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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Maneras de hacerse el dormido

"La poesía es poderosa e insignificante", afirma el venezolano Rafael Cadenas, Premio Reina Sofía

Maneras de hacerse el dormido

... estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo

R. C.

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo que creí

que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido [?]

Con voz lánguida y hacia adentro, y acuosa mirada de can noble, asevera que ese poema, titulado Derrota y escrito al inicio de su treintena (ahora tiene 88 años), el más largo y civil de su diversa obra, nunca ha dejado de perseguirle. Que lo compuso sumido en una profunda depresión, y que aunque no representa el genuino tono de su poesía -mucho más reflexiva e intrincada y siempre clarividente, en la abscisa exacta entre oralidad y lenguaje-, se lo sacan una y otra vez a colación. Sin ir más lejos, el otro día, cuando Rafael Cadenas (Baquisimeto, Venezuela, 1930) se hizo con el Premio Reina Sofía de poesía, el máximo galardón de la lírica española e iberoamericana (también en lengua portuguesa) al conjunto de una obra, y los medios no tuvieron más remedio que echar mano, para su ficha rápida, de centrar las alabanzas en el autor de Derrota.

"Pues, la verdad: yo sé mucho más lo que no es mi poesía, que lo que ésta sea", afirma, cuando se le saca a colación el visible contraste entre ese largo aliento de un directo vate muy embajonado (como de un Whitman o un Kipling con el ego hecho polvo) de su poema más famoso, y la mordiente concisión de sus versos más representativos, siempre abiertos al misterio de algún matiz y cuajado de aforismos ("La verdad sólo se roza al equivocarse"; o bien "¿Quién es ese que dice yo / usándote / y después te deja solo?"...). En cambio, un poema que, por su contención y honda luz que no brilla -brillar mate es una de sus características- sí resulta representativo de Rafael Cadenas, recogido además en destacadas antologías -donde suele figurar como un nombre agazapado, un elocuente secreto a voces- es el titulado "Matrimonio"; toda una radiografía de la vida conyugal, que dice, escueta y hondamente, así:

Todo habitual,

sin magia,

sin los aderezos que usa la retórica,

sin esos atavíos con que se suele

recargar el misterio.

Líneas puras, sin más, de cuadro clásico.

Un transcurrir lleno de antigüedad,

de médula cotidiana,

de cumplimiento.

Como de gente que abre a la hora de siempre.

"Buenos tardes, señor Cadenas", le digo hace unos meses, en la Sala de la Luz, el espacio polivalente de la Fundación Martín Chirino, cuando, a finales del año pasado, lo trajo a Las Palmas la Asociación Nace (Nueva Asociación Canaria para la Edición), con los poetas Aquiles García Brito y Antonio Arroyo Silva -que casi simultáneamente acaba de obtener ahora el Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez por Las horas muertas - entre sus anfitriones. Paciente, muy paciente -"todo es lento, la poesía tiene que ser necesariamente lentitud, y hoy vivimos con demasiada celeridad", dice-, a Cadenas se le suma el solajero otoñal que invade la cristalera de las cuatro de la tarde con el jet-lag que arrastra, recién llegado como está, de Caracas a Gando con escala en Madrid.

Para romper el hielo -lo que es un decir, cuando, al resguardo de la luz espejeante, transmite una timidez muy cálida, con una bonhomía de adormilado peluche-, le digo a Cadenas que, curiosamente, Nietzsche decía que escribir poesía es "bailar en cadenas". Y Cadenas esboza entonces una media sonrisa, se despierta un poco del letargo del jet-lag, que, en su caso, se puede considerar vitalicio, dados sus drásticos cambios de rumbo. Y con un recuento general tan absurdo, absurdísimo, como es haber padecido encarcelamiento y exilio forzoso desde la derecha, por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, a causa de su juvenil militancia comunista, y padecer hoy ostracismo, desde la izquierda, por el régimen de Nicolás Maduro, a causa de su rotunda oposición democrática desde cualquier tribuna... Te mira entonces desde sus ojos acuosos y algo hundidos, como de obsidiana, y asiente: "Sí; siempre me han llamado la atención las asociaciones entre las actividades que se despeñan y los nombres de las personas. Fíjate, por ejemplo, que Pessoa significa en portugués "persona" y el poeta creó una ristra de heterónimos, cada uno con su nombre y personalidad propia. Me gusta esa metáfora de Nietzsche. Se complementa con lo que decía Alfonso Reyes de que "la poesía es el baile del habla".

¿Y, entonces, llamarse Maduro, a qué premonición cabe asociar? ¿Es un momento de culminación del cambur, como llaman ustedes al plátano? Ahora la sonrisa es plena, a Cadenas se le aviva el seso y despierta: "¡Hombre, dejemos ese tipo de asociaciones ingeniosas entre actividad y nombre para gente creativa!", arguye, para diagnosticar que, "el militarismo ha sido la secular tragedia de Venezuela. Y, muy peculiarmente, la influencia cubana es lo más grave que le ha ocurrido a mi país en los últimas décadas". De joven militó en el Partido Comunista, y, en cambio, hoy expresa su rotundo convencimiento de que "el marxismo es el opio del pueblo". Manifiesta también que "defiendo la democracia, precisamente porque no creo en ninguna comprensión totalizadora de la realidad, ni en lo ideológico ni en lo estético. Hoy sólo estoy convencido de que la peor democracia es mejor que una dictadura".

