría . Sobre todo recuerdo un Macbeth de Verdi extraordinario en el que se puso por primera vez en España la primera versión que termina con el aria Mal per me... y no con el coro final de la versión definitiva. Pero la aportación de Capobianco no fue exclusivamente teatral, porque no descuidó en absoluto las voces, ya que dos de las grandes divas de su tiempo nos vistaron Joan Sutherland y Birgit Nilsson, y también algunos cantantes destacados como Ingvar Wixel, excelente Scarpia y Simon Boccanegra, un grandísimo barítono que después adquirió mucha fama. Y además fue la presentación en España de dos grandes bajos como Samuel Ramey y Robert Hale. Tuvimos también a Richard Cassilly, especialista sobre todo en el repertorio alemán, al barítono Louis Quilico, un estupendo Macbeth, así como al bajo Paul Plishka y a las excelentes Galina Vishnevskaya e Isabel Penagos.

Lo demás, fue seguir con la misma tónica, un director para el festival y grandes cantantes, a la lista que ya hemos visto de cantantes, se añaden Montserrat Caballé, Plácido Domingo, José Carreras y nombres más recientes que todos recordamos. Por lo que podemos terminar como hemos empezado, un sueño, una locura, se convierte en realidad.

Compartir el artículo

stats