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Historia

El último del Ebro era canario

Julián Henríquez Caubín, oficial republicano natural de Arucas, contó en un libro, prologado por Vicente Rojo y publicado en México, sus experiencias en la batalla clave de la Guerra Civil

El último del Ebro era canario

El 16 de noviembre de 1938, el destino de la II República quedó sellado. Ese día, tras casi cuatro meses de batalla en el Ebro, el bando golpista se alzó con una victoria que despejó el camino de Franco hacia el triunfo final en la Guerra Civil. Allí, entre Mequinenza (Zaragoza) y Tierra Alta (Tarragona), desde el inicio de las hostilidades -la madrugada del 25 de julio- hasta el último disparo combatieron casi 200.000 soldados, participaron más de medio millar de aviones, se utilizaron piezas de artillería y tanques y, además de tropas republicanas y nacionales, entraron en acción nazis, fascistas italianos y brigadistas internacionales. En ese punto concreto de la Península Ibérica, durante ese periodo de tiempo, se vivió la contienda más cruel y decisiva del conflicto. Y allí estuvo presente Julián Henríquez Caubín, un grancanario (Arucas; 1907) que formó parte de la 35ª División del Ejército Republicano y que, probablemente, fue el último oficial que cruzó el Ebro durante la madrugada del 16 de noviembre de 1938.

Huérfano de padre a temprana edad, universitario en La Laguna, licenciado en Derecho, funcionario público, militante del Partido Comunista de España (PCE) y oficial del Ejército Republicano tras completar los estudios militares en la Escuela Popular de Guerra tras el golpe de Estado fascista, Henríquez Caubín cruzó la frontera con Francia poco después de organizar la retirada en el Ebro y tras la victoria del bando fascista. Allí fue recluido en un campo de concentración y desde allí partió, a bordo del Mexique -junto a otros 2199 exiliados-, el 27 de julio de 1939 rumbo a México, donde cinco años después publicó La Batalla del Ebro. Maniobra de una División. El libro, prologado por el general Vicente Rojo, es un detallado relato técnico de las operaciones militares que sucedieron entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938 cerca de la desembocadura del río y un certificado de su papel durante las últimas horas del combate.

"Inmediatamente que cayó la noche", apunta Henríquez Caubín en la última página de su texto, "comenzaron a llegarnos informes de nuestros oficiales de E. M. (Estado Mayor) destacados en los puntos de paso a Ribarroja (una pasarela como hemos dicho que se tendió rápidamente) y de Flix (el puente de hierro y la compuerta). Nuestras fuerzas de la XI Brigada y núcleos dispersos de la XV estaban atravesando el río sin novedad alguna, al mismo tiempo que nuestros seis tanques embarcaron en la compuerta y fueron ganando por tal medio sucesivamente la orilla opuesta. Quisimos hacerlo así por cuanto sobre las viguetas de madera que constituían el piso del puente de hierro de Flix, el ruido hubiese denunciado tal maniobra, lo que temíamos provocase algún reconocimiento de las vanguardias enemigas".

Fue José Miguel Pérez, catedrático de Historia Contemporánea, quien puso el foco sobre Henríquez Caubín y su libro el año pasado, durante la exposición de la cartografía inédita republicana sobre la Batalla del Ebro y el ciclo de conferencias relacionado con esa muestra que organizó la Fundación Juan Negrín. "Es un trabajo muy técnico", señala Pérez sobre el texto antes de añadir que "él no se formó como militar hasta que estalló el conflicto, que es cuando completa los estudios militares populares en Madrid". "Procede", prosigue, "de una familia sencilla de Arucas. Pierde pronto al padre, pero no deja de estudiar. Pasa por un colegio de religiosos franceses, los jesuitas y se matricula en Derecho en La Laguna, aunque termina los estudios en Madrid tras la proclamación de la República. Durante la primera parte de su vida no tiene relación alguna con el ambiente militar, pero en la Guerra Civil se muestra como un soldado muy eficiente. Y eso lo refleja muy bien en el libro y se lo reconoce el propio general Vicente Rojo".