¡Si lo sabrá Cadenas en propia carne! Cinco meses enchironado, por izquierdoso, por la dictadura de Pérez Jiménez, y luego expulsado de su país, para pasar cuatro años de exilio en la colonia británica de la isla de Trinidad. Y, luego, como un kafkiano viraje, desde la irrupción del chavismo, mirado con ojeriza y ninguneado, por antipatriota-contrarrevolucionario del espíritu bolivariano... "El ego nacional es nefasto en cualquier parte. No sé cómo limpiar la palabra patria; porque si nos fijamos bien, toda guerra proviene del ego nacional. El régimen venezolano actual no hace otra cosa que propagar un ego nacional ficticio, a través de una retórica falsa, cargada de eufemismos que ocultan la realidad", expresa. Profesor de Literatura en la Universidad Central de Caracas, durante décadas, asevera que, en general, "la crisis de la sociedad actual proviene, en buena medida, del deterioro en el uso del lenguaje. Como bien señalaba Ezra Pound, cuando la lengua se corrompe la sociedad se va a pique".

Era lógico que, al término de su condena, a finales de los años cincuenta, le llegara la convulsión interior, cuando, justo a su retorno a Caracas, coteja aquel largo e inmerecido castigo con la caída de sus convicciones. Si en su poemario dedicado a su reclusión en Trinidad, Una isla (1958), Cadenas había detectado ya "Mi frontera con el vacío ha caído hoy", ahora se sumiría en la depresión que le motivó la palinodia del largo poema de marras, esa "Derrota" (1963) que continúa por estos derroteros:

[A mí] que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo ("Ud. es muy quedado, avíspese, despierte")

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy [...]

Apoyándose en la visita que realiza a la aledaña exposición permanente de Chirino, y reparando en el título de la más antigua escultura allí exhibida, Herramienta poética e inútil -que fue creada, por cierto, por los mismos años de su reclusión en Trinidad-, Rafael Cadenas afirma: "La poesía es esa misma paradoja; diría que la poesía es poderosa e insignificante". Agrega que "cada libro tiene que ver con alguna circunstancia", y que, por eso mismo, no puede dar una versión unánime sobre el conjunto de su obra. Eso sí: "trato de ver la realidad, y acercarme a lo confesional, pues cada vez somos menos confesionales en la vida diaria. Aunque si algo tengo claro es que un poema se nutre de sí mismo".

En Falsas maniobras, un libro inmediatamente posterior a Derrota, Cadenas publicará otro de sus emblemas, el poema Fracaso. Ahora se hace la palinodia de aquella palinodia, por cuanto afirma: "Cuanto he tomado por victoria es sólo humo. // Fracaso, lenguaje de fondo, pista de otro espacio más exigente, / difícil de entreleer es tu letra". Y, finalmente, le termina ¡dando las gracias a su fracaso!... "Gracias. Me diste la alegría de no temerte", le dice, como si, de un modo homeopático, y con una actitud ya casi mística, hubiese conseguido curarse de la depresión de Derrota asumiendo amorosamente su Fracaso. Se trata, claro, del fracaso convencional, social, que intuye quizás necesario para alcanzar la plenitud existencial. Lejos de la depresión monocorde de Derrota, en sucesivos poemarios, el poeta exalta: "Si el poema no nace, pero es real tu vida, eres su encarnación". El poeta se refugia en la desnudez juanramoniana: "Sola, insegura, apremiante / palabra, casa sin atavío". El poeta se atiene a cantar paisaje, mientras lo patea, como en esta hermosa metáfora playera: "Te extiendes, camino de arena, más suave que la memoria de un ciego". El poeta se cura del desamor, asumiendo que en su actual alcoba solitaria, "El perro que nos despertaba / pasa su hocico por mi lecho"; y que, lo que le ocurre ahora "No es magia; sencillamente nada he olvidado, a no ser que existo sin ti"?

Ante tan complejas y hasta opuestas aristas, cómo se definirá poéticamente el autor de Derrota, perdón, el autor de Amante (1988) -"Misión / del amante: arder / fuera del camino"-. Cómo definirlo, si luego de su somnolencia casi mística ("De tanto dormir con la muerte sentía mi eternidad"), se despierta diciendo que "Volví insomne al lugar de la ficción"; Y si, al volver la vista atrás, logra cantar con semejante plenitud, la Isla de su destierro, antes maldecida: "He entrado a región delgada / Y visité la tierra de luz blanda, / Comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes ?", y luego vuelve Cadenas a su magisterio del vaciado: "Vida / arrásame / borra todo, / que sólo quede / ala cáscara vacía, para no llenarla más, // limpia, limpia sin escrúpulos / y cuanto sostuviste deja caer / sin guardar más".

"Digamos que soy un místico incrédulo", dice, incluyendo la incredulidad en la propia definición. Hasta versos tiene para chafarte el requerimiento de una sola plumada: "Puesto que estás aquí, / tienes que // Aquí se camina sin preguntar" (De Intemperie -1977-). Cadenas hace que deja de hacerse el dormido, y explica: "Coincido con Jaspers cuando dice que no hay ninguna concepción del mundo verdadera, y que todo es un gran misterio. Es lógico que cuando el pensamiento reconoce sus límites, se produzca una apertura hacia lo místico. Pero yo me niego a abandonar la realidad. Mi oposición es ontológica y existencial a un tiempo. No soy optimista ni pesimista, me limito a observar, y mi única certeza es que la verdad sólo puede provenir de la adecuación del lenguaje a la realidad".

Acaso sea ese sincretismo y, sobre todo, su perfecto reverso entre realismo y metapoesía -o entre poesía y metarrealismo- con la misma naturalidad tangible con que se manipula un calcetín, la marca de la misteriosa obra de Rafael Cadenas. Y el poema "Derrota", tan sólo un viejo calcetín roído que echar al traste; aunque ya puestos, concluyamos:

[A mí] que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi

flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

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