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El comisario filósofo

La altísima calidad literaria de Ricardo Piglia a través de los relatos del investigador Croce

El comisario filósofo

El comisario filósofo

Tenemos otro comisario que añadir a la lista de los comisarios míticos de novela policiaca, ese género tan de moda y popular que casi cabría hacerlo equivalente a lo que fueron los libros de caballerías del Renacimiento. Se trata de Croce, un personaje de la novela Blanco Nocturno, un comisario rural, "un policía de provincia", argentino de querencia pampeana, baqueano (en los dos sentidos de la palabra), hombre hecho ya en los 50 y 60 del XX, intuitivo, meditabundo, exacto, imaginativo, perseguido por las sombras del peronismo, quizás un kantiano, un investigador de "inferencias hipotéticas", es decir, de pálpitos, corazonadas. Los lectores de aquella narración de Ricardo Piglia (Argentina, 1941-2017) se toparán con lugares conocidos y personajes conocidos: el almacén como centro social casi, Rosa la bibliotecaria, el agua... Pero, lo acabo de apuntar, no es el poli al uso: es un comisario que va a exigirnos lectura lenta y cuidadosa si queremos extraerle todo su valor. La docena de casos que ahora se editan ocupan menos de 200 páginas. Sin embargo, su lectura honda nos llevará más de seis horas. Léanse lentamente. Un gozo para el intelecto.

Ricardo Piglia fue profesor en EE UU, especialista en noir por razones de trabajo editorial, ensayista, novelista, relatista, ganador de premios a puñados, que vivió rodeado del aura del gran prestigio: escritor de culto, escritor para escritores, un clásico. Hay quien prefiere su dietario en tres tomos ? Los diarios de Emilio Renzi? mientras que los menos conocedores se quedan con Plata quemada, sobre todo por haberse llevado al cine. Piglia fue diagnosticado de ELA y escribió sus últimas obras mediante el Tobii, un ordenador que se controla con la mirada: siempre le obsesionó saber si el nuevo método práctico de escritura afectaría a su estilo (tan cuidadoso), lo cambiaría. Los relatos que cuentan las andanzas de Croce (no hará falta insistir en la simbología del apellido, digo yo), están basados en hechos reales, como se aclara en la Nota Final: un modo de explicar la realidad a través de lo negro. Tras el fogonazo inicial de Marx y su consideración del delincuente como sostén de la estructura social, nos vemos con unos cuentos de muy variada especie, de narradores diversos, en busca siempre de Croce que, a su vez, busca. Un croata (yugoslavo por entonces) encarcelado por error; el excelente La película, esa borrosa historia de la esposa de Perón; el encuentro de nuestro comisario con su némesis; un homenaje a Dostoievski en plan policial; un caso histórico del XIX resuelto tantos años después; el inevitable hombre desaparecido; una denunciante anónima vengadora; una conferencia de Borges en 1954 (con poco público, pues había otra del seleccionador de fútbol a la misma hora): magistral; la imagen de una Virgen y unos estafadores; un asesinato entre los jugadores de una partida de póquer; unos cuantos casos más contados al paso. Nos ocurrirá tras leerlos como a su protagonista: "Todos los casos le dejaban una moraleja". Pero moraleja siempre rebuscada, difícil de extraer, por fortuna, pues la verdad es "variable y comparativa". Y subrayaremos frases: "Comerciar hoy es igual a hacer política, estamos en la era de los grandes negociados". "La corrupción es el rostro humano del sistema, el engranaje emocional de la maquinaria abstracta del capitalismo". "Los impotentes que no alcanzaban nunca a realizar sus fantasías eran los que mataban a las mujeres. No podían decir nunca nada y vivían encerrados en el lenguaje, atados a un doble uso de la palabra". No parecen propias del género policiaco al que estamos acostumbrados. Pero oigamos al conferenciante ciego del relato citado: "Los relatos policiales son una suerte de caleidoscopio o de breve clasificación de la trama múltiple de crímenes, siempre extraordinaria y siempre repetida, que señala y define la lógica secreta del mundo en el que, resignados, vivimos". Altísima calidad.

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