"A las 23 horas", narra Henríquez Caubín en las últimas líneas de su obra, "dimos orden a la XIII Brigada Mixta de replegarse. Conservamos con nosotros únicamente a un pelotón de nuestros Enlaces a Caballo y al Jefe de Ingenieros de la División, encargado de realizar las últimas destrucciones".

Años agitados en Madrid

En Madrid, explica José Miguel Pérez, es donde el aruquense se convierte en un miembro activo del PCE. "Fue encarcelado", señala el historiador, "por un asunto de orden público". "Más allá de esos episodios", añade el exvicepresidente del Gobierno de Canarias, "oposita a una plaza como Oficial Letrado del Consejo Superior de Obras Públicas y logra un puesto en el Ministerio, donde trabajó entre 1933 y 1934. Luego ejerció como Letrado en el Consejo de Administración de Canales del Lozoya, lo que ahora es el Canal de Isabel II. Pero cuando estalla la Guerra Civil, tras la sublevación militar, deja todo eso, y se alista en defensa de la República, donde alcanza el rango de oficial de Estado Mayor a las órdenes de Casado (no confundir con Segismundo) y Manuel Tagueña".

"A la 1 hora del 16 de noviembre", desliza Henríquez Caubín al final de su libro, "nos informaron nuestros Oficiales de enlace haber pasado totalmente la XI Brigada Mixta y fuerzas de la XV por la pasarela de Ribarroja, ordenando en consecuencia fuese retirada la misma después de haber efectuado un reconocimiento personal de aquellas inmediaciones. Volviendo a Flix, hicimos un nuevo reconocimiento hasta asegurarnos completamente que no quedada rezagado ningún soldado nuestro".

Frustrado el golpe de Estado y condenado el país a la Guerra Civil, Henríquez Caubin se alistó voluntario -junto a otros paisanos- en el Batallón Canarias. A las órdenes del comandante Guillermo Ascanio, el grupo se integró en el Quinto Regimiento de Milicias Populares. "Tras diplomarse como Oficial de Estado Mayor", subraya José Miguel Pérez, "participó en la defensa de Madrid con la 35ª División republicana y es posible que también participara en el frente de Toledo. Su trabajo como gráfico de mapas y todos los documentos que aporta en el libro indican que fue un militar muy cualificado".

"A las 4.30 horas", recalca el grancanario en su libro, "pasamos el río por el puente de hierro de Flix".

Tras la derrota en el Ebro y perdida Cataluña, Henríquez Caubín participó en la protección del repliegue del Grupo de Ejército de la Región Oriental (GERO) a su paso por Port Bou-Cèrbere. El 10 de febrero de 1939 cruzó a Francia. Allí fue recluido en un campo de concentración, el de Saint Cyprien, donde permaneció un mes y medio antes de fugarse camino de la costa atlántica para iniciar el exilio. Cinco meses después de dejar España, el aruquense se subió al Mexique rumbo a Veracruz. Fue en México donde rehizo su vida: formó una familia, trabajó en el sector agrario y fue agente de AMA Seguros. Cursó estudios de Administración, Contabilidad y Economía en la Universidad de Chicago, paso que le permitió ejercer como catedrático en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En el país norteamericano, donde falleció en 1979, publicó tres libros: Madrid, 1936, Revolución de los castillos y La Batalla del Ebro. Maniobra de una División, donde cuenta al detalle aquellos días clave de la Guerra Civil y de los que fue, probablemente, uno de los últimos testigos que salió de la escena.

"A las 4.40 horas", relata en las últimas líneas, "expedimos la orden al Jefe de Ingenieros de la División de proceder la voladura del puente. Cinco minutos más tarde una explosión sacudió el río. La pared exterior de una casa en ruinas, al amparo de la cual estábamos resguardados, se desplomó en parte sobre nosotros. Esperamos unos minutos hasta que dejaron de caer lodo y cascotes, y sin prisa nos acercamos al lugar donde había estado el puente. A la luz de las estrellas reflejada sobre las turbias aguas, pudimos comprobar que la voladura había destruido tal medio de paso, ´único que en condiciones de ser utilizado por el enemigo subsistía en el Sector confiado a nuestro cuidado´, según expresamente confirmábamos al Mando del XV Cuerpo de Ejército en el correspondiente parte de Operaciones". "La Batalla del Ebro había terminado", concluye Julián Henríquez Caubín.

